Con la emoción palpable y el conteo regresivo iniciado para los Juegos Olímpicos que tendrán lugar en París 1924 en apenas cuatro meses, la atención se centra no solo en la competencia deportiva, sino también en el cambio que este evento puede provocar en la ciudad anfitriona.

Las Olimpiadas son una ocasión singular que no solo reconfigura la geografía del deporte, sino que también redefine el paisaje urbano y la percepción global de una ciudad. En este contexto, es inevitable recordar el impacto que tuvieron los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, un hito en la transformación de una urbe a través de la arquitectura, la ingeniería, el desarrollo  y los eventos.

Barcelona 1992 se convirtió en un símbolo de cómo los Juegos Olímpicos pueden ser mucho más que un evento deportivo; pueden ser una oportunidad para reinventar una ciudad. La planificación y preparación para estos juegos se convirtieron en un proyecto integral que abarcó la revitalización de la ciudad, la mejora de infraestructuras y la proyección internacional de Barcelona como un destino turístico de primer orden. La transformación fue evidente: se renovaron edificios históricos, se mejoraron las redes de transporte y se crearon nuevos espacios públicos, más los deportivos,  todo con el objetivo de dar una nueva cara a la ciudad y proyectarla como un lugar moderno y cosmopolita.

Sin embargo, el éxito de Barcelona 1992 no estuvo exento de controversia y críticas. A pesar de los beneficios evidentes en términos de desarrollo urbano y proyección internacional, también surgieron preocupaciones sobre el legado a largo plazo de los juegos. La gentrificación, el aumento de los precios de la vivienda y la exclusión social se convirtieron en temas importantes que pusieron en duda si los juegos realmente beneficiaron a todos los residentes de la ciudad. Este debate continúa hasta el día de hoy, y sirve como recordatorio de que los eventos como las Olimpiadas deben gestionarse de manera cuidadosa y equitativa para evitar efectos negativos en la comunidad local.

Ahora, mientras París se prepara para ser el escenario de los Juegos Olímpicos en 2024, surge la pregunta: ¿qué podemos esperar del impacto de este evento en la capital francesa? La diferencia entre París y Barcelona es que esta segunda en ese momento era bastante desconocida, España en los 80/90 no era ni la mitad de turística de lo que era ahora. Además, la ciudad de Barcelona tenía un gran potencial de transformación, y fueron unos juegos olímpicos caros, pero el pensamiento estructurado hizo que esas infraestructuras no cayeran en saco vacío en los siguientes años.

Sin embargo, los JJOO que precedieron a Barcelona no supieron o no pudieron replicar el mismo éxito, Atenas en 2004 no supo integrar las infraestructuras que se generaron en la ciudad y muchas se abandonaron, entre varias razones porque se construyeron en zona no urbanizable. Por otro lado, Londres 2012, fue un éxito para el turismo y el empleo previo a los juegos, pero siendo una ciudad tan conocida ya, con un margen de maniobra pequeño en el centro, no aprovechó el capital invertido en transformar la ciudad a largo plazo, y el coste fue mayor que el beneficio.

Y tras ellos, solo se ha producido desencanto, con los juegos de Río y los de Tokio, estos segundos catalogados como uno de los peores de la historia, también azotados por una pandemia mundial.

Después llegaron los juegos de Río, un país con una gran desigualdad económica y social, donde se probó corrupción de sus organizadores…

Por eso, hay muchas miradas puestas en los juegos de París, una ciudad que ya es turística, con un casco histórico muy antiguo que no puede sufrir grandes cambios y cuyo centro no puede crecer. Entonces, ¿aprovechará la ciudad estos juegos para acercar los suburbios a París? Además de urbanísticamente, estos juegos son una oportunidad para abordar los grandes problemas sociales y ambientales a los que se enfrenta la actual capital francesa.

Esperemos que en el proyecto olímpico hayan integrado las lecciones de experiencias pasadas, y se aseguren de que los beneficios de los juegos se distribuyan equitativamente entre todos los sectores de la sociedad, evitando la gentrificación y la exclusión social. Con una planificación cuidadosa y un compromiso con la equidad y la sostenibilidad, los Juegos Olímpicos de París 2024 pueden ser un hito en la evolución de la ciudad y un legado perdurable para las generaciones futuras. Es en este espíritu que París se prepara para recibir al mundo en un evento que no solo celebra el deporte, sino también la capacidad de las ciudades para reinventarse a sí mismas.

Estoy deseosa de saber que opinión se llevan de los juegos los atletas colombianos que asistan a París 2024.

Isabel Ortega Ruiz

Estudió derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona, Máster en Mediación y Resolución de conflictos en la Universidad de Barcelona, profesional del sector asegurador por 2 años, especializada en propiedad industrial, área donde ha trabajado por 4 años.