Vida Nueva

Hay evangelios que parecen responder a una pregunta concreta y, sin embargo, terminan planteándonos otra mucho más profunda. El de este domingo es uno de ellos. A Jesús le preguntan si es lícito pagar el impuesto al César. La intención no es aprender, sino tenderle una trampa. Si responde que sí, perderá el favor del pueblo; si responde que no, podrá ser acusado ante la autoridad romana. Pero Jesús no acepta quedar encerrado en esa lógica. Como tantas veces, cambia el plano de la discusión y lleva a sus interlocutores al verdadero centro de la cuestión.

También nosotros vivimos rodeados de preguntas que nos obligan a tomar partido: ideologías, polarizaciones, enfrentamientos, intereses… Con frecuencia acabamos creyendo que todo consiste en elegir un bando. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que existe una libertad mucho más profunda. La de quien sabe distinguir lo importante de lo accesorio, lo pasajero de lo definitivo, y reconoce que solo Dios merece ocupar el lugar central del corazón. Desde ahí cobran sentido también la vida social, la política, el trabajo, la economía y todas las responsabilidades humanas.

Lecturas del domingo 18 de Octubre de 2026

– Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6: Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes.

– Salmo 95 R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

– Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b: Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

 

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios escribe recto con líneas inesperadas

La primera lectura nos presenta una figura sorprendente: Ciro, rey de Persia. No pertenece al pueblo de Israel, ni siquiera conoce al Señor, y, sin embargo, Dios lo llama por su nombre y se sirve de él para liberar a su pueblo. «Te llamé por tu nombre… aunque no me conocías».

Es una enseñanza que rompe muchos de nuestros esquemas. Solemos pensar que Dios actúa únicamente por los caminos que nosotros consideramos religiosos. Sin embargo, Él puede servirse de personas, acontecimientos e incluso circunstancias que parecen completamente ajenas a la fe para abrir horizontes nuevos.

Quizá, al mirar hacia atrás, todos descubrimos algún “Ciro” en nuestra propia historia: una persona inesperada, un fracaso, una enfermedad, un cambio de planes o una decisión que, en su momento, no comprendimos y que terminó convirtiéndose en camino de crecimiento. Dios sigue conduciendo la historia con una discreción admirable.

Aprender a mirar con gratitud

El salmo responde a esta certeza con una invitación sencilla: «Cantad al Señor un cántico nuevo… Contad a los pueblos su gloria».

Solo puede alabar quien aprende a mirar la vida de otra manera. Vivimos demasiado acostumbrados a fijarnos en lo que falta, en lo que no funciona o en aquello que desearíamos cambiar. La gratitud no consiste en negar las dificultades, sino en descubrir que Dios sigue actuando también en medio de ellas.

Tal vez una de las conversiones más necesarias hoy sea precisamente esta: pasar de una mirada que contabiliza únicamente problemas a otra capaz de reconocer tantos signos discretos de la presencia de Dios. Una mirada de Gracia.

Fe, amor y esperanza

La carta a los Tesalonicenses comienza precisamente dando gracias. Pablo recuerda «la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza».

No habla primero de resultados ni de éxitos pastorales. Habla de tres actitudes que sostienen toda existencia cristiana: la fe que confía, el amor que se entrega y la esperanza que persevera.

Nuestro tiempo nos empuja con facilidad hacia el desánimo. Nos acostumbramos a mirar la Iglesia, el mundo o incluso nuestra propia vida desde lo que falta. Pablo propone otro punto de partida: la gratitud. Solo quien agradece descubre que Dios sigue actuando.

Y añade una afirmación preciosa: «Él os ha elegido». Antes de cualquier respuesta nuestra, existe siempre una iniciativa de Dios. La vocación cristiana no consiste primero en hacer muchas cosas para Él, sino en llegar a ser la persona que Él soñó desde el principio.

Dad al César… y a Dios

El evangelio comienza con una trampa cuidadosamente preparada. Fariseos y herodianos, que habitualmente eran adversarios, se unen para comprometer a Jesús. La pregunta parece política, pero en realidad pretende destruirlo.

Jesús no cae en la provocación. Pide una moneda y pregunta de quién es la imagen grabada en ella. La respuesta desemboca en una de las frases más conocidas del Evangelio: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Durante siglos este texto ha recibido interpretaciones muy diversas. Pero quizá el verdadero centro de la cuestión, no es cómo nos relacionamos con la política, con el César, sino dónde colocamos a Dios.

La moneda lleva grabada la imagen del emperador y, por eso, puede volver a quien la acuñó. Pero el ser humano lleva grabada otra imagen mucho más profunda: la imagen de Dios.

Ahí está el verdadero giro del Evangelio.

Jesús no está repartiendo la vida en dos compartimentos estancos, uno religioso y otro político. Tampoco está despreciando las responsabilidades civiles. Reconoce que existen realidades propias de la convivencia humana que debemos asumir responsablemente.

Pero recuerda algo decisivo: ningún poder humano puede reclamar aquello que pertenece únicamente a Dios. Ninguna ideología, ningún partido, ningún proyecto económico o cultural merece una adhesión absoluta. Solo Dios puede ocupar el centro del corazón.

Por eso el verdadero interrogante no es cuánto damos al César. La pregunta realmente incómoda es otra: ¿estamos dando a Dios lo que le pertenece?

Le pertenecen nuestra libertad, nuestra conciencia, nuestra dignidad y nuestra vocación más profunda. Cuando olvidamos esto, cualquier realidad humana corre el riesgo de convertirse en un absoluto.

El cristiano participa plenamente en la sociedad, trabaja por el bien común y asume sus responsabilidades. Pero sabe también que ninguna realidad temporal puede convertirse en un ídolo. Esa es la libertad que Jesús propone: vivir en el mundo sin entregar el corazón a aquello que no puede salvarnos.

Para la reflexión

¿Reconozco la acción de Dios incluso cuando llega por caminos inesperados? ¿Predomina en mí la queja o la gratitud? ¿Qué “césares” ocupan hoy un lugar que solo corresponde a Dios?

Hector de Los Rios