De la antigua «tacita de plata» a una ciudad que necesita recuperar el orden, fortalecer el reciclaje y sancionar a los infractores La Lupa Urbana de Caliescribe reunió al experto Harold García, la voz ciudadana, la IA y el Buscador Urbano Inteligente (BUIC) para analizar la problemática de las basuras en Cali. El diagnóstico: aunque la recolección ha avanzado, persisten deficiencias en limpieza, reciclaje y cultura ciudadana.

Harold García: experiencia y visión urbana

Cali, recordada como la «tacita de plata» de Colombia, enfrenta el reto de recuperar la limpieza y el cuidado de sus espacios públicos. Ramiro Varela, director de La Lupa Urbana en Caliescribe, invitó al abogado y economista Harold García, quien ha ocupado cargos en la Superintendencia de Sociedades, asesorado al alcalde de Cali, al gobernador Germán Villegas qepd, y ejercido como jefe jurídico de la Superintendencia de Servicios Públicos en el Valle.

Su análisis abordó la gestión de los operadores, el reciclaje, la responsabilidad ciudadana y la necesidad de fortalecer la inspección urbana para recuperar el orden y la limpieza de la ciudad.La transformación del modelo de aseo

García recordó que la crisis de la antigua Emsirva, condujo a su intervención por parte de la Superintendencia  y, posteriormente, a su liquidación. En ese proceso se estableció un modelo de prestación dividido en cuatro zonas, con participación de operadores privados y un esquema que inicialmente contemplaba mantener la participación de Emsirva en una de ellas.

Esto produjo resultados: se modernizaron equipos, se reorganizó la distribución del servicio y se avanzó en la cobertura de sectores que anteriormente presentaban dificultades.La recolección llega hoy a la totalidad de la ciudad, explicó, aunque persisten problemas que deben analizarse por separado.

Que el servicio llegue a los barrios no significa que Cali haya resuelto el manejo integral de sus residuos. La recolección es apenas una parte de la cadena; también importan la disposición adecuada, el aprovechamiento de materiales y la limpieza posterior.

Para García, el gran vacío ha sido la insuficiente articulación del modelo con una política efectiva de reciclaje y recuperación de residuos.

Recicladores: entre la organización y la informalidad

Uno de los asuntos más delicados fue la intervención de quienes buscan materiales aprovechables en las bolsas de basura depositadas en las calles. García diferenció las organizaciones de recicladores que buscan profesionalizar su actividad y participar formalmente en el sistema, de las personas que abren bolsas sin control, extraen materiales y dejan residuos dispersos en andenes y vías.

El problema es lograr que se desarrolle organizadamente, con condiciones adecuadas de trabajo y responsabilidades definidas. Durante la conversación, el experto recordó que un censo relacionado con la tutela 218 identificó aproximadamente 3.000 personas vinculadas a esta actividad. También mencionó estimaciones de hasta 5.000 participantes, incluyendo personas que no aparecen en los registros oficiales.

La ciudad necesita fortalecer las organizaciones de recicladores, mejorar su coordinación con los operadores y promover prácticas que permitan recuperar materiales sin deteriorar el espacio público.

La voz de la calle: experiencias diferentes

La investigación periodística de Erika Muñoz y Valentina García aportó una dimensión indispensable: la percepción cotidiana de los caleños.  Algunos habitantes consideran que el servicio funciona adecuadamente en sus barrios, especialmente en unidades residenciales con sistemas internos de disposición. Otros describen acumulaciones en esquinas, malos olores, contaminación y dificultades con los horarios de recolección. También surgieron quejas por la falta de información sobre la llegada de los vehículos. Un ciudadano señaló que debe salir apresuradamente cuando pasa el camión porque no siempre anuncia su llegada.

Otros entrevistados insistieron en que parte del problema se origina en la falta de cultura ciudadana: bolsas abiertas, residuos abandonados y materiales extraídos de las basuras que terminan esparcidos por las vías.

Las propuestas: respetar los horarios, aumentar la frecuencia de recolección donde sea necesario, disponer de lugares adecuados, fortalecer la educación ambiental y mejorar la organización del servicio.

IA y BUIC: contrastar información

El ejercicio incorporó dos herramientas para ampliar el análisis: ChatGPT y el Buscador Urbano Inteligente de Caliescribe, BUIC. La IA planteó mejorar la recolección, educar a la ciudadanía, aplicar sanciones, instalar puntos adecuados de disposición y fortalecer las jornadas de limpieza.

