La economía colombiana atraviesa un momento marcado por la presión inflacionaria, las tasas de interés elevadas y un ambiente político que influye directamente sobre las expectativas del mercado. A 22 de mayo de 2026, la discusión económica gira alrededor de la tasa de intervención del Banco de la República y de la capacidad de la Junta Directiva para mantener el control de la inflación en medio de un entorno fiscal complejo, tensiones entre el Gobierno Nacional y el banco central, y el inicio de la carrera hacia las elecciones presidenciales.
Actualmente, la tasa de intervención del Banco de la República se ubica en 11,25 %, luego de que la Junta decidiera mantenerla estable en la reunión de abril. En 2023, la tasa había alcanzado niveles cercanos al 13,25 %, uno de los niveles más altos en las últimas décadas. Aunque el Banco inició un ciclo de reducción durante 2024 y 2025, el repunte reciente de la inflación obligó a frenar los recortes. La decisión respondió al aumento reciente de los precios y a la necesidad de conservar la credibilidad de la política monetaria. El Banco ha insistido en que la meta oficial de inflación continúa siendo del 3 %, pero los datos muestran que el país sigue lejos de ese objetivo.
La inflación anual en Colombia llegó a 5,68 % en abril de 2026, por encima del 5,56 % registrado en marzo. La inflación básica, que excluye alimentos y regulados, se mantiene cerca del 5,8 %, una señal de que las presiones inflacionarias siguen presentes. La inflación anual de los alimentos en Colombia se ubicó en el 6,71%, superando levemente la cifra del 6,4%, mientras que el sector transporte superó el 8 % anual debido al aumento de combustibles y tarifas. Además, los servicios públicos continúan presionando el costo de vida de los hogares.
Entre los factores que explican este comportamiento se encuentran el aumento de los costos laborales, el incremento del salario mínimo del 9,5 % para 2026, el alza en los combustibles, los costos de transporte y el crecimiento del gasto público. El precio de la gasolina en Colombia aumentó más de 6.000 pesos por galón desde 2023 debido al ajuste gradual del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles. Esto impactó directamente los costos logísticos y de producción.
El Banco de la República considera que parte del problema proviene de una demanda interna que continúa elevada. Aunque el crecimiento económico perdió velocidad frente a años anteriores, el consumo de los hogares sigue siendo fuerte y el gasto fiscal mantiene presión sobre la economía. Según estimaciones de analistas y entidades financieras, el crecimiento del PIB colombiano para 2026 estaría entre 2,2 % y 2,8 %.
A esto se suma el deterioro de algunos indicadores fiscales del Gobierno Nacional. El déficit fiscal proyectado para 2026 se ubica alrededor del 6 % del PIB y la deuda pública supera el 60 % del PIB, cifras que generan preocupación entre inversionistas y calificadoras de riesgo.
La relación entre el Gobierno Petro y el Banco de la República también ha generado incertidumbre. Desde comienzos de 2026, el presidente Gustavo Petro ha cuestionado públicamente las decisiones de la Junta Directiva y ha señalado que las tasas altas frenan el crecimiento económico y afectan el empleo. Incluso, el Gobierno ha defendido nuevos aumentos salariales como mecanismo para proteger el consumo y la economía popular. Sin embargo, para buena parte de los analistas, estas medidas pueden aumentar las presiones inflacionarias y dificultar la reducción de las tasas.
Las elecciones presidenciales también empiezan a influir sobre las expectativas económicas. Los inversionistas consideran que el resultado electoral de 2026 puede modificar el rumbo fiscal y monetario del país. En períodos electorales normalmente aumenta la cautela de los mercados, especialmente cuando existen dudas sobre el manejo del gasto público, la deuda y la estabilidad de las reglas económicas. El riesgo país de Colombia también ha mostrado aumentos durante el año, reflejando mayor percepción de incertidumbre.
A reconocer que la política de “paz total” generó un crecimiento del narcotráfico, de los cultivos ilícitos y de las economías ilegales en varias regiones de Colombia. Ese aumento de recursos se refleja en el consumo urbano: centros comerciales con mayor actividad, incremento en ventas de vehículos, alta demanda en restaurantes y expansión de grandes superficies. Parte de la inflación reciente también puede relacionarse con el aumento de la demanda en territorios donde circula dinero no registrado por la economía formal. A recordar lo ocurrido tras el proceso de paz con las FARC, cuando varias zonas tuvieron una rápida circulación de recursos provenientes del auge cocalero y de nuevas rutas del narcotráfico. La paradoja económica es evidente: mientras disminuyen algunos niveles de confrontación armada, crecen economías ilegales con capacidad de influir en precios, consumo, inversión y formas de acumulación de riqueza. Y estos recursos jalonan la demanda y la inflacion
La Junta Directiva del Banco de la República enfrenta un escenario difícil. Si mantiene las tasas elevadas durante más tiempo, puede afectar el crédito, la inversión y el crecimiento económico. La cartera de consumo continúa desacelerándose y algunos sectores como la construcción y la vivienda todavía muestran debilidad. Pero si las tasas bajan demasiado rápido, existe el riesgo de que la inflación vuelva a acelerarse y se aleje aún más de la meta del 3 %. Por ahora, se proyecta que la tasa de intervención podría mantenerse cerca del nivel actual durante buena parte del año e incluso aumentar nuevamente si la inflación continúa subiendo.