En el Valle del Cauca estaban habilitadas 3.793.190 personas y solo 2.133.237 acudieron a las urnas, para una participación de 56,23%, 1.659.953 ciudadanos se abstuvieron, es decir, 43,77% del censo: más que cualquier candidato y más que todas las fuerzas intermedias sumadas. La primera opción del departamento no fue un proyecto político específico, sino la decisión de no votar.
Cepeda y De la Espriella frente al muro de la abstención
Iván Cepeda fue el candidato más votado, con 1.119.914 sufragios, equivalentes al 29,53% del censo.
Abelardo de la Espriella obtuvo 710.909 votos, que representan 18,75% del censo, y juntos apenas superan la mitad del cuerpo electoral, pero siguen por debajo de la suma de quienes no votaron.
El dato central es que ningún liderazgo supera a la abstención: incluso la primera y la segunda fuerza deben leerse frente a un bloque silencioso de más de 1,6 millones de personas que se mantuvieron al margen.
Paloma, Fajardo y blanco, escenario dominado por la apatía
Paloma Valencia consiguió 118.541 votos (3,13% del censo) y Sergio Fajardo 77.283 (2,04%), cifras que confirman un espacio reducido para las alternativas distintas a los dos polos principales. El voto en blanco alcanzó 39.997 sufragios, equivalentes al 1,06% del censo, una señal de inconformidad puntual que se suma al mensaje más fuerte: casi la mitad de los ciudadanos prefirió no escoger ninguna opción.
La elección en el Valle del Cauca no solo mostró un candidato ganador, sino un sistema político que todavía no logra incorporar a una masa muy grande de personas, que hoy actúa como la verdadera mayoría silenciosa y ausente.
Elecciones Presidenciales 2026 en Cali: Lectura Política de los Resultados
Colombia 2026: una elección que redefinió el equilibrio político del país