En los últimos años, Cali ha transformado la relación entre la educación formal y el sector cultural. Lo que antes se limitaba a actos cívicos o celebraciones de fechas patrias, hoy se ha convertido en un ecosistema donde los Centros Educativos (tanto oficiales como privados) se integran con los programas de la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Educación para fortalecer el tejido social.
La participación de los colegios en programas municipales no es un hecho aislado, sino que responde a una ruta técnica diseñada para vincular el talento estudiantil con la oferta pública. El mecanismo principal es el Plan Municipal de Lectura, Escritura y Oralidad (LEO) y los programas de formación artística del Instituto Popular de Cultura (IPC).
La dinámica opera bajo tres ejes:
- Talleres en Sitio: Artistas y gestores culturales se desplazan a las Instituciones Educativas Oficiales (IEO) para impartir clases de danza, música, teatro y artes plásticas.
- Uso de la Red de Bibliotecas Públicas: Las 58 bibliotecas de Cali actúan como extensiones pedagógicas de los centros educativos.
- Convocatorias de Estímulos: Se abren espacios para que los proyectos culturales propios de los colegios reciban financiación o acompañamiento técnico.
Durante los últimos dos años, la agenda se ha centrado en la descentralización. Ya no solo se trata del centro de la ciudad, sino de llevar la oferta a comunas y corregimientos donde el acceso al arte era limitado.
- El Fenómeno del Festival Petronio Álvarez en las Escuelas: En el último bienio, la estrategia “Petronio en las Escuelas” ha permitido que los centros educativos de la Comuna 13, 14, 15 y 21 reciban a portadores de tradición. Los estudiantes no solo escuchan música de marimba, sino que aprenden sobre la gastronomía y la cosmogonía del Pacífico, integrando estas lecciones en materias como Ciencias Sociales e Historia.
- Cali a Distinto Ritmo: Este programa ha vinculado a más de 40 colegios en circuitos de formación en salsa y danza urbana. En 2024, se observó un incremento en la participación de jóvenes de zonas rurales (como Felidia y Los Andes), quienes se integraron a los desfiles y festivales locales, rompiendo la brecha entre el campo y la ciudad.
- Bibliotecas Vivas: La reactivación de las bibliotecas escolares mediante el programa de “Promotores de Lectura” ha impactado a más de 15,000 estudiantes. El enfoque ha sido la creación de contenidos digitales y podcasts, donde los alumnos narran las historias de sus barrios.
Para que un centro educativo se vincule a los programas municipales, debe seguir un proceso administrativo transparente. No se requiere de intermediarios políticos, sino de una gestión institucional directa.
Identificación de la necesidad: El rector o el consejo académico debe definir si el apoyo requerido es para formación (talleristas), dotación (libros o instrumentos) o circulación (espacios para presentaciones).
Secretaría de Cultura: Se debe radicar una carta dirigida al despacho de la Secretaría de Cultura o a la Subsecretaría de Artes, detallando el proyecto y la población estudiantil beneficiada.
Ventanilla Única: La Alcaldía de Cali cuenta con una plataforma de atención al ciudadano donde se pueden inscribir las solicitudes para el uso de la Red de Bibliotecas Públicas.
Participación en el Portafolio de Estímulos: Anualmente, la Alcaldía publica la convocatoria del Estímulo a la Formación Artística. Los centros educativos, a través de sus docentes o asociaciones de padres, pueden presentar proyectos para obtener recursos específicos.
Alianza con el IPC: El Instituto Popular de Cultura ofrece convenios específicos para que sus egresados y docentes realicen prácticas y programas de extensión en los colegios de la ciudad.
El principal desafío identificado en estos dos últimos años es la continuidad. A menudo, los programas dependen de los ciclos de contratación pública. Sin embargo, los centros educativos que han tenido éxito son aquellos que han logrado incluir el componente cultural dentro de su PEI (Proyecto Educativo Institucional).
Al formalizar la cultura dentro del currículo, el colegio deja de esperar una “ayuda” externa y se convierte en un socio estratégico de la ciudad. Cali ha demostrado que, cuando un estudiante empuña un instrumento o escribe un relato sobre su entorno, los índices de violencia escolar disminuyen y el sentido de pertenencia aumenta.
La cultura en Cali no es un accesorio; es el eje que permite que la educación sea realmente integral. Las herramientas están disponibles; la clave está en que directivos y padres de familia tomen la iniciativa de tocar las puertas de la administración municipal.