No debe olvidarse que la política es una ciencia y además es un arte lo cual juega un papel esencial al adoptar y aplicar ciertas decisiones políticas, a la vez que resultan de gran importancia las calidades personales de los dirigentes políticos, sus conocimientos, capacidad para liderar las acciones, experiencia, autoridad y carácter para asumir determinadas posiciones en medio de la lucha competitiva por el poder del Estado, la cual se libra a través de las diferentes clases y grupos sociales en que está dividida la sociedad capitalista, que se diferencian por su situación económica y social, raza, sexo, etnia, edad, concepción ideológica, costumbres, etc., determinando de esa manera sus intereses fundamentales y su estilo y modo de vida.

La forma fundamental de la lucha social es la que se genera entre las clases dirigentes y aquellos grupos sociales que en lo esencial viven de su trabajo en el campo y en la ciudad, además de los pequeños y medianos empresarios y comerciantes, cuyos intereses son contradictorios entre sí desde el punto de vista económico, político e ideológico.

Ahora bien, aunque no siempre la lucha política se plantea la cuestión del poder de manera inmediata, pues de lo que se trata es de sacar adelante ciertas reivindicaciones políticas que no afectan las bases mismas del régimen. No obstante, el problema fundamental de la política tiene que ver con la conquista del poder o de su conservación en manos de las clases dirigentes, independientemente de su concepción ideológica y política ya sea de derecha, izquierda o de centro.

Con el cambio de las condiciones políticas, las clases dirigentes cambian las formas y los métodos de la lucha política, asegurándose, por ejemplo, que en los regímenes formalmente democráticos se consiga contar con mayorías en las diferentes ramas del poder público que aprueben las políticas que interesan al gobierno de turno.

Aunque las formas y métodos de la lucha política son muy variados, para algunos ideólogos el camino a seguir es el del reformismo mediante el cual se busca lograr una conciliación o acuerdo político para desarrollar la gobernanza. En tanto para otros, la utilización de la violencia constituye la única vía para conseguir los objetivos deseados por las masas populares. De esta concepción son partidarios los oportunistas de izquierda radical o de la extrema derecha, que no ven alternativa diferente a la utilización de la violencia y de la lucha armada.

La experiencia práctica e histórica y  el conocimiento y aplicación de la política como una ciencia y como un arte, nos indica que ambas posiciones extremas son igualmente equivocadas y que lo correcto es que las fuerzas democráticas y progresistas deban prepararse de acuerdo a las condiciones y circunstancias concretas para utilizar todas las formas y métodos de la lucha política, en dependencia de la situación que se vive en la sociedad, particularmente en aquellos casos de la lucha contra el neocolonialismo, el imperialismo y en todas aquellas circunstancias en que la clase dirigente se aparta sistemáticamente de las formas y métodos democráticos y actúa utilizando medios autoritarios y contrarios al principio de legalidad, violación de los derechos humanos y el ejercicio de acciones violentas contra el pueblo para mantenerse en el poder del Estado.

Las alianzas y los acuerdos entre las diferentes clases, partidos y movimientos políticos hacen parte de la estrategia y la práctica a seguir para garantizar la victoria sobre las fuerzas del viejo y desueto régimen que se sumerge en las aguas de la demagogia, el autoritarismo, el reformismo y el populismo, casi siempre encarnado en aquellos dirigentes ya sea de derecha o de la izquierda, a quienes se les rinde un culto a su personalidad.

Nuestro país no es ajeno a la adopción y aplicación de las distintas formas y métodos de la lucha política tanto legales y pacíficos como ilegales y violentos, los cuales tuvieron lugar en el pasado entre federalistas y centralistas, conservadores y liberales, entre la derecha y la izquierda revolucionaria, con características muy particulares y específicas, al tiempo que también existieron momentos en donde predominaron el diálogo y los acuerdos políticos, tal como sucedió durante la etapa del frente nacional en la que la clase dirigente se repartió el poder del Estado entre liberales y conservadores durante 16 años consecutivos.

En la actualidad la lucha competitiva por el poder se caracteriza por una profunda confrontación entre los movimientos y partidos políticos como consecuencia de la crisis económica, política y social por la que atraviesa el país, agudizada con las contradicciones y conflictos sociales que comprometen el presente y futuro de cientos de miles de colombianos, que a su vez son objeto de la explotación económica del trabajo, la discriminación social y de género y la exclusión de la vida política de la sociedad y del Estado.

Dichos movimientos y partidos políticos que integran la oposición al gobierno del presidente Petro a quien califican de populista y autoritario, vienen desarrollando una serie de acciones desde la propia institucionalidad del Estado que califican como una forma de preservar las formas institucionales de la democracia liberal dentro de los límites de la Constitución y de la ley, al tiempo que el mandatario de turno acusa a la clase dirigente de ejercer un bloqueo a nivel institucional de las reformas sociales y de los principales actos de gobierno, generando con ello un retroceso en el avance de los principios y fines del Estado Social y Democrático de Derecho.

En vista de lo anterior, el presidente Petro firmó el denominado “decretazo” mediante el cual convoca a la realización de una consulta popular para el próximo 7 de agosto, la cual podría derogarse en el caso de que el Congreso apruebe la reforma laboral que satisfaga las exigencias del ejecutivo.

Por otra parte, la Fiscalía de la Nación por insinuación del presidente Petro inició una investigación acerca de la existencia de una posible conspiración contra el jefe del Estado, urdida por sectores de la derecha política asociada con el clan del golfo y las disidencias de Iván Mordisco.

Entre tanto, se acude a la violencia con el atentado criminal contra el senador y pre candidato del centro democrático Miguel Uribe, generándose con ello una mayor confrontación política que tiende a agravarse con el paso del tiempo y que podría derivar en nuevas violencias que sumirían al país en un verdadero caos del cual difícilmente podría recuperarse desde el punto de vista político e institucional, afectándose de esta manera el presente y futuro del conjunto de la población del país y del crecimiento y desarrollo económico y social.

La forma superior de la lucha política es la revolución social que no puede estar en manos de un puñado de conjurados ni tampoco se puede importar o exportar sin generar un daño irreparable al país y al proceso de cambio revolucionario en que la lucha política por el poder del Estado constituye el aspecto fundamental en el proceso de la transformación social que debe producirse basada en las leyes de la historia universal de todos los tiempos.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

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