La campaña presidencial colombiana de 2026 empieza a mostrar una tendencia profundamente política: Iván Cepeda mantiene el liderazgo nacional, pero alcanzaó un techo electoral difícil de romper, mientras Abelardo de la Espriella emerge como el gran receptor del voto opositor y acelera hacia un empate técnico en primera vuelta, lo que es la noticia

Las cifras de AtlasIntel de mayo 15 / 2026, reflejan un comportamiento típico de las campañas polarizadas. Cepeda se mueve desde marzo en un rango prácticamente estable: 36.8 %, luego 37.4 % y ahora 36.0 %. No hay crecimiento real. Lo que existe es una estabilización alrededor del mismo núcleo político que sostiene al gobierno de Gustavo Petro. La coincidencia entre la intención de voto de Cepeda y los niveles de aprobación presidencial sugiere que el candidato de izquierda ya habría consolidado casi todo el voto petrista disponible, pero enfrenta dificultades para ampliar su frontera hacia sectores moderados, empresariales o independientes.

Lo delicado: Cepeda evita los debates nacionales y su fórmula vicepresidencial mantiene un perfil bajo. Esa táctica protege errores y transmite una sensación de candidatura defensiva, poco expansiva y excesivamente dependiente del voto ideológico duro.

Abelardo de la Espriella muestra la curva más dinámica de la elección: 27.2 %, luego 29.4 % y ahora 31.5 %. No solo crece; crece absorbiendo claramente el electorado de derecha que antes acompañaba a Paloma Valencia. Allí parece estar ocurriendo el fenómeno decisivo de la campaña.

La caída de Paloma 22.9 %, luego 20.9 % y ahora 16 % no parece circunstancial. La controversia alrededor de su fórmula vicepresidencial debilitó su narrativa de autoridad, coherencia  y orden, mientras Abelardo empezó a posicionarse como el candidato “más viable” para derrotar a la izquierda. En elecciones altamente polarizadas, la viabilidad termina pesando más que la afinidad ideológica.

Lo previsible, desde una lectura prospectiva, es que la mayoría del voto remanente de Paloma continúe migrando hacia Abelardo. No se trata únicamente de coincidencias doctrinarias; ambos disputan el mismo nicho electoral: derecha fuerte, antipetrismo militante, oposición, sectores conservadores urbanos, críticos de Petro, del gobierno y del Pacto, más votantes emocionalmente movilizados por la seguridad y la confrontación política. En esa lógica, el crecimiento de Abelardo parece tener todavía espacio estadístico.

Adicionalmente, en el escenario vicepresidencial empieza a consolidarse una percepción política cada vez más evidente: los sectores rivales parecieran enviar el mensaje implícito de “no debatamos más” frente a José Manuel Restrepo, fórmula de Abelardo de la Espriella. La diferencia en solvencia técnica, dominio de los temas económicos y sociales, preparación académica, experiencia en administración pública y capacidad argumentativa luce ampliamente favorable a su candidatura. Cada debate profundiza ese contraste y termina convirtiéndose en un costo político para sus contendores. En campañas polarizadas, perder credibilidad y autoridad en la discusión pública significa ceder terreno electoral; y ese desgaste, inevitablemente, termina traduciéndose en votos que migran hacia quien proyecta mayor solidez y confianza para gobernar.

Si esa transferencia continúa, la primera vuelta podría evolucionar hacia un empate técnico real entre Cepeda y Abelardo, ambos alrededor del 35 % o 36 %, pronostico de Caliescribe

La gran incógnita sigue siendo el voto de centro y el voto blanco, cercano al 10 %, una cifra enorme para una elección tan polarizada. Pero incluso allí empieza a verse una tendencia probable: ese electorado no se movería masivamente hacia un solo candidato, sino que tendería a dividirse aproximadamente en tres partes similares:

  • un tercio permanecería en voto blanco o abstención emocional;
  • un tercio migraría hacia Cepeda, especialmente sectores progresistas moderados;
  • y un tercio terminaría apoyando a Abelardo como mecanismo de contención frente al continuismo petrista.

Ese comportamiento fragmentado del centro impediría que Cepeda capitalice automáticamente el desgaste de la derecha, y simultáneamente favorecería la consolidación de Abelardo como principal receptor del voto útil opositor.

Bajo esa proyección geométrica y estadística, el escenario más probable hoy parece ser:

  • Cepeda estancado cerca de su techo electoral;
  • Abelardo creciendo con pendiente sostenida;
  • Paloma entrando en fase de reducción acelerada;
  • y una segunda vuelta extremadamente cerrada, donde el rechazo al gobierno podría convertirse en un factor más determinante que las identidades ideológicas tradicionales.

La elección presidencial, entonces, ya no gira únicamente alrededor del petrismo. Empieza a girar alrededor de una pregunta más simple y políticamente poderosa: quién logra convertirse en el vehículo más creíble del voto de cambio frente al agotamiento del actual gobierno. Y si no es Abelardo quien?

Ramiro Varela Marmolejo