El debate sobre el Tren de Cercanías del Valle del Cauca, llevado a cabo en la Asamblea Departamental, se convirtió en un escenario revelador tanto de las fracturas internas del Pacto Histórico, como de las profundas preocupaciones sobre la factibilidad de uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos para la región: la conexión ferroviaria entre Cali y Jamundí.
En el centro de la controversia estuvieron los diputados Jonhy Acosta y Héctor Fabio Osorio, ambos del mismo partido, cuyo enfrentamiento en plena sesión evidenció no solo las diferencias personales, sino también las divergencias políticas que se expresan en torno a la gestión y el avance del proyecto. Osorio, con severos calificativos como el de “payaso”, encendió los ánimos y abrió un debate que supera el plano personal para cuestionar el rumbo del tren y la postura del gobierno departamental frente al ejecutivo nacional.
El detonante de la discordia fue la propuesta de radicar una solicitud al presidente Gustavo Petro, exigiendo la aceleración de los avales técnicos y fiscales, así como la aprobación del Conpes para firmar el convenio de factibilidad antes del 7 de noviembre. Acosta, sin embargo, cuestionó el tenor de dicha solicitud por considerar que presiona excesivamente al Gobierno Nacional, y denunció una línea política contradictoria donde se responsabiliza al Gobierno Central de los problemas de seguridad, pero se omiten sus aportes cuando hay logros, evidenciando una doble vara en el manejo político del Valle del Cauca.
Más allá de las tensiones personales, el quid del asunto es la viabilidad económica del tren. Los ascensos alarmantes en el presupuesto del proyecto han generado escepticismo: de un costo inicialmente calculado en 4 billones de pesos en 2019, el valor pasó a 10 billones en 2023 y el Departamento Nacional de Planeación (DNP) estima que la cifra supera ya los 13 billones. Este incremento de más del 225% plantea dudas sobre la sostenibilidad financiera y la capacidad tanto del gobierno nacional como de las administraciones departamental del Valle y de Cali de cofinanciar un proyecto de estas proporciones.
Y no entienden sus funcionarios, que han debido conseguir la plata para un diseño definitivo de ingeniería de detalle, solo está la prefactibilidad del 2021 y el estudio de la factibilidad del 2024. La experiencia del MIO es clara, no hicieron presupuestos con ingeniería de detalle y de un presupuesto inicial de US 345 millones, en el CONPES No 3166 del 2002 y en el CONPES No 4018 del 2018 , el costo total asciende a $2.52 billones ( US 840 millones del 2018), la nación aportó $1.76 billones y el Distrito de Cali $0.76 billones.
Para el tren de cercanías, se deben ajustar con precisión los costos. Sin ese insumo, la discusión técnica y política se vuelve complementaria a la incertidumbre financiera, generando un escenario donde la insistencia en continuar puede conllevar a sobrecostos adicionales y a la frustración de la ciudadanía, como con el MIO, que es un fracaso como sistema:
- Le ganaron las motos y los piratas
- No hay plata para su cierre financiero
- No existen presupuestados los valores para terminar obras ( Terminales de la estación, del sur e intermedia – Palacio de justicia )
Cali y el Valle del Cauca enfrentan un punto de inflexión: ¿deben persistir en un proyecto que a estas alturas se ve económicamente insostenible o replantear alternativas más realistas para conectar los 23.6 kilómetros entre Cali y Jamundí? Es imperativo que la dirigencia política, lejos de las confrontaciones personales y los intereses partidistas, acuerde una hoja de ruta que priorice la planeación técnica rigurosa y la responsabilidad fiscal.
El debate del Tren de Cercanías no solo evidencia las tensiones políticas sino una oportunidad para que el Valle y Cali definan con claridad sus prioridades de inversión y exija transparencia y compromiso real a todas las instancias de gobierno involucradas. La ciudadanía espera soluciones concretas no proyectos cuyo costo se traduzca en una carga excesiva para el orden fiscal del departamento, Cali y la nación. O no nos quedó grande el MIO?
Solo una gestión técnica y política coherente y unificada permitirá avanzar hacia un sistema de transporte eficiente y sostenible que impulse el crecimiento de Cali y el Valle del Cauca y garantice una mejor calidad de vida para sus habitantes. La tarea no es menor, y desafíos como este demandan visión de largo plazo, recordando el MIO, y mire al futuro con responsabilidad.