En Cali, los convenios municipales para prácticas con institutos técnicos se han consolidado como un mecanismo para vincular la formación técnica con puestos de trabajo y con espacios de aprendizaje en la administración pública y en empresas aliadas. Estos acuerdos se formalizan mediante convenios de cooperación que definen responsabilidades, tiempos, perfiles y condiciones de las prácticas, y permiten que los estudiantes cumplan requisitos formativos en entornos laborales con supervisión.

La elaboración de un convenio parte de la identificación de necesidades. El instituto técnico propone perfiles y cargas horarias, mientras que la entidad pública —como una secretaría municipal o una dependencia de la Alcaldía— evalúa la pertinencia y define las tareas asignadas al practicante. Luego se firma el convenio, que suele incluir disposiciones sobre seguro, supervisión, evaluación y duración. En muchos casos, los centros de formación cuentan con oficinas de prácticas que gestionan la documentación y articulan el proceso con las áreas receptoras.

Un convenio típico incluye el objetivo del acuerdo, las actividades a desarrollar por el practicante, la duración y el horario, los responsables del seguimiento, las condiciones de seguridad y confidencialidad, y el mecanismo de evaluación. Cuando la práctica se realiza en una entidad pública, también se define la dependencia encargada de recibir y acompañar al estudiante. Estos elementos buscan proteger al practicante y asegurar que la experiencia aporte competencias laborales concretas.

Durante 2023, 2024 y 2025, la Alcaldía de Cali y otras entidades locales han publicado convocatorias y firmado convenios para recibir estudiantes en prácticas, tanto en áreas administrativas como técnicas y sociales. Se han habilitado cupos en diferentes dependencias municipales, con procesos de inscripción definidos y acompañamiento institucional. De forma paralela, universidades e institutos técnicos han renovado y ampliado convenios con la administración local para fortalecer la formación práctica de sus estudiantes.

Las prácticas han facilitado el primer contacto de muchos jóvenes con el mundo laboral y han aportado apoyo operativo a proyectos institucionales. No obstante, persisten retos relacionados con la articulación entre el currículo técnico y las tareas asignadas, la calidad de la supervisión y la estandarización de los procesos de seguimiento y certificación. También se observa una capacidad desigual entre dependencias para recibir y acompañar practicantes.

El primer paso es acudir a la oficina de prácticas del instituto técnico para conocer los convenios vigentes y los requisitos de postulación. También es clave revisar las convocatorias públicas que publica la Alcaldía de Cali en sus canales oficiales. El estudiante debe preparar la documentación básica —hoja de vida, certificados académicos, carta de presentación y aval del instituto— y validar su plan de prácticas con el tutor académico.

Cuando existe un convenio activo, es posible solicitar el contacto del responsable en la dependencia receptora para coordinar perfiles y fechas. Si surgen barreras en el proceso, las oficinas de prácticas o bienestar estudiantil suelen brindar apoyo en la elaboración de documentos y en la gestión con la entidad pública.

Durante la práctica, es importante documentar las actividades realizadas, solicitar evaluaciones formales y gestionar un certificado al finalizar. Para las instituciones y la administración, resulta clave fortalecer el seguimiento, unificar criterios de evaluación y mejorar la difusión de las convocatorias. Con una mejor articulación entre formación, supervisión y necesidades reales, las prácticas pueden convertirse en una vía efectiva de inserción laboral y no solo en un requisito académico.

Nubela Meneses