Los efectos devastadores del terremoto que azotó la ciudad-región el pasado 10 de agosto, nos obligan a repensar nuestro futuro. Cali y el Valle del Cauca han recibido múltiples expresiones de solidaridad, desde la ayuda humanitaria más esencial y los primeros auxilios inmediatamente después del sismo, hasta los momentos más dolorosos y tristes, en oración para despedir a sus seres queridos.
Las desgarradoras y atónitas imágenes que circulaban desde el primer momento daban cuenta de la magnitud de la pesadilla que afrontábamos como ciudadanos. Edificios residenciales, comercios y templos colapsaban ante la furia de la naturaleza.
Sin embargo, el espíritu resiliente y combativo del vallecaucano prevaleció. De forma rápida, la alcaldía y la gobernación coordinaron esfuerzos y establecieron los puestos de mando necesarios para la emergencia. La armonía fue ejemplar y evitó que el caos minara y fatigara los esfuerzos realizados.
Cuadrillas de rescatistas nacionales e internacionales acudieron al llamado. Incontables cadenas de colaboración humanitaria coordinaron sus esfuerzos en tiempo récord. El liderazgo del alcalde Eder y de la gobernadora Dilian fue fundamental en los momentos de mayor dificultad. El presidente de la Espriella, a escasas horas de su posesión, se unió a la tarea que la situación exigía junto con su recién nombrado equipo. Parecía extraordinario que, en tan pocas horas, la coordinación actuara con precisión quirúrgica.
La fortaleza ciudadana, el liderazgo y coordinación mostraban al mundo entero la integridad de un país. Se garantizaba que los esfuerzos donativos llegaran eficazmente a su destino. Finalizada la etapa de emergencia, la región vislumbraba el esfuerzo por reconstruirse a partir de las cenizas que la tragedia había dejado.
Las diferencias ideológicas que habían dividido al país semanas antes quedaron, salvo algunas excepciones, enterradas entre los escombros. La naturaleza, la misma que había causado los estragos, había unido a un país.
Precisamente, esta unión que la tragedia despertó será el elemento indispensable que permitirá la oportunidad histórica de reconstrucción de la ciudad-región, ampliada a la región del litoral Pacífico y al vecino Eje Cafetero.
Este proceso no será solo un reto de la ingeniería civil para analizar, conceptualizar y normativizar la reconstrucción, sino también la ocasión para forjar un nuevo concepto de convivencia ciudadana.
El desafío es único: retornar a principios morales esenciales como respetar y acatar la autoridad, la norma y la ley, pero, sobre todo, fomentar el amor y el respeto que la naturaleza ha despertado en todos. Haber demostrado la capacidad de amar y ser solidarios, sin importar raza, credo, etnia, ideología política o condición económica, constituye el fundamento para la reconstrucción de la ciudad, la región, el país y el ciudadano.
Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.