Como la define el Diccionario de la Lengua Española, DLE, la palabra es una unidad lingüística, dotada generalmente de significado; pero si bien los sinónimos son útiles para la poesía y la literatura, confunden en los textos técnicos y científicos. Amor es cariño, querer, pasión, adoración; afecto, aprecio, estima, apego, afición, predilección, estimación; ternura; o un ser amado. Pero urbanismo no es arquitectura, y esta no es construcción, sino que la incluye; y paisajismo, respecto a la ciudad, es el estudio y diseño de jardines, parques, y zonas verdes, y no un género pictórico. Y ciencia debería limitarse a los conocimientos sistemáticamente estructurados de los que se deducen principios y leyes comprobables experimentalmente, y no en el sentido de saber o erudición.

         La palabra en español con más significados es “pasar”, con 64 acepciones registradas por la RAE, cubriendo acciones físicas, cambios, tiempo y otros más. Con acepciones simples y complejas, modismos, está “mano” que tiene más de 370 significados; “pasar” con múltiples usos, como “cruzar”, “suceder”, “entregar” o “aprobar” mientras que palabras como “pene” tienen cientos de sinónimos populares. La palabra “cero” tiene cero sinónimos pero “infinito” desde luego tiene muchos, y palabras básicas y funcionales como “y” (conjunción) “el/la” (artículos) “un/una” (artículos indefinidos) “a/de/en” (preposiciones) o “ser/estar” (verbos auxiliares) tienen muy pocos sinónimos directos. Y “serendipia” es un hallazgo valioso por casualidad, origen o rareza.

El español tiene más de 93.000 palabras según el diccionario principal de la RAE, pero esta cifra aumenta a más de 150.000 si se incluyen americanismos y términos del Diccionario Histórico, aunque el número exacto es imposible de precisar porque el idioma está en constante evolución, incorporando nuevas palabras y dejando otras en desuso, o circunscritas a ciertos países. Pese a que el árabe es considerado el idioma con más palabras, con estimaciones de más de 12 millones, debido a su gran expansión geográfica y al desarrollo de numerosos dialectos, el inglés es citado frecuentemente como el idioma con más palabras, con un estimado de 750.000 en diccionarios y con un vocabulario en constante crecimiento, el que además se incorpora en otros idiomas. 

         En AZ las palabras de la arquitectura, 2012, de B B-C, hay cerca de 600 palabras, incluyendo muchas árabes, introducidas durante Al-Ándalus, que designan elementos o definen espacios, estructuras y ornamentos, desde la vivienda hasta la mezquita, enriqueciendo el vocabulario arquitectónico español y global. El libro está organizado en dos partes; en la primera por temas: proceso, emplazamiento, función, construcción y forma, completando la triada de Vitruvio (firmitas, utilitas, venustas) en De architectura, escrito pocos años antes de la Era Común; y después va un glosario en orden alfabético recopilado a partir de varios diccionarios al respecto, y confrontado con el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero algunas todavía no están en el DLE

Considerando que la arquitectura es tanto un arte como una técnica, los sinónimos sin duda sirven para describirla una vez construida mas no para proyectarla, y menos aún para construirla, etapa en la que son precisos términos exactos para su correcta realización. Una cosa es resaltar su belleza, ingenio estructural o tamaño, y capacidad para inspirar o cambiar la vida, describiendo las edificaciones como obras de arte, símbolos de libertad, o máquinas de felicidad como dijo Le Corbusier; otra muy diferente es una escueta memoria en que la que se precisan los propósitos básicos para un proyecto, justo antes de proceder a desarrollarlo dibujándolo; y otra aún más distinta son las especificaciones para una construcción, o su bitácora cotidiana.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.