En 1928, en el Caribe colombiano, trabajadores explotados inmisericordemente por la compañía United Fruit Company decidieron declararse en huelga para exigir mejorar sus condiciones laborales. En las grandes extensiones de plantación de banano tuvieron que soportar extenuantes jornadas laborales, una injusta remuneración, falta de higiene en dormitorios, desprotección en salud y en accidentes laborales. Los nueve puntos que solicitaron a los grandes productores de banano y a la empresa norteamericana estaban orientados a lograr dignidad. Precisamente uno de estos era el contrato laboral directo, es decir, la abolición del sistema de contratistas que realizaban la intermediación laboral.
En esa oportunidad, la respuesta del gobierno conservador del presidente Miguel Abadía Méndez y de los dueños del capital bananero fue masacrar a los trabajadores. Fueron asesinados de manera sistemática los líderes obreros que estuvieron al frente de la huelga. En uno de los pasajes de la icónica novela Cien años de soledad, el Premio Nobel Gabriel García Márquez exalta el convencimiento y la determinación de los huelguistas:
“Embriagado por la tensión, por la maravillosa profundidad del silencio y, además, convencido de que nada haría mover aquella muchedumbre pasmada por la fascinación de la muerte, José Arcadio Segundo se empinó por encima de las cabezas que tenía enfrente, y por primera vez en su vida levantó la voz. —¡Cabrones! —gritó—. Les regalamos el minuto que les falta.”
Sin duda alguna, este se constituyó en uno de los episodios más lamentables de la historia colombiana.
Ha transcurrido casi un siglo desde que se consumó la masacre de las bananeras, y en Colombia las trabajadoras y los trabajadores siguen demandando condiciones laborales dignas. Sin embargo, el mismo Partido Conservador de Abadía Méndez, ahora en cabeza de Efraín Cepeda y Nadia Blel, hizo de todo para lograr archivar la reforma laboral en el Senado de la República y prolongar de esta manera la precarización laboral. Los mismos negacionistas de los hechos ocurridos en Ciénaga son los mismos que ahora niegan la posibilidad de que se reconozca el contrato laboral directo, los recargos nocturnos, dominicales y festivos; además, para que miles de aprendices del SENA tengan un contrato de aprendizaje con carácter laboral justo.
Los huelguistas de las bananeras son uno de los muchos ejemplos de dignidad obrera en la historia colombiana. Este constituye el acumulado histórico que recogerá la Consulta Popular, en la que se preguntará al pueblo sobre la dignificación de las condiciones laborales. Mientras en el gobierno conservador de Abadía Méndez se ordenaba masacrar, en el gobierno popular de Gustavo Petro se orienta consultar al pueblo, profundizando la democracia y utilizando mecanismos constitucionales. La Consulta Popular se convierte en una posibilidad histórica para que la ciudadanía libremente decida en las urnas evitar la prolongación de la condena a otros cien años de soledad a las trabajadoras y los trabajadores de Colombia.