BUIC señaló durante el programa una generación aproximada de 1.922 toneladas diarias de residuos y la identificación de más de 200 puntos de arrojo clandestino. Estas cifras deben entenderse como datos expuestos en el ejercicio, cuya vigencia requiere contrastación con fuentes oficiales actualizadas. También destacó la separación de residuos en hogares, comercios e industrias; el fortalecimiento de las rutas selectivas; el apoyo a las organizaciones de recicladores y la reincorporación de materiales a los procesos productivos.

El compostaje puede convertirse en una alternativa para aprovechar residuos orgánicos cuando existen condiciones técnicas y operativas. Asimismo, los escombros y residuos de construcción requieren un tratamiento diferenciado y su entrega a gestores autorizados.

Harold García: cultura ciudadana y sanciones

El momento más contundente llegó cuando Ramiro Varela preguntó si Cali necesita mayor inspección urbana para enfrentar a quienes arrojan residuos en canales, ríos, andenes y zonas verdes.La respuesta de García fue directa: la Alcaldía debe fortalecer las acciones sancionatorias. Cuando la educación y la cultura ciudadana no son suficientes, las  autoridades deben hacer cumplir las normas.

El experto propuso conformar un equipo eficaz, con participación de la Policía y las autoridades competentes, para identificar y sancionar las conductas que deterioran el espacio público y el ambiente.

Puso especial atención en la disposición de muebles, colchones y otros objetos voluminosos. Algunas personas, señaló, prefieren evitar el costo de una recolección adecuada y terminan entregando estos elementos a servicios informales que pueden abandonarlos pocas cuadras después.

Los operadores formales deben ofrecer servicios accesibles, contar con equipos suficientes y mejorar su capacidad de atención. Al mismo tiempo, la Alcaldía debe combatir las prácticas informales que trasladan el problema a canales y ríos.

García recordó que existen herramientas legales en el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana y, cuando se cumplen los requisitos correspondientes, en la legislación penal ambiental. La aplicación de cada norma compete a las autoridades y depende de las circunstancias de la infracción.

La inspección urbana  debe identificar puntos críticos, verificar el cumplimiento de los operadores, atender denuncias y garantizar que las sanciones tengan un efecto preventivo.

Juntas comunales, colegios y barrios: protagonistas del cambio

García insistió en que las sanciones no sustituyen la cultura ciudadana: ambas deben complementarse. Recordó una experiencia de Emsirva en la que se promovió la participación comunitaria alrededor de un colegio y se consiguió mantener limpio su entorno durante cerca de dos años.

Las juntas de acción comunal, las juntas administradoras locales, los colegios, las organizaciones sociales y las comunidades religiosas pueden contribuir a campañas permanentes de limpieza, separación de residuos y cuidado de los espacios comunes.

Pero esa participación requiere respaldo, es necesario establecer responsables, metas, seguimiento y coordinación con los operadores.

Cada actor debe cumplir su función.

Cinco tareas para recuperar la limpieza de Cali. De la conversación con Harold García, las opiniones ciudadanas y las propuestas de Caliescribe se desprenden cinco líneas de acción:

  1. Mejorar eVerificar rutas, horarios, cobertura y capacidad de respuesta de los operadores, con atención a los sectores donde se acumulan residuos.
  2. Fortalecer las organizaciones formalizadas, actualizar los censos y coordinar la recuperación de materiales con los prestadores del servicio – Reciclaje
  3. Promover la separación en la fuente, el respeto por los horarios y la disposición adecuada de residuos ordinarios, muebles y escombros.
  4. Coordinar la actuación de la Alcaldía y la Policía, atender denuncias y aplicar las normas a quienes arrojen residuos indebidamente.
  5. Mantener registros de puntos críticos, materiales recuperados, quejas atendidas e intervenciones realizadas para evaluar los avances.

«El aseo de Cali, responsabilidad de todos»

Harold García condensó su propuesta en una frase: «El aseo de Cali, responsabilidad de todos». Los operadores deben prestar un servicio eficiente; la administración tiene que planificar, supervisar y sancionar; los recicladores necesitan condiciones para desarrollar su actividad organizadamente, y los ciudadanos deben disponer correctamente sus residuos.

La Alcaldía tiene la tarea de convertir estos principios en una estrategia operativa, organizacional, ambiental y social, con objetivos medibles y seguimiento permanente.

La Lupa Urbana de Caliescribe invita al alcalde a evaluar públicamente esta problemática, escuchar a los expertos, contrastar la información y asumir compromisos verificables para recuperar la limpieza de la ciudad.

Cali debe reducir su disposición inadecuada, aprovechar mejor los materiales y recuperar el respeto por sus calles, parques, canales y ríos.

La antigua «tacita de plata» tendrá que construirse mediante una gestión pública eficaz, operadores responsables, reciclaje organizado, inspección urbana y una ciudadanía comprometida. El liderazgo, la organización y el control deben comenzar por sus instituciones.

Redacción