Cali atraviesa días de dolor, incertidumbre y solidaridad. La emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7,4 todavía no termina. En distintos sectores continúan la búsqueda y rescate, la recuperación de víctimas entre los escombros y la evaluación de edificaciones afectadas.

Con corte al 14 de agosto, 11:30 a. m., el balance registra 110 fallecidos, 1.410 heridos, 115 personas desaparecidas o atrapadas reportadas, 88 rescatadas y 46 edificaciones con colapso total. La cifra de estructuras afectadas supera el millar cuando se consideran colapsos, daños parciales y daños estructurales.

Detrás de cada cifra hay una familia y una historia. Por eso, en este momento, la prioridad sigue siendo encontrar a quienes permanecen desaparecidos, atender a los heridos y evitar que una persona regrese a una edificación que pueda representar un riesgo.

El terremoto no creó la vulnerabilidad

El terremoto no creó la vulnerabilidad de Cali: la puso al descubierto.

Durante décadas, numerosas viviendas y edificaciones han sido ampliadas y transformadas. Casas diseñadas inicialmente para uno o dos pisos han incorporado nuevos niveles, terrazas, cambios de distribución o eliminación de muros. No todas esas intervenciones son ilegales o inseguras, pero sí resulta necesario conocer cuánto han modificado la capacidad estructural de las edificaciones.

A esto se suma la diversidad de condiciones del suelo. Los estudios de microzonificación sísmica muestran que un mismo terremoto puede producir efectos diferentes según el sector de la ciudad.

Por eso, reconstruir no puede significar simplemente levantar lo que cayó. Primero hay que saber qué quedó en pie y en qué condiciones.

Cali había recibido una advertencia

Hay un antecedente que ahora adquiere especial relevancia. El 30 de junio de 2026, Caliescribe publicó “Cali frente al espejo de Venezuela: Terremoto que no queremos mirar”, en el que advertía sobre la vulnerabilidad sísmica de la ciudad y planteaba la necesidad de actuar antes de una tragedia.

El artículo señalaba problemas asociados con ampliaciones informales, incumplimiento de normas sismorresistentes, vulnerabilidad en sectores de ladera y Aguablanca, y la necesidad de conocer las edificaciones más expuestas. También reclamaba “inspecciones masivas de vulnerabilidad”, control efectivo de construcciones ilegales, reforzamiento de edificaciones críticas y actualización de los planes de emergencia. (Caliescribe)

Cali frente al espejo de Venezuela: Terremoto que no queremos mirar — Caliescribe, 30 de junio de 2026

La advertencia no permite afirmar, por sí sola, que la tragedia pudiera haberse evitado. Sí obliga ahora a revisar qué información existía, qué decisiones se tomaron y qué medidas fueron consideradas o descartadas.

La pregunta que queda después del rescate

Mientras Cali busca desaparecidos, retira escombros y evalúa sus edificaciones, surge una pregunta inevitable: ¿qué tan preparada estaba realmente la ciudad para enfrentar un terremoto de esta magnitud?

La respuesta debe ser técnica, documentada y sin juicios anticipados.

Será necesario revisar los controles urbanísticos, las edificaciones existentes, los programas de reforzamiento estructural, los estudios de vulnerabilidad, los protocolos de emergencia y los recursos disponibles.

También deberá evaluarse la continuidad institucional de la Secretaría de Gestión del Riesgo. Durante la administración Eder han pasado por esa dependencia Jocelyn Danna Carrillo, María Alexandra Pacheco, un encargado y Ricardo Peñuela. Más que convertir esa rotación en una acusación, corresponde establecer si hubo continuidad suficiente en una política que requiere conocimiento acumulado, planificación y capacidad permanente.

Los terremotos no pueden evitarse. Sus consecuencias sí pueden reducirse mediante prevención, normas, mantenimiento, control y preparación.

El 18 de agosto: de la emergencia a la reconstrucción

El martes 18 de agosto puede convertirse en una fecha simbólica para comenzar a proyectar la reconstrucción, sin que ello signifique que la emergencia haya concluido.

La dimensión económica será extraordinaria. Una primera proyección superior a US$5.000 millones, equivalente a más de $15 billones, muestra la magnitud del desafío. Pero el costo no será solamente financiero: habrá que recuperar viviendas, infraestructura, servicios públicos, hospitales, colegios, vías y, sobre todo, la confianza de una ciudadanía golpeada.

La reconstrucción debe ser diferente a la simple reposición de lo perdido.

Cali necesita convertir esta tragedia en el punto de partida de una política permanente de seguridad sísmica, con inventario actualizado de edificaciones, inspección continua, prioridades de reforzamiento, controles urbanísticos efectivos y recursos definidos.

La verdad como punto de partida

Hoy corresponde acompañar a las víctimas, rescatar a los desaparecidos y atender a los damnificados. Después vendrá la evaluación de responsabilidades.

El alcalde Alejandro Eder y su administración tendrán que explicar qué se hizo frente a las advertencias existentes, qué planes de contingencia estaban disponibles y qué acciones de prevención se habían ejecutado.

Eso no debe confundirse con una condena anticipada. Debe ser una investigación seria sobre la gestión pública antes del terremoto.

Cali necesita respuestas, serenidad. Y necesita reconstruir, pero aprendiendo de lo ocurrido. El terremoto ha dejado dolor, pérdidas irreparables y una ciudad que todavía busca a sus desaparecidos. En esta hora difícil, la prioridad es rescatar, atender, proteger y acompañar a las familias afectadas. Pero se debe mirar también más allá de la emergencia: la tragedia exige responsabilidad, verdad y decisiones de largo plazo. Cuando pase el dolor más inmediato, Cali deberá establecer qué ocurrió, qué se hizo, qué no se hizo y qué pudo hacerse mejor. No para alimentar confrontaciones, sino para aprender y corregir. La reconstrucción debe ser mucho más que levantar edificios y reparar vías: debe significar reconstruir con seguridad, planificación, conocimiento científico y visión de futuro. La tragedia no puede ser en vano. Debe convertirse en una oportunidad histórica para transformar a Cali en una ciudad más segura, resiliente, preparada y solidaria.

La ciudad no puede regresar simplemente a la normalidad anterior al terremoto. Debe aspirar a una nueva normalidad: más segura, más preparada y mucho más consciente de sus vulnerabilidades.

Ramiro Varela Marmolejo