*Guillermo Ulloa T

Diciembre trae la más bella época del año. La celebración de la natividad, explícitamente recreada en los hermosos pesebres, maquetas de trabajo artesanal engalanando los hogares, con escenografía de la humildad de la llegada del niño Dios son de excepcional simbolismo. El buey, el burro, la cuna de paja, el establo, la imagen de felicidad de la joven madre y el padre putativo del niño bajo la elusiva estrella de Belén, de radiante luz de esperanza y fe, que guiaron a los Reyes Magos al lugar, evocan sentimiento de profundo amor.

El árbol de Navidad, bellamente decorado con guirnaldas, luces y en la punta recreando la misma estrella de Belén, forman parte de la tradición. A su alrededor se adornan con regalos navideños, que tan solo podrán ser abiertos el veinticinco del mes. La fascinación de aquel misterio de la entrega del más preciado regalo del niño Dios, quien sigilosamente lo ha colocado bajo la almohada mientras se dormía, trae alegría y encanto a la inocencia infantil.

Los villancicos y canciones de la época, las oraciones de la novena evocan aquellos lejanos recuerdos de infancia, juventud y madurez cada año. La experiencia sensorial de luces, sonidos, y decoración propia de la época no tiene edad. Sencillamente es un sentimiento universal que año tras año brinda alegría, regocijo y felicidad de reunirse en familia.

El comercio ha creado leyendas urbanas que celebramos. Los holandeses aportaron al mundo el personaje de Papa Noel, inspirado por la bondad del turco Nicolas de Bari, del siglo tercero, quien repartió su fortuna entre los niños. Los anglosajones y franceses fusionaron a Bonhomme Noel, moldeando la imagen que hoy conocemos. En 1931 Coca Cola utilizó el personaje, adornado de los colores distintivos de la marca popularizando al barbudo, gordo y cálido hombre, personificando el espíritu navideño.

La leyenda urbana lo ubica en el Polo Norte, al lado de la Señora Claus y cientos de ayudantes que preparan los regalos que serán repartidos la noche antes de Navidad, cuando viaja en su trineo halado por renos, se desliza por las chimeneas de los hogares, dejando regalos en las atractivas medias colgadas sobre el mantel de las mismas. Tradición norteamericana fundamentada en el poema de Clement Clarke Moore “Una visita de San Nicolas”.

Indistintamente de nuestras creencias, la Navidad es espíritu de amor, felicidad, fe y alegría congregando en union familias en torno a tan bella celebración.

Este año que despedimos hemos sido bendecidos con infinitas expresiones de prosperidad y fortuna. Mi hijo, Álvaro José, quien padeció crítica situación de salud hace quince meses, se ha recuperado exitosamente de su enfermedad autoinmune. Continuará con su largo tratamiento de la crónica dolencia. Seguiremos apoyando y ofreciendo nuestras plegarias a el, y a todos quienes nos colmaron de solidaridad con el inmenso tesoro de amistad.

A mis preciados lectores, siempre inspirando con sus comentarios y expresiones de bienaventuranza, extiendo un efusivo saludo navideño, colmado de alegría, bienestar y bendiciones. Que el Señor los acompañe con sus bendiciones como las recibidas por nosotros en tan difíciles momentos que nos depara la vida.

Feliz Navidad y prosperidad para el Nuevo Año

Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.