En el inicio formal de la temporada electoral para las elecciones presidenciales de 2026, más de una decena de precandidatos colombianos se reunieron en Cartagena, en el marco de la Convención Bancaria, para presentar sus propuestas y debatir ante el sector financiero y la opinión pública. Sin embargo, a pesar de la diversidad ideológica —de derecha, centro e izquierda—, ninguno de estos aspirantes logra entusiasmar ni generar confianza real en la ciudadanía, un síntoma grave que refleja la crisis política y social que atraviesa el país. Y lo grave, ninguno plantea un gobierno de Unidad Nacional…

La economía, un tema central pero sin respuestas claras

Las encuestas recientes, como la Invamer Poll de abril, muestran que la economía es el segundo problema más grave para los colombianos, solo superado por la inseguridad y el orden público. El 71% de los ciudadanos percibe que la economía empeora, y el 79% está preocupado por el aumento del costo de vida, a pesar de indicadores macroeconómicos que sugieren una leve recuperación. Este descontento popular se debe también al deterioro en servicios públicos esenciales como la salud y la lucha contra la pobreza, áreas en las que la gestión estatal ha sido insuficiente[Información proporcionada].

Los precandidatos han comenzado a abordar temas económicos, pero sus propuestas carecen de profundidad y concreción. La crisis fiscal que dejará el gobierno actual es un desafío que ninguno parece dispuesto a enfrentar con honestidad, pues eludir la discusión sobre recortes o impuestos impopulares podría ser un suicidio político, pero la evasión de este debate solo profundiza la incertidumbre. La ausencia de un plan claro para la sostenibilidad fiscal y el crecimiento económico sostenible es alarmante y refleja una falta de visión estratégica[Información proporcionada].

La ausencia de planeación a largo plazo: un vacío crítico

Uno de los problemas más graves que los precandidatos ignoran es la ausencia de planeación estratégica para el país y sus regiones. Colombia no tiene una hoja de ruta clara para los próximos 20 o 50 años, ni en el ámbito nacional ni en las principales ciudades y departamentos como Bogotá, Cali, Medellín, Cundinamarca, Antioquia, Valle o la región Caribe. Esta falta de visión a largo plazo es un lastre para el desarrollo sostenible y la cohesión social, y ningún aspirante ha planteado reformas constitucionales o políticas públicas que instituyan una planeación efectiva y duradera[Información proporcionada].

La calidad educativa y la gestión pública, temas ausentes en el debate

Otro aspecto crítico es la calidad educativa, un fracaso persistente que ni siquiera el actual gobierno ha logrado revertir. La educación es la base para el desarrollo social y económico, pero sigue siendo un tema relegado en las campañas presidenciales. La falta de propuestas serias para mejorar la educación pública refleja la desconexión de los candidatos con las necesidades reales del país y su incapacidad para ofrecer soluciones estructurales.

La polarización y la falta de liderazgo carismático

La escena política colombiana está marcada por la polarización ideológica y la ausencia de líderes carismáticos que puedan movilizar y unificar a la sociedad. En la Convención Bancaria, por ejemplo, la figura de Daniel Quintero fue recibida con rechazo por parte de empresarios, evidenciando la división y la desconfianza hacia ciertos personajes políticos. Los debates se han centrado más en confrontaciones ideológicas y en la defensa o crítica de decisiones del actual gobierno, como la consulta popular por decreto, que en la presentación de propuestas innovadoras y consensuadas para el país.

La comunicación política y el desencanto ciudadano

Los precandidatos parecen más enfocados en estrategias mediáticas y marketing político que en construir un discurso coherente y convincente. La personalización de las campañas y el uso de ataques han aumentado, pero no han logrado captar el interés ni la esperanza de los votantes. La cultura política colombiana sufre de baja confianza en las instituciones y los partidos, lo que se traduce en apatía electoral y en un electorado susceptible a la manipulación mediática y al populismo.

Urgencia de una transformacion

Colombia enfrenta una encrucijada histórica. La apatía y el desencanto con los precandidatos presidenciales reflejan una crisis de liderazgo y de proyecto nacional. Sin una planeación de largo plazo, sin propuestas claras para enfrentar la crisis fiscal, mejorar la calidad educativa y dinamizar la economía, el país seguirá atrapado en la incertidumbre y la desigualdad. Los aspirantes deben superar la retórica vacía y el populismo para presentar un plan de gobierno serio, inclusivo y visionario que entusiasme a los colombianos y les devuelva la esperanza en el futuro.

La alarma está encendida: el país no puede permitirse otro ciclo de promesas incumplidas y liderazgos tibios. Colombia necesita urgentemente líderes con capacidad de diálogo, propuestas concretas y compromiso real con el desarrollo sostenible y la justicia social. De lo contrario, la desafección política seguirá creciendo y con ella, la inestabilidad que amenaza la democracia misma.

Redacción