Las  muchas nuevas ciudades españolas en el Nuevo Mundo fueron trazadas en forma de damero a partir de grandes manzanas cuadradas dejando en su centro una libre destinada a su Plaza Mayor, y así obtener fácilmente un loteo equitativo para repartirlo entre los conquistadores; y en las que las siguieron se hizo lo mismo. Trazado ortogonal que en Cali – el que les quedó torcido- se extendió a sus primeros ensanches a lo largo de la margen derecha del río Cali, por eso llamado “el río de la ciudad”. Pero cuando Cali se pasó al otro lado del río la topografía no permitió seguir debidamente el trazado ortogonal de la ciudad colonial.

Luego Cali se extendió  mucho más, y tanto al norte como al sur mediante barrios con su propio diseño vial en los que primó el nuevo negocio de la propiedad privada del suelo urbanizable, a lo que se sumaron las invasiones de las faldas de la cordillera, lo que llevó al trazado parcial y arbitrario de sus vías, este a su desorden, y este a su confusión. Que es lo justamente lo que continua sucediendo cada vez más desde que la ciudad se extendió rápidamente a lo largo del siglo XX, al punto de que ya en la tercera década del XXI cuenta con cerca de tres millones de habitantes en su área metropolitana de hecho por la que muchos circulan diariamente.

El resultado es una ciudad extensa y caótica; basta con considerar que además de las calles y carreras originales, se sumaron diagonales y transversales, además muchas de ellas denominadas, norte, sur, oeste y este, lo que con la desaparición paulatina de la nomenclatura predio por predio origina tal confusión que no queda de otra que preguntar en donde quedan los sitios a los que se va por primera vez. Además, pese ha estar entre la cordillera y el río Cauca, se pretendieron hacer vías circunvalares, y por lo tanto incompletas, con el resultado de que no hay ninguna, en los dos sentidos, que cruce la ciudad de un lado al otro, y muchas cambian de dirección incluso varias veces.

Pero mientras no queden en claro las leyes y normas que regulan la propiedad privada de las edificaciones, lotes y suelos urbanizables, se oficialice el área metropolitana, y se proceda a continuación a elaborar un plan de ordenamiento del territorio, POT, a largo plazo, que defina al mismo tiempo los usos del suelo en los diferentes niveles de las edificaciones y regularice su trazado urbano, no serán posibles verdaderas soluciones a fondo, y se continuaran las “soluciones” puntuales, las que la mayoría de la veces solo aumentaran el caos urbano arquitectónico que actualmente caracteriza a Cali y colabora al mal comportamiento de sus ciudadanos.

Soluciones pertinentes que difícilmente se podrán lograr mientras esté de por medio la corrupción a todo nivel, y el desconocimiento, tanto el de los funcionarios municipales como el de los ciudadanos, relativo a las implicaciones del trazado urbano en una ciudad relativo a la movilidad en ella de manera efectiva y grata, e igualmente respecto a la seguridad en sus espacios urbanos de uso público debido a la dificultad de controlarlos eficientemente. En conclusión, ciudad, civismo, disfrute, movilidad, seguridad y trazado urbano van siempre de la mano, lo que aún a muchos les cuesta trabajo entender a cabalidad.

Benjamin Barney Caldas

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.