El Programa de Alimentación Escolar (PAE) se ha consolidado en Cali como uno de los pilares de la política pública educativa, al garantizar un complemento alimentario diario a miles de estudiantes de instituciones oficiales. Su propósito central es mejorar la permanencia escolar, apoyar el aprendizaje y reducir brechas sociales en una ciudad marcada por profundas desigualdades territoriales.

En los últimos dos años, el PAE en Cali ha tenido avances y ajustes importantes. Tras los cuestionamientos históricos por fallas en la contratación y la calidad del servicio, la administración distrital reforzó los mecanismos de supervisión, incorporó mayor control sobre los operadores y ajustó los menús a lineamientos nutricionales más estrictos. Esto ha permitido una cobertura más estable y una reducción de interrupciones prolongadas del servicio durante el calendario escolar.

Durante 2024 y 2025, el programa ha priorizado instituciones con jornada única y sedes ubicadas en comunas con mayores índices de vulnerabilidad social. En estas zonas, el PAE no solo cumple una función nutricional, sino que se convierte en un factor determinante para que niños y adolescentes asistan regularmente a clases. Para muchas familias, la ración alimentaria escolar representa un alivio económico y una garantía mínima de seguridad alimentaria.

Uno de los cambios relevantes ha sido el fortalecimiento del seguimiento en campo. Rectores, docentes y comités escolares han tenido un papel más activo en la verificación de la calidad, cantidad y oportunidad de los alimentos entregados. Asimismo, se ha promovido la compra de productos locales, lo que busca dinamizar economías regionales y reducir tiempos de distribución.

Sin embargo, el programa aún enfrenta retos. Persisten dificultades logísticas en algunas sedes educativas, especialmente en zonas rurales y de ladera, donde el transporte y la infraestructura limitan la entrega oportuna de alimentos preparados en sitio. También se presentan inconformidades puntuales por la aceptación de los menús por parte de los estudiantes, un aspecto que obliga a equilibrar criterios nutricionales con hábitos culturales.

El acceso al PAE no requiere una solicitud individual por parte de los padres. El programa se asigna de manera automática a los estudiantes matriculados en instituciones educativas oficiales priorizadas. No obstante, cuando se presentan fallas en la prestación del servicio, las familias pueden acudir a los canales institucionales del Distrito, informar a la rectoría del colegio y, de ser necesario, elevar la queja ante la Secretaría de Educación.

La participación ciudadana ha ganado relevancia en el control del PAE. Veedurías, consejos de padres y organizaciones sociales han contribuido a visibilizar problemas y exigir correctivos. Este control social ha sido clave para mejorar la transparencia del programa y fortalecer la confianza en su ejecución.

En el contexto de Cali, el PAE sigue siendo más que un complemento alimentario. Es una herramienta que incide directamente en la equidad educativa y en el bienestar infantil. Su impacto no se mide solo en raciones entregadas, sino en la posibilidad de que miles de estudiantes permanezcan en el sistema educativo en mejores condiciones.

El desafío hacia adelante es consolidar un programa continuo, eficiente y con mayor participación comunitaria. Mantener el PAE funcionando desde el primer día de clases, con calidad y cobertura suficiente, es una condición básica para avanzar en una educación pública más justa y sostenible en la ciudad.

Ana Lucia Arango M