El ciclo político que inició en 2022 concluye sin el histórico viraje anunciado. El primer gobierno de izquierda en la historia moderna de Colombia ascendió al poder enarbolando las banderas de la equidad, la transparencia y la transformación estructural. Sin embargo, el balance final del mandato de Gustavo Petro entrega un panorama desolador: el espejismo del cambio se disolvió entre escándalos de excesiva corrupción, clientelismo renovado y una severa erosión de la confianza institucional. Lo que se vendió como una renovación ética terminó replicando, y en varios frentes agravando, las peores prácticas del pasado.

Gustavo Petro tiene su último día como presidente tras un gobierno de promesas, ruido y polémica

Llegado el epílogo de su gestión, el mandatario deja tras de sí una estela de retórica altisonante pero vacía de ejecuciones concretas. Caracterizado por un estilo populistamente polarizador, el cuatrienio estuvo dominado por el estruendo mediático, discursos confrontativos y una interminable sucesión de controversias políticas y personales. El contraste entre las elevadas expectativas sembradas en campaña y la parálisis administrativa diaria fue abismal. La gobernabilidad se evaporó mientras el Palacio de Nariño priorizó el debate ideológico por encima de la gestión técnica y efectiva del Estado.

Tuitero compulsivo, un gabinete inestable y un legado agridulce

El estilo de liderazgo de Petro minó la cohesión institucional desde adentro. Convertido en un tuitero compulsivo, el jefe de Estado pretendió gobernar a golpe de trinos en X (antes Twitter), sustituyendo la diplomacia, los acuerdos de bancada y la deliberación rigurosa por monólogos digitales a cualquier hora de la madrugada. A este caótico manejo del mensaje se sumó una preocupante e incesante rotación ministerial. El desfile constante de ministros reflejó no solo la imposibilidad de consolidar un equipo técnico de alto nivel, sino también la intolerancia a la discrepancia interna, dejando un legado institucional agridulce y marcado por la improvisación.

Reducción de la pobreza sin reducirla, reforma agraria a medias                           y fracaso de la paz total

Al evaluar sus tres grandes pilares programáticos, el rendimiento resulta indefendible. En materia social, se pretendió preconizar una «reducción de la pobreza» sin reducirla de forma real ni estructural, apelando al asistencialismo presupuestal antes que a la generación de empleo productivo. En el campo, la prometida reforma agraria se quedó en avances muy escasos o ejecutados a medias, sumida en la burocracia y lejos de la transformación rural prometida. Finalmente, el gran proyecto de la «paz total» derivó en un estrepitoso fracaso: el Estado cedió control territorial, favoreciendo una riesgosa convivencia con la delincuencia y el fortalecimiento de grupos armados ilegales. Colombia despide así un cuatrienio donde la promesa de cambio terminó convertida en un amargo eslogan marchito.

Redacción