En el corazón de las comunas de Cali, donde el calor del mediodía se mezcla con el bullicio de los recreos, una nueva figura está transformando el ambiente escolar. No llevan tiza ni tableros, sino chalecos distintivos y un botiquín de herramientas emocionales. Se trata de las Brigadas Escolares de Salud y Convivencia, una estrategia que ha dejado de ser un simple requisito legal para convertirse en el motor de protección de los colegios oficiales de la ciudad.
El modelo de brigadas en Cali opera bajo una lógica de corresponsabilidad. No se limita a un grupo de estudiantes vigilando pasillos; es una estructura organizada dentro de la Gestión del Riesgo y los Proyectos Pedagógicos Transversales.
El programa se establece mediante la articulación entre la Secretaría de Educación Municipal y las directivas de cada Institución Educativa Oficial (IEO). El proceso sigue estos pasos:
- Conformación: Se eligen estudiantes líderes de diferentes grados, docentes y padres de familia.
- Capacitación: Los integrantes reciben formación técnica de organismos como la Cruz Roja, los Bomberos y la Secretaría de Salud.
- Áreas de Acción: Se dividen en subgrupos especializados:
- Primeros Auxilios: Atención básica y activación de rutas médicas.
- Convivencia y Paz: Mediación de conflictos y prevención de bullying.
- Salud Mental: Identificación de señales de alerta (depresión o ansiedad) para remitir a los orientadores escolares.
En los últimos dos años, Cali ha servido como laboratorio social para estas iniciativas. Tras el regreso total a la presencialidad, los desafíos de salud mental y violencia escolar se dispararon, obligando a las brigadas a evolucionar.
- El Modelo de Justicia Escolar Restaurativa: En instituciones de sectores como Aguablanca y Siloé, las brigadas de convivencia han implementado “Círculos de Paz”. En lugar de castigos punitivos, los brigadistas facilitan diálogos entre estudiantes en conflicto. Los datos de la Secretaría de Educación sugieren que en los colegios donde estas brigadas están activas, los reportes de riñas físicas han disminuido considerablemente.
- Enfoque en Salud Mental: Durante 2024, se fortaleció la estrategia “Entornos Protectores”. Los brigadistas fueron capacitados para detectar riesgos de consumo de sustancias y conductas autolesivas. En instituciones como la IEO Inem Jorge Isaacs, la participación estudiantil en estas brigadas ha permitido que los jóvenes confíen más en sus pares que en las autoridades tradicionales, acelerando la intervención profesional.
- Simulacros y Prevención Física: La vulnerabilidad sísmica de Cali ha mantenido activas las brigadas de emergencia. En el último año, se realizaron ejercicios de evacuación masiva liderados exclusivamente por estudiantes, demostrando una capacidad de respuesta organizada frente a desastres natural
Si usted es padre de familia, estudiante o docente y siente que su institución carece de este apoyo o necesita intervención urgente, el camino a seguir es el siguiente:
- Ruta Interna: El primer paso es acudir al Comité de Convivencia Escolar de la institución. Por ley (Ley 1620 de 2013), cada colegio debe tener este espacio activo para gestionar situaciones de riesgo.
- Secretaría de Educación: Si la respuesta interna es insuficiente, se puede radicar una solicitud formal ante la Subsecretaría de Calidad Educativa de Cali. Ellos disponen de equipos móviles que visitan las instituciones para fortalecer las brigadas.
- Líneas de Emergencia: Para casos críticos de salud mental o violencia inminente, Cali cuenta con la Línea 106 (Telesalud mental), que trabaja en conjunto con las instituciones educativas para brindar primeros auxilios psicológicos.
Las brigadas no son solo para emergencias médicas; son la primera línea de defensa contra la apatía y la violencia. En una ciudad que busca sanar sus tejidos sociales, estos jóvenes brigadistas representan la estructura de una sociedad más preventiva y menos reactiva