El Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) de julio de 2025 mostró un crecimiento anual de 4,3%, lo que a primera vista podría interpretarse como un síntoma de recuperación sólida. Sin embargo, el debate creció porque, aunque la cifra supera ampliamente el 1,4% del mismo periodo en 2024 y acumula un 2,7% entre enero y julio, las bases del repunte siguen siendo débiles. Los sectores industria y servicios) explicaron casi todo el dinamismo, mientras que las actividades agricultura y minería retrocedieron -1,6%.

La heterogeneidad sectorial hace que el resultado se vea más como un rebote puntual que como un cambio estructural. El consumo de los hogares, impulsado por remesas récord, también ha jugado un rol central, pero la inversión privada continúa estancada.

Proyecciones de cierre de año

  • Crecimiento económico 2025: los bancos y analistas ajustaron al alza sus proyecciones, situándolas entre 2,6% y 2,8%, ligeramente superiores a lo estimado a comienzos del año.
  • Inflación: tras moderarse en 2024, repuntó en el segundo semestre de 2025, lo que llevó al Banco de la República a mantener su tasa de interés en 9,25%, limitando la capacidad de expansión del crédito y la inversión.
  • Sectores ganadores: servicios financieros, comercio, transporte, entretenimiento y administración pública, todos creciendo por encima del 6%.
  • Sectores rezagados: construcción y minería, los cuales afectan encadenamientos productivos amplios y generan un “techo bajo” al crecimiento.

El PIB cerraría 2025 con cifras moderadas, superiores a 2024, pero lejos de un despegue sostenible.

El choque entre gobierno y empresarios

Uno de los factores que debilita la confianza es la relación deteriorada entre el presidente Gustavo Petro y los gremios económicos. Tres elementos explican la tensión:

  1. Mensajes contradictorios: mientras algunos ministros llaman al diálogo con los empresarios, el propio presidente mantiene un discurso confrontacional, acusando a sectores productivos de frenar reformas.
  1. Un gabinete debilitado: los frecuentes cambios ministeriales y la falta de cohesión en la política económica generan incertidumbre. La ausencia de un “equipo económico fuerte” recuerda a los inversionistas la volatilidad política.
  1. Desacreditación internacional: la descertificación de EE.UU. en la lucha antidrogas golpeó la confianza externa, reforzando la percepción de un país con riesgos institucionales y de seguridad.
  1. La consecuencia es clara: caída en la inversión privada, menor dinamismo en infraestructura y dificultad para atraer capital extranjero.

Opiniones de gremios y analistas

  • ANDI (Bruce Mac Master): reconoce el buen dato, pero advierte que el crecimiento es “desigual y frágil”, con sectores estratégicos rezagados. Llama a una estrategia homogénea de crecimiento que impulse empleo formal y valor agregado.
  • AmCham (María Claudia Lacouture): alerta que el repunte depende demasiado de servicios y consumo, sin respaldo en la base productiva. Reclama medidas urgentes: menos trámites, infraestructura eficiente y reglas claras para inversión.
  • Scotiabank Colpatria: resalta el rol de las remesas como motor de consumo, pero advierte que esta fuente es coyuntural y no sustituye el crecimiento productivo.

Balance y preocupación: Desempleo estructural, informalidad  y las brechas de competitividad

La economía colombiana a septiembre de 2025 muestra signos de dinamismo coyuntural, pero con bases endebles. El rebote de servicios oculta el rezago de la minería, la construcción y la inversión productiva. Las tensiones políticas y el choque constante entre el Ejecutivo y los empresarios profundizan la incertidumbre.

El cierre de 2025 apunta a un PIB cercano al 2,7%, lo que técnicamente es un resultado positivo en comparación con 2023-2024, pero insuficiente para reducir el desempleo estructural y las brechas de competitividad. En ausencia de una estrategia clara y estable, el país corre el riesgo de sostener un crecimiento apoyado solo en el consumo, sin bases sólidas para el mediano plazo.

Ana Lucia Arango M