Colombia, con su riqueza cultural, belleza natural y hospitalidad, se ha convertido en un destino cada vez más popular para turistas de todo el mundo. Sin embargo, uno de los aspectos que empañan esta deliciosa experiencia y que requiere una reflexión profunda, es el elevado costo de algunos servicios y productos para quienes visitan el país.

En muchos casos, los turistas enfrentan precios brutalmente desproporcionados y escandalosos, en transporte, alojamiento, alimentación y actividades turísticas, situación que puede desalentar su visita o afectar negativamente su percepción del país. Este fenómeno no solo limita el acceso a experiencias enriquecedoras, sino que también puede ser interpretado como una forma de abuso, donde los intereses económicos se anteponen a la calidad y equidad del servicio.

Varias razones contribuyen a esta problemática: el control efectivo de las autoridades, la falta de regulación segura en ciertos sectores, la existencia de negocios que aprovechan el desconocimiento de los visitantes sobre los precios locales, la percepción de que los turistas -y si son extranjeros-, tienen mayor capacidad adquisitiva; además, en algunos destinos populares, la alta demanda turística, permite a los proveedores establecer tarifas elevadas a su antojo, sin considerar el impacto en la economía del viajero.

Pero y ¿qué decir del vergonzante turismo sexual en Colombia?

El turismo sexual es una modalidad que afecta a diversos países en el mundo, y Colombia no es la excepción.  El turismo sexual en Colombia se manifiesta en distintas regiones y contextos, principalmente en zonas muy turísticas y urbanas. Ciertos viajeros, tanto nacionales como extranjeros, participan en “actividades” que involucran a menores de edad (niños y niñas), mujeres y hombres en su mayoría personas vulnerables en situación de pobreza. Las ciudades como Cartagena, Medellín, Cali y Bogotá, junto con áreas rurales y destinos turísticos emergentes, han sido señaladas en informes y estudios como puntos críticos en esta problemática.

Diversos factores contribuyen al auge del turismo sexual en Colombia, la presencia de turistas nacionales y extranjeros que buscan diversión sexual con fines comerciales, hace “atractiva” la estadía y por ende el sucio tráfico erótico, al igual, otro factor es la desigualdad social de muchas personas, que las hace susceptibles a la explotación y al comercio sexual, asimismo, la presencia de proxenetas involucrados en redes de trata de personas y explotación sexual infantil.

La falta de controles efectivos y sanciones drásticas que disuadan la explotación sexual, afecta la reputación internacional del país y su industria turística, a su vez, la explotación sexual alimenta vorazmente las redes delictivas y fomenta la corrupción en algunos ámbitos institucionales. Trascendental e inminente, es el fortalecimiento de la legislación con firmeza y contundencia, sanciones ejemplarizantes, buscar la cooperación internacional para la persecución real de las redes de explotación.

Personalmente, no creo en campañas de sensibilización sin resultados contundentes, el papel puede con todo, la intervención del estado no debe ser momentánea o primicia noticiosa, el acompañamiento tiene que ser constante hasta que se vuelva fenómeno cultural. La lucha contra esta forma de explotación, es relevante para construir una sociedad más justa y así promover un turismo responsable y ético, que respete y dignifique toda persona.

Es fundamental que las autoridades y el sector privado trabajen juntos para garantizar una experiencia turística justa y accesible. Esto puede lograrse mediante la implementación de políticas de regulación de precios, atender oportunamente las diferentes denuncias, información clara para turistas sobre los costos promedio y la promoción de opciones económicas y sostenibles, avisos publicados en cada espacio turístico, en cada negocio, y en varios idiomas. La transparencia y la ética deben ser pilares en la relación entre locales y visitantes, para que Colombia siga siendo un destino atractivo, confiable y respetuoso.

En definitiva, el abuso en los elevados costos para los turistas y el vergonzante tráfico sexual, no solo afecta la percepción internacional del país, sino que también va en contra del espíritu del turismo responsable y sustentable. Es responsabilidad de todos promover un turismo equitativo, que beneficie tanto a los visitantes como a las comunidades locales, fortaleciendo así la imagen de Colombia como un destino acogedor, justo y deliciosamente atractivo.

Entonces…¿Cómo puede Colombia balancear el desarrollo turístico para beneficiar a las comunidades locales, sin caer en prácticas que promuevan el abuso de los turistas y el turismo sexual, garantizando así un crecimiento sostenible y ético en el sector?

Habrá que seguir con la lupa puesta…!

Emperatriz Giraldo S

Comunicadora y Periodista - [email protected]