El alza de los aranceles por parte del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ordenada por el presidente Donald Trump, ha generado una gran reacción a nivel internacional por cuenta de los gobiernos de los países que integran el mercado capitalista global.
De acuerdo con varios analistas, dichas alzas no solo afectarán las relaciones comerciales entre los países, sino que podrán generar inestabilidad económica y social que se reflejará en la vida política e institucional de los Estados de aquellos países en donde son más frecuentes las crisis económicas, financieras y monetarias.
Ahora bien, como consecuencia del cambio de gobierno en USA, el proceso de internacionalización de la economía y de la división del trabajo ha comenzado a generar un nuevo paradigma ligado a la política nacionalista del presidente Trump dirigida a limitar el ingreso de mercancías de otros países a territorio estadounidense, so pena de tener que pagar como se dijo anteriormente, altos impuestos -aranceles-, al tiempo que se propone impulsar el comercio internacional de carácter bilateral, oponiéndose de esta manera, al multilateralismo que agendan los países de la eurozona, Japón, China, México, etc., lo cual podría llevar a USA al aislacionismo y a una especie de guerra comercial frente a los demás países; lo que sin embargo podría traer grandes beneficios a determinados monopolios norteamericanos, que desde ya empezaron a construir plantas alternas en algunos Estados de la Unión.
No sobra señalar que en medio de esta controversia por extender los dominios sobre nuevos mercados, USA aparece como el principal y mayor deudor de China, considerada como la segunda potencia económica del mundo capitalista globalizado y con la cual EE:UU, tendrá que competir en su afán de fortalecer su economía con la apropiación de nuevos mercados o manteniedo los existentes tanto en Europa como en América Latina en donde ha venido perdiendo su influencia, al tiempo que China ha logrado penetrar dichos mercados, tal como sucede con países como el Brasil, Bolivia , el Perú, e incluso Colombia, con la construcción del metro de Bogotá, realizando cuantiosas inversiones de capital como producto del desarrollo de nuevas relaciones comerciales.
Es de esperar, que al aumentarse los aranceles, las cadenas de suministros y de materias primas para la producción traígan como consecuencia un alza en los precios de los productos, bienes y servicios que seguramente se trasladarán a los consumidores norteamericanos y de otros países.
La economía norteamericana se ha venido a menos en la medida en que se presentan índices cada vez mas bajos de crecimiento, en tanto que sus clases dirigentes (gobernantes) vienen perdiendo sistemáticamente su capacidad para dirigir los asuntos del Estado y de la sociedad, proceso este que no constituye un asunto casual pero que de alguna manera aparece ligado al declive general del sistema capitalista global.
Según lo establecido en la tabla de aranceles, Colombia y otros países proveedores de mercancías con destino a USA deben pagar un arancel del 10%, con lo cual hasta el momento los productos colombianos exportables continuarán siendo competitivos en el mercado internacional, circunstancia ésta que seguramente se mantendrá en el tiempo, salvo que Colombia profundice sus elaciones comerciales a mayor escala con países como China o Venezuela, a los que el gobierno del presidente Trump les ha impuesto elevados aranceles además de sanciones que pudieran afectar las relaciones comerciales entre Colombia y el país del Norte.
Para algunos analistas, el presidente Trump le ha declarado la guerra comercial al mundo capitalista globalizado, imponiéndole un paquete de medidas arancelarias que impactarán el empleo, las cadenas de suministros y la capacidad del país del norte para competir con otros países del mundo globalizado.
No obstante, no se podrá determinar con certeza sí las medidas arancelarias tendrán un carácter permanente o transitorio o si tan solo constituyen una estrategia del presidente Trump en su afán por recuperar la economía norteamericana y mejorar las condiciones de negociación con otros países, como parece ser el propósito del jefe de la Casablanca.