El sobornar a las Autoridades Municipales mediante amenazas diversas, dinero o regalos, para conseguir, ilícitamente, evadir su control efectivo sobre lo que se construye en la ciudad, y su debido uso autorizado; o evitar sus obligatorias acciones, establecidas por la ley, cuando se incumplen las normas -pervirtiendo de paso a sus funcionarios- ha permitido trastocar a fondo a Cali, en muchos y diversos aspectos, en tanto un artefacto construido, en contra de la calidad de vida en la ciudad.
Desde echar a perder las formas de sus edificaciones o no respetar su uso permitido, o modificando groseramente la imagen de sus propiedades, lo que ha llevado al caos urbano, paisajístico y arquitectónico de la Cali actual, lo que ha repercutido negativamente en la movilidad en la ciudad, al mal comportamiento de mucha gente con sus vecinos, como lo es el ruido ajeno y al irrespeto de su privacidad, y a la falta de respeto por los otros en las calles, plazas, paseos, parques y zonas verdes.
Caos urbano que en Cali contribuye al vandalismo y a la inseguridad en los espacios urbanos de uso público, y no solo respecto a los accidentes de tránsito, sino igualmente con la delincuencia común; o que lleva a los peatones a caminar por las calzadas de las vías, debido a la precariedad de los andenes, si es que los hay, o que los conductores de toda clase de vehículos no respeten las normas de tránsito, las que además contribuyen muchas de ellas a su incumplimiento, debido a la corrupción implícita con la que se llevan cabo mediante contratos a dedo.
Tema este, el de la corrupción a todos los niveles y de muy diferentes maneras en Cali, que es fundamental explicitar para poder lograr la unión de muchos de sus ciudadanos, procurando respaldar a los mejores candidatos al Concejo Municipal y la Alcaldía, en razón de sus conocimientos y experiencias relativos al tema de las ciudades, y de esta en particular, como también a su comportamiento público y su salud mental y física; y desde luego según sus asesores en cada tema.
Que entonces muchos más ciudadanos comprendan que no hacerlo es contribuir, consciente o inconscientemente, a dicha corrupción; lo que los lleva a ser ellos también corruptos, y víctimas abiertas al populismo, la polarización y las posverdades que, como ha señalado enfáticamente Moisés Naím, son lo que amenaza a la democracia; y por supuesto, su carencia, a las ciudades en las que habitan ellos y sus familias, comprometiendo su futuro.
Y lo mismo a través de lograr unirse a un solo candidato la Presidencia de la República de Colombia, para las próximas elecciones; uno que convenza con sus propuestas respecto a la corrupción creciente en el país y sus ciudades; reduzca la abstención, y gane por cerca de la mitad de los votos y no apenas con la cuarta parte, o menos, como ha venido sucediendo en los últimos tiempos, es decir, elegidos apenas por una minoría que en buena parte les ha vendido su apoyo, o esperan una recompensa.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.

