El acceso al alcantarillado constituye mucho más que un servicio público básico: es una condición esencial para la salud, la dignidad humana y el desarrollo social. En Cali, como en muchas ciudades latinoamericanas, el saneamiento ha estado históricamente marcado por desigualdades territoriales y sociales que hoy obligan a repensar el alcantarillado no solo como infraestructura técnica, sino como un derecho social fundamental y un eje clave para la sostenibilidad urbana y la justicia ambiental.

Desde una perspectiva de derechos humanos, el alcantarillado está íntimamente ligado al derecho al agua, a la salud y a un ambiente sano. La ausencia o precariedad de sistemas de saneamiento expone a la población a enfermedades de origen hídrico, contaminación ambiental y condiciones de vida indignas. En Cali, estas carencias han afectado de manera desproporcionada a comunidades de bajos ingresos, asentamientos informales y zonas de ladera, evidenciando que el acceso al alcantarillado sigue siendo un reflejo de la desigualdad urbana.

Reconocer el alcantarillado como derecho social implica asumir que su provisión no debe depender exclusivamente de la capacidad de pago o de la formalidad del territorio. Por el contrario, exige políticas públicas orientadas a garantizar una cobertura universal, segura y sostenible. Esto representa un reto significativo para Cali, una ciudad con crecimiento urbano acelerado, limitaciones financieras y una infraestructura diseñada para una escala poblacional distinta a la actual.

El saneamiento básico también está estrechamente vinculado a la sostenibilidad urbana. Un sistema de alcantarillado eficiente reduce la contaminación de ríos, quebradas y suelos, protege los ecosistemas y mejora la resiliencia de la ciudad frente al cambio climático. En este sentido, el futuro del alcantarillado caleño debe alinearse con modelos de desarrollo sostenible que integren innovación tecnológica, planificación territorial responsable y soluciones basadas en la naturaleza.

La justicia ambiental es otro componente central de esta reflexión. Las comunidades que históricamente han carecido de alcantarillado adecuado suelen ser las mismas que enfrentan mayores riesgos ambientales, como inundaciones, contaminación hídrica y degradación del entorno. Garantizar un acceso equitativo al saneamiento implica corregir estas injusticias, priorizando inversiones en los territorios más vulnerables y promoviendo una distribución justa de los beneficios ambientales.

Mirando hacia el futuro, Cali enfrenta el desafío de transformar su enfoque sobre el alcantarillado. Esto requiere fortalecer la gestión institucional, asegurar inversiones públicas sostenidas y fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones. Asimismo, es necesario avanzar hacia sistemas más inteligentes, resilientes y sostenibles que respondan a las dinámicas del cambio climático y al crecimiento urbano.

Concebir el alcantarillado como un derecho social plantea una visión ética y política del saneamiento urbano. Para Cali, este enfoque representa una oportunidad para construir una ciudad más equitativa, saludable y ambientalmente justa. El reto no es únicamente técnico, sino profundamente social: garantizar que el acceso al saneamiento sea un pilar del bienestar colectivo y un compromiso con el futuro de la ciudad.

Ana Lucia Arango M