La mayoría de los países que integran la Asamblea General de las Naciones Unidas están de acuerdo con la manera de poner fin al conflicto bélico que tiene lugar en la franja de Gaza y de alguna manera, también lo quiere el mundo occidental que clama porque cese la agresión del Estado de Israel contra el pueblo Palestino.
Sin embargo, el plan del presidente Trump para Gaza ha generado en el ámbito internacional toda clase de dudas y de riesgos en cuanto al logro de una paz estable y duradera entre Israel y Hamas y en lo concerniente a los verdaderos propósitos del plan de renovación y reconstrucción de dicho territorio bajo la dirección del presidente Trump con el acompañamiento de los líderes de Turquía, Egipto, Arabia Saudita, Qatar, Indonesia y Paquistán.
El citado plan de 20 puntos, acordado inicialmente con los líderes de dichos países, cuenta en la actualidad con la aceptación del gobierno de Israel y de algunos países de Europa como Francia, España, Italia, Reino Unido además de China y Rusia, no obstante, que fuera acordado al margen del grupo islámico de Hamas, que de aceptarse debe dejar en libertad en el plazo de 72 horas a los rehenes que tiene en su poder y devolver los cuerpos de los fallecidos durante el cautiverio, en tanto que el gobierno de Israel debe dejar en libertad a 250 prisioneros de Hamas y 1.700 gazatíes detenidos por Israel, a la vez que el Estado de Israel suspenderá sus operaciones militares y retrocederá a la línea acordada en el plan. Por su parte, el grupo de Hamas renunciaría a la lucha armada y entregaría sus armas. Entretanto, se prevé que Gaza pasará a ser gobernada por un comité palestino tecnócrata y apolítico, apoyado por expertos y supervigilado por una junta de paz presidida por el presidente Trump, en la que tendrá un papel clave Tonny Blair, ex primer ministro de Gran Bretaña.
En uno de los puntos del plan se establece una fuerza internacional de estabilización temporal que ocupará a Gaza, en tanto que las fuerzas de Israel se retirarán en la medida en que avance el proceso de desmilitarización a partir de la suscripción de un acuerdo entre Israel, EE.UU., y los garantes árabes. Netanyahu no acepta bajo ninguna circunstancia la posibilidad de que se cree en Gaza un Estado palestino, a pesar de que en el plan se hace relación a este tema en condiciones muy remotas en el tiempo.
La posibilidad de que este plan se convierta en realidad dependerá en fin de cuentas de que se creen las condiciones concretas y objetivas para su realización para lo cual será necesario que tanto el pueblo palestino como judío estén dispuestos a lograr la paz y poder superar las contradicciones y conflictos que de alguna manera las clases dirigentes han estimulado durante todo el tiempo, con fines particulares y deshumanizantes que han hecho de esta atroz y genocida guerra un medio para la defensa de sus intereses mezquinos y egoístas.
A última hora del viernes 3 de octubre se conoció que el grupo islámico de Hamas no solo entregará a los rehenes en cautiverio sino también la administración de la franja de Gaza a un cuerpo palestino de independientes. Así mismo está dispuesto a “entrar a negociar a través de mediadores, los detalles del plan de los 20 puntos”. De llevarse a cabo dicha negociación, se abrirán las puertas para avanzar en el camino hacia la paz y la solución de este conflicto que se ha convertido en una verdadera tragedia para el pueblo palestino, judío, gran parte del oriente medio y de la humanidad en general.
ADENDA: Sí bien es cierto que la organización de las Naciones Unidas ONU se ha convertido en un ente burocrático y tecnocrático, no compartimos la idea de algunos sectores políticos y sociales que abogan por su liquidación. Dicha organización debe ser objeto de una profunda transformación acorde con los intereses y necesidades del mundo contemporáneo, que en la actualidad demandan de soluciones reales a sus problemas no solo en relación con las distintas guerras étnicas, religiosas y de otra índole, sino respecto de aquellos problemas globales atinentes a las migraciones, el combate a las epidemias, las hambrunas, el cambio climático, los problemas relacionados a la aplicación de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, etc. Para ello será indispensable adelantar por la asamblea varios cambios estructurales y funcionales que permitan democratizar sus órganos e instituciones con el fin de convertirlos en instrumentos accesibles y efectivos para todos los países del planeta
