Ramiro Varela M – Jorge Ivan Vargas A.
Cali cuenta con estadísticas sobre seguridad, educación, movilidad, infraestructura, empleo, vivienda y finanzas públicas. El problema es que muchas se divulgan por separado, sin antecedentes ni comparaciones que permitan entender qué está pasando y por qué.
Una cifra aislada puede ofrecer una visión incompleta. Anunciar inversiones o resultados sin explicar sus costos, obligaciones y efectos sobre la vida de los habitantes impide evaluar la gestión pública.
La ciudad necesita pasar de la información institucional a la inteligencia ciudadana: contrastar fuentes, comparar administraciones, establecer responsabilidades y contar con elementos para tomar decisiones.
Seis realidades que exigen una ciudadanía informada
1. El MIO: ¿cuánto cuesta la movilidad?
En 2025, el MIO movilizó 89,3 millones de pasajeros y tuvo 623 vehículos en servicio, de un total de 853 afiliados. Estas cifras deben leerse junto con los costos de operación, los subsidios, las obligaciones con los concesionarios, la disponibilidad de buses y la calidad del servicio. Cali debe saber cuánto cuesta sostener el sistema y cuáles son sus compromisos financieros. La crisis técnica, económica y social exige decisiones de fondo.
2. Las Megaobras: más de 16 años de compromisos pendientes
El programa de 21 Megaobras, aprobado en 2008 y financiado con valorización y créditos, muestra la importancia del control ciudadano. Una evaluación publicada por Caliescribe en octubre de 2025 estimó un avance físico del 58 % y señaló que nueve proyectos seguían pendientes o parcialmente ejecutados.
¿Quién responde por las obras inconclusas? ¿En qué se invirtieron los recursos recaudados? ¿Cuánto cuesta cumplir los compromisos? Cali necesita una solución jurídica y financiera: un acuerdo de largo plazo o la liquidación de las obras que no se construyeron y la devolución de los recursos que correspondan.
3. Alumbrado público: una inversión que debe explicarse
El proyecto anunciado por Emcali el 3 de noviembre de 2026 contempla modernizar 101.037 luminarias e instalar 3.945 puntos nuevos, mediante financiación privada por $450.000 millones y un plazo de ejecución de 21 meses.
La modernización puede ser necesaria, pero deben conocerse sus condiciones: cuánto recibirá el aliado privado, cuánto pagará Emcali, quién conservará los activos y qué beneficios económicos obtendrá la empresa pública. El alcalde, la junta directiva y la gerencia deben sustentar la conveniencia financiera del proyecto.
4. Seguridad: mirar más allá del dato mensual
En septiembre de 2026 se reportaron 15 homicidios menos que en el mismo mes de 2025. Sin embargo, en los primeros nueve meses del año se registraron 90 homicidios más, un aumento del 11,9 %. Entre octubre de 2025 y septiembre de 2026, Cali contabilizó 1.155 homicidios, un incremento del 11 %.
La tasa reportada, de 37,3 homicidios por cada 100.000 habitantes, supera las referencias citadas para Bogotá (9,9) y Medellín (7). La ciudadanía necesita conocer la evolución completa del fenómeno, no solo los resultados mensuales favorables.
5. Educación: resultados que apenas avanzan
Cali obtuvo un promedio global de 259 puntos en 2025, apenas dos más que en 2024, sobre una escala de 500. Este resultado evidencia un problema de calidad y competitividad educativa. Se necesita identificar las causas y establecer correctivos que mejoren las oportunidades de acceso a la educación superior
6. Finanzas públicas: la sostenibilidad económica de Cali
La situación fiscal debe evaluarse a partir de las obligaciones, los pasivos, el déficit y la capacidad de pago. El marco fiscal de mediano plazo debe servir como base para vigilar la sostenibilidad de las cuentas públicas, pues evidencia problemas estructurales que requieren seguimiento ciudadano. La administración tiene que explicar cómo atenderá los compromisos de valorización, el MIO y otras obligaciones financieras sin reducir la capacidad futura de inversión.
Estas seis realidades demuestran que Cali necesita ciudadanos con instrumentos para investigar, comprender y exigir resultados.
Ingeniería social: organizar la inteligencia de la ciudad
La ingeniería social propone integrar información veraz, inteligencia artificial, el Buscador Urbano Inteligente de Ciudad (BUIC), conocimiento profesional, educación y organización territorial.
Estas herramientas permiten relacionar documentos, comparar períodos de gobierno e identificar tendencias. Su utilidad depende de que el conocimiento llegue a las comunas, los barrios, las universidades, las organizaciones sociales y las empresas.
El objetivo es construir una red de inteligencia ciudadana que conecte el conocimiento técnico con la experiencia de los habitantes y fortalezcan su capacidad para comprender y resolver los problemas de la ciudad.
El barrio: donde empieza la transformación
En los barrios se expresan los problemas de agua, vías, movilidad, seguridad, empleo y servicios públicos. También surgen liderazgos y experiencias comunitarias que pueden aportar soluciones.
Las Juntas de Acción Comunal, las Juntas Administradoras Locales, los ediles y las organizaciones sociales necesitan fortalecer su interlocución con las instituciones. Las huertas urbanas, los colectivos juveniles, las redes de mujeres y los procesos deportivos, ambientales y culturales muestran que existen capacidades para actuar.
La ingeniería social propone organizar esas capacidades alrededor de proyectos concretos. Cada iniciativa debe responder cinco preguntas: ¿cuál es el problema?, ¿quién debe resolverlo?, ¿con qué recursos?, ¿en qué plazo? y ¿quién verifica los resultados?
Así se pasa de la protesta a la propuesta, de la inconformidad a la organización y de la participación formal a la gestión ciudadana.
Universidades, empresarios y periodismo: aliados de la inteligencia colectiva
Las universidades e instituciones educativas pueden aportar investigación, formación e innovación; los empresarios y gremios, inversión y empleo; y el periodismo independiente, investigación y vigilancia del poder público.
La articulación de estos sectores con las organizaciones comunitarias permitirá construir una agenda compartida de ciudad, sustentada en evidencias y objetivos verificables
Cali: de espectadores a protagonistas
La participación ciudadana no empieza con una protesta. Empieza cuando las personas investigan, deliberan, formulan propuestas, vigilan los recursos públicos e intervienen en las decisiones.
Cali necesita liderazgos capaces de representar intereses colectivos, gestionar recursos, mediar conflictos y formar nuevos dirigentes. Esa legitimidad se construye con trabajo en el territorio, transparencia y cumplimiento de compromisos.
El cambio comienza en la cuadra, se fortalece en el barrio, se articula en la comuna y alcanza a toda la ciudad. La transformación de Cali requiere tres elementos: información confiable para comprender la realidad, organización para convertir el conocimiento en propuestas y acción colectiva para llevarlas a las decisiones.
Una ciudad inteligente no se define solo por la tecnología que utiliza. Es aquella cuya sociedad conoce su realidad, participa en las decisiones y moviliza sus capacidades para construir colectivamente su futuro. Ese es un fundamento para fortalecer la democracia y proyectar a Cali hacia sus 500 años.

