En el diagnóstico elaborado por la Alcaldía de Cali (2025) como parte del proceso de revisión y ajuste del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), se reconoce una de las venas abiertas de la ciudad: Cali es una ciudad profundamente segregada y excluyente. El informe concluye que en las comunas del oriente y de la ladera se intensifican las condiciones de discriminación, marginalidad y exclusión social. La información socioeconómica registrada evidencia que “la población en condición de pobreza multidimensional se localiza principalmente en el oriente de la ciudad, la ladera y en algunas zonas del centro y norte de Cali, específicamente en las comunas 20, 15 y 14” (Alcaldía de Cali, 2025, p. 105).

No obstante, como es habitual en este tipo de instrumentos de planeación, se recurre a una supuesta neutralidad técnica que impide una interpretación crítica de esta cruda realidad. El diagnóstico omite antecedentes históricos, culturales, sociales, económicos y políticos fundamentales para entender la configuración actual de la ciudad. En efecto, lo que se reproduce es una herencia colonial de casi cinco siglos. Estudios historiográficos han demostrado que desde los inicios del crecimiento urbano en la época colonial, las familias hacendadas se asentaron en grandes casas en el sector de El Empedrado, mientras que la población pobre fue confinada a zonas como El Bayano, lo que hoy corresponde a las inmediaciones del barrio San Nicolás.

Esta lectura institucional, además de ser ahistórica, resulta acrítica, ya que no establece contrastes entre las condiciones de vida de los habitantes de las comunas segregadas y el resto de la ciudad. De esta manera, se dificulta la comprensión de las causas estructurales de una fractura social que se manifiesta territorialmente. Es imprescindible que en la sofisticada “álgebra de mapas” utilizada por la Alcaldía como metodología para construir el diagnóstico, se integren, entre otros, la concentración de la población perteneciente a clases sociales altas. Al hacerlo, resulta evidente que las comunas 22 y 2, ubicadas específicamente en el sur y el oeste de Cali, concentran a los sectores de mayores ingresos (Ver mapa del DANE). Al cruzar este dato con uno de los factores indispensables para un hábitat digno, se observa que estas comunas registran el mayor acceso a Espacio Público Efectivo (EPE) por habitante, de acuerdo con el mismo diagnóstico oficial. Por lo tanto, no basta con señalar dónde sobrevive la población pobre; es igualmente necesario preguntarse: ¿por qué la institucionalidad ha logrado consolidar  condiciones de vida digna para la población más rica en esas zonas específicas de la ciudad?

Aunque el diagnóstico afirma en sus conclusiones generales haber realizado una lectura crítica de los conflictos territoriales de la ciudad, en realidad se limita a una descripción de problemáticas agrupadas en tres ejes temáticos definidos por la normativa vigente sobre ordenamiento territorial. Se trata, sin duda, de un insumo insuficiente si el objetivo es transformar de manera profunda las condiciones de segregación y exclusión que atraviesan a Cali. Por ello, es fundamental profundizar en las causas estructurales, y no quedarse únicamente en las consecuencias evidentes. Es urgente identificar las dinámicas de poder que han configurado el territorio, los intereses que las sostienen y los obstáculos que impiden una transformación real de la ciudad. No resulta casual que el propio alcalde Alejandro Eder Garcés se haya visto obligado a declararse impedido frente al POT, debido a sus conflictos de interés. Este hecho no solo pone en evidencia la penetración de intereses particulares en la planeación urbana, sino que confirma que son esas mismas fuerzas las que siguen moldeando el futuro de la ciudad.

En consecuencia, para construir una visión crítica que permita transformar la planificación territorial desde una perspectiva de justicia ambiental, social y económica, es necesario contrastar los dos extremos del tejido urbano de Cali: la precariedad impuesta y el privilegio consolidado. De lo contrario, se seguirá fortaleciendo la existencia de dos ciudades separadas de facto, como si una muralla invisible recorriera la Autopista Simón Bolívar y la Avenida Circunvalar, marcando una frontera simbólica entre la Cali que resiste y la Cali que disfruta de los privilegios.

*Exconcejal de Cali 

Alcaldía de Cali (2025), Síntesis diagnóstica, revisión y ajuste del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

https://www.cali.gov.co/planeacion/publicaciones/52108/documento-plan-de-ordenamiento-territorial/

Sergio Mauricio Zamora