Hoy viernes 22 de mayo, Cali guarda silencio, en la EUCARISTIA EN MEMORIA JAIME APARICIO RODