En las ciudades, la economía y el diseño interactúan continuamente a lo largo del tiempo, y principalmente de dos maneras opuestas. Por un lado, la economía impulsa su crecimiento poblacional y su densificación o su extensión territorial, lo que modifica las relaciones con sus vecinos. Mientras que, por el otro lado, el mejor diseño de la ciudad física (planificación, urbanismo, arquitectura, paisajismo y mobiliario urbano) mejora el artefacto y este el bienestar de sus habitantes, y estimula sus actividades, lo que contribuye a su desarrollo económico.

         Una economía correcta estimula el crecimiento y desarrollo de las ciudades, el empleo y la productividad mediante la interacción entre la planificación física, el mercado inmobiliario, el transporte y los servicios para gestionar el desarrollo sostenible, la equidad social y la reducción de la pobreza. La inversión en capital (maquinaria, infraestructura) lleva al crecimiento económico, el aumento de la productividad, la innovación tecnológica, la educación de la fuerza laboral y la estabilidad macroeconómica en beneficio de la ciudad.

         La adecuada planeación de las ciudades y su consecuente diseño integral, promueven el crecimiento de la economía en ellas al facilitar las diversas actividades de sus habitantes; prioriza la habitabilidad, accesibilidad y sostenibilidad, integrando espacios públicos de calidad, transporte público eficiente y uso mixto del suelo para fomentar la vida social. Son ciudades que se caracterizan por la escala humana, la seguridad, la inclusión, la identidad cultural y la fácil adaptabilidad ante los cambios tecnológicos y sociales que se presenten.

         Un buen diseño urbano, incluyendo paisajismo, mobiliario urbano y arquitectura, se define por su capacidad de resolver los sucesivos problemas de la ciudad de forma eficiente, rápida, económica, sostenible y duradera. Un buen diseño urbano es minucioso hasta el último detalle, respetuoso con el medio ambiente y, paradójicamente, requiere el menor diseño posible; y por supuesto la influencia recíproca entre la economía y el diseño es permanentemente, por lo que este debe estar abierto a todos los cambios en este sentido que sean necesarios.

         Además, el aspecto estético de la arquitectura en las ciudades, si bien puede ser variable culturalmente, de una u otra manera, no es subjetivo ya que sus diversos valores estéticos están inculcados desde la infancia por la familia, el entorno social y la educación, y de ahí lo pertinente de que en esta se incluya la educación cívica y estética de sus habitantes. Además, la belleza ineludiblemente siempre está relacionada con la armonía, el equilibrio y la proporción, desde la perfección formal hasta el encanto que puede tener la imperfección.

         Considerando todo lo anterior, la relación entre las ciudades y la cultura es fundamental para el mejor desarrollo de su artefacto, sus habitantes y sus actividades en ellas, ya que define la identidad y cohesión de una comunidad ya muy amplia. Las ciudades no son solo vastos conjuntos de edificaciones (espacios urbanos públicos, casas, edificios) si no que son lugares que conforman entornos urbanos con vida, donde las tradiciones, el patrimonio construido y la convivencia ciudadana dan forma al carácter específico que las identifica.

         En conclusión, el manejo de las ciudades se debería centrar en la correcta toma de decisiones, en función de lo dicho arriba, por parte de los individuos (comportamiento individual) y mayormente por las asociaciones y empresas, y por supuesto por el gobierno municipal (funcionamiento global) los deberían considerar a fondo la relación de la economía y la ciudad en esas dos direcciones ya dichas; y derivar de esta su planificación y de esta su urbanismo, paisajismo y mobiliario, y la arquitectura de las distintas edificaciones de sus diferentes sectores.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.