Historia de un archivo fotográfico, convirtiendo un museo……en proyecto.

Por momentos la conversación parece una entrevista. En otros, adquiere el tono de una confesión. Carlos Molina no habla primero del Museo de la Salsa, ni de los premios recibidos, ni siquiera del proyecto urbano que hoy convierte al Barrio Obrero en uno de los destinos culturales más visitados de Cali, gracias al alcalde Alejandro Eder. Habla de su madre.

“La maestra de mi vida”, dice con convicción. No era docente. Vendía cosméticos de puerta en puerta y con ese trabajo levantó a su familia. Allí, asegura, nació la fuerza que hoy lo impulsa a liderar uno de los procesos culturales más visibles de la ciudad.

La historia comienza mucho antes de la renovación urbana. Empieza hace décadas, cuando decidió trabajar con jóvenes atrapados entre la drogadicción, la violencia y la falta de oportunidades. Hace quince años, cuenta, encontró en la fe cristiana una forma distinta de entender el servicio a los demás. Desde entonces comprendió que la cultura podía ser mucho más que entretenimiento: podía convertirse en una herramienta de transformación social. Pero antes un archivo fotográfico de su padre, una historia viviente y vivida en el barrio histórico y tradicional, que fue bueno, luego talleres, escuelas, comercio de bajos requisitos, bares, prostitutas, drogadicción, pero con historia y nombre.

 

La salsa como instrumento de cambio

Para Molina, el Museo de la Salsa nunca fue un negocio. Por el contrario, reconoce que mantener un museo resulta mucho menos rentable que cualquier establecimiento nocturno. “Es mucho más fácil vender cerveza que sostener un museo”, afirma.

Sin embargo, insiste en que el verdadero propósito siempre fue otro: utilizar la música como vehículo para rescatar jóvenes, fortalecer identidad y construir comunidad.

Detrás del proyecto aparece inevitablemente la figura de su padre, Carlos Molina, para su fortuna, homónimo , considerado uno de los mayores documentalistas de la salsa en el mundo. Su archivo reúne más de 40.000 fotografías y cerca de 300.000 negativos capturados desde 1967, patrimonio que hoy constituye el corazón histórico del museo. Es decir, 60 años que Caliescribe coadyuvará en su celebración.

El padre conserva la memoria; el hijo decidió convertirla en futuro.

Una renovación que cambió el mapa de Cali

Uno de los momentos más reveladores de la entrevista surge cuando Carlos Molina explica cómo nació la transformación del Barrio Obrero.

Aclara que el proyecto ,  una iniciativa que venía estructurándose desde años atrás con el Viceministerio de Turismo y que finalmente encontró respaldo en el alcalde Alejandro Eder.

La intervención fue mucho más allá del embellecimiento urbano. Incluyó renovación de redes de servicios públicos, pavimentación, recuperación del espacio público y consolidación de un circuito turístico basado en la cultura popular.

Ramiro Varela, director de Caliescribe, va más lejos y califica esta intervención como el proyecto más importante de la actual administración municipal, al considerar que logró unir sectores sociales diversos  alrededor de un propósito común.

La batalla contra la indiferencia

Es Mónica Ramírez, comunicadora de profesión, edil y gestora cultural, que con inteligencia, extrae un problema de Cali, porque….

Paradójicamente, Molina no identifica la falta de recursos como el principal obstáculo para la cultura. Su respuesta es contundente: “La envidia.” Considera que ese fenómeno limita el crecimiento de muchos procesos culturales en Cali y dificulta que iniciativas exitosas encuentren respaldo colectivo.

Más que reclamar recursos públicos, propone un cambio cultural. Invita a que los ciudadanos entiendan que comprar una entrada para un museo, asistir a una obra de teatro o apoyar una agrupación artística puede significar literalmente salvar la vida de un joven.

Grupo Melaza: formar músicos para evitar delincuentes

La misma filosofía dio origen al Grupo Melaza. Dieciséis jóvenes, entre los 10 y los 20 años, integran una orquesta que interpreta exclusivamente salsa y que ya ha compartido escenarios con figuras internacionales del género. Pero el verdadero logro, insiste Molina, no está en los conciertos.

Está en mantener ocupadas las mentes de adolescentes que, sin oportunidades, podrían terminar absorbidos por la violencia o las drogas.

Respalda su argumento citando investigaciones universitarias que relacionan el aprendizaje musical con el desarrollo cognitivo y la toma de mejores decisiones durante la vida.

La música, sostiene, termina siendo una estrategia preventiva mucho más poderosa que cualquier discurso. Toda una conceptualización de vida que comparte Mónica Ramírez

Una ciudad que puede volver a creer

Al finalizar la conversación, Carlos Molina resume el significado de la Fundación Museo de la Salsa en una sola palabra: amor.

No habla del amor romántico, sino del amor entendido como servicio, entrega y compromiso con los demás.

Su invitación final resulta sencilla y directa: quien visite Cali no debería marcharse sin conocer el Museo de la Salsa y el Barrio Obrero.

Más que un recorrido turístico, propone una experiencia que demuestra que la cultura puede reconstruir territorios, rescatar jóvenes y devolverle autoestima a una ciudad.

Porque, al escuchar a Carlos Molina, queda la impresión de que el verdadero patrimonio del Museo de la Salsa no son sus miles de fotografías ni sus colecciones históricas. Su mayor obra parece estar ocurriendo afuera de sus paredes, donde un barrio entero intenta escribir una nueva historia al ritmo de la salsa.

Caliescribe le va a entregar próximamente el PREMIO CALIDOSO, con Mónica Ramírez, a quienes hacen posible lo imposible, Carlos Molina y el alcalde Eder, quienes son los mayores lideres de una Renovación urbana, cultural, social, económica , con una idea, evolucionando el Barrio Obrero.

 

Redacción