Con ocasión de la Cumbre de los BRICS que se realizó en Río de Janeiro (Brasil), han salido a relucir algunas de las contradicciones y conflictos que afronta el mundo capitalista globalizado a partir de las afirmaciones del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Donald Trump, quien califica al grupo de los BRICS como antiestadounidenses y ha tomado la decisión de imponerles un arancel adicional del 10% a los países que estén alineados con los BRICS. El presidente Lula del Brasil respondió que: “no queremos un emperador en tanto somos países soberanos”.

Las nuevas amenazas del presidente Trump generaron reacciones divergentes tal como sucedió con países como China y Rusia que llaman a la moderación, a la vez que otros como Brasil, advierten que también los BRICS pueden aplicar aranceles como un acto de reciprocidad.

En la actualidad los BRICS representan casi la mitad de la población mundial y contribuyen con el 40% del PIB de planeta. Circunstancia esta que cobra especial importancia en relación con el flujo del comercio internacional y sus efectos en los mercados de venta de los productos, bienes y servicios que consume la población en general.

No sobre recordar que durante el primer mandato del presidente Trump, este renunció al tratado Trans Pacífico TPP -por sus siglas en inglés-, al tiempo que presionaba a los gobiernos con los cuales tenía negocios para suscribir una serie de tratados de libre comercio que en general solo beneficiaban a los Estados Unidos.

La lucha competitiva que se libra en el mercado entre las grandes economías asociadas en monopolios y las pequeñas y medianas economías capitalistas e incluso grandes economías no monopolistas, no solo le imprimieron un carácter destructivo a la economía, sino que entorpecieron el desarrollo económico de los países menos desarrollados, inclusive utilizando para ello cualquier medio a su alcance y empujando a los Estados a las guerras comerciales por el dominio de los mercados, de los recursos naturales y áreas de inversión de capitales.

Los países capitalistas desarrollados como USA, Japón, Francia, Alemania, etc., que aparecen como abanderados del libre comercio y de la apertura económica, aplican medidas proteccionistas al interior de sus territorios, creando trabas al libre comercio de mercancías provenientes de los países en desarrollo consistentes en ejercer controles en materia sanitaria y el establecimiento de una serie de procedimientos engorrosos para el ingreso de los bienes importados de dichos mercados. Basta con recordar la denominada ley Helms-Burton, mediante la cual se le prohibió a empresas de cualquier país que realizaban negocios con USA, establecer relaciones comerciales con la república de Cuba, al igual que con otros países como Irán, Libia, etc., circunstancia esta que siempre se ha cumplido durante el gobierno de Donald Trump.

En la actualidad el inquilino de la casa Blanca apoyándose en su slogan “Primero América” decidió adoptar nuevas medidas de carácter proteccionista, imponiéndole a los países con los cuales mantiene intercambios comerciales, altos aranceles a los productos, bienes y servicios que ingresan al mercado Norteamericano, al tiempo que abre las puertas para adelantar negocios con otros países, circunstancia esta que en el fondo tiende a favorecer a los monopolios nacionales de la competencia comercial a nivel internacional, lo que puede suscitar en el inmediato futuro represalias de los gobiernos de otros países contra USA, partidarios de la liberación total de las relaciones comerciales.

En algunos países emergentes como Colombia, el manejo de las relaciones comerciales atraviesa actualmente por un momento cargado de incertidumbre a raíz de las amenazas del presidente Trump de imponer un arancel adicional del 10’% y en especial a los países que están alineados con los BRICS, con lo cual se afectarían las exportaciones de productos como el café, el banano, las flores, el petróleo, etc., y con ello el empleo formal y la competitividad real. Esta situación según algunos expertos en la materia se debe tratar con pragmatismo y diplomacia, tratando de mejorar las relaciones comerciales y de cooperación con el gobierno de EE.UU.

Dichas relaciones comerciales deben fundamentarse en el intercambio de mercancías acorde con los principios de la equidad y colaboración mutuas y no de la subordinación ni dependencia, propias del neocolonialismo y de los imperialismos de todo tipo.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

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