Pensar significa formar o combinar ideas, juicios y razonamientos en la mente, analizar un asunto o un problema, traer a la memoria sus antecedentes, y tener una idea o punto de vista sobre aquellos; lo que entonces permite planear la realización de una acción pertinente sobre el mismo. Pensar en las ciudades, se trata de la interpretación personal y la vivencia interna que cada uno de sus habitantes construye a partir de sus sentidos, emociones, conocimientos y experiencias a lo largo de toda su vida en ella.
Realidad, entendida como la suma de todo lo que existe de manera efectiva y real; aquello que existe de forma independiente de la mente humana, la conciencia o las percepciones individuales (como las leyes físicas, el aire, el agua, la tierra, la energía, o la ciudad como un todo). En relación con las ciudades, se trata de no dar por real algo sin necesidad de una comprobación previa y directa y evitando los preconceptos, y entonces sí opinar al respecto para poder proceder responsablemente a su necesaria su discusión.
Pensar la realidad de la ciudad de cada cual es hacerlo respecto a su historia y actualidad junto con las posibilidades objetivas de su artefacto, sus habitantes y las actividades que se llevan a cabo en ella, y al mismo tiempo un espacio de contrastes profundos, desigualdad económica, educativa y social, más retos de movilidad y de calidad del medio ambiente. Y entonces sí poder pensar seriamente en su mejor y factible futuro, el que sería un facilitador de oportunidades, cultura, recreación, educación, empleo y servicios.
Pensar el artefacto, la ciudad física, es hacerlo respecto a su planificación, urbanismo, arquitectura, paisajismo y diseño de su equipamiento y mobiliario urbano; cinco aspectos interrelacionados de distintas maneras y con diferentes intensidades. Asumir el artefacto urbano en tanto su función específica, instalaciones de servicios públicos, edificaciones (edificios, casas y otros) y espacios urbanos públicos (sistema vial, andenes, plazas, parques y zonas verdes) con alta densidad demográfica, en contraste con las áreas rurales.
Pensar en los habitantes de la ciudad es recordar su historia comunitaria, familiar y personal, y su realidad actual en tanto sus diferentes condiciones económicas, sanitarias, sociales, educativas, culturales y de bienestar; como lo es también conocer su opinión sobre su ciudad y si la consideran tal, y sobre ellos mismos. Es entender a los habitantes como el conjunto de personas que residen de forma permanente en un asentamiento urbano, la ciudad, o que acuden al mismo de manera regular a realizar diversas actividades.
Pensar en las actividades que los habitantes de la ciudad llevan a cabo en su artefacto, es clasificarlas según su propósito, requisitos y sectores del mismo, y en dónde se realizan; y de qué manera afectan cada una de ellas a los habitantes y al artefacto. Es el conjunto de acciones individuales y colectivas que realizan los habitantes de la ciudad, y su zona de influencia dentro de ella para satisfacer sus diversas necesidades básicas diarias de supervivencia (industria, construcción, comercio, servicios y trabajos informales).
La realidad de pensar la ciudad comienza por pensar en su artefacto, sus habitantes y sus actividades al mismo tiempo, para entonces sí poder proceder sensatamente a su planificación, y pensar cómo esta determina su urbanismo y este su arquitectura, paisajismo y diseño de su equipamiento y mobiliario urbano. Son técnicas acompañadas de arte, que simulan entornos físicos que superponen a la ciudad real en procura de la verdadera mejora de la calidad de vida para un número cada vez mayor de sus habitantes.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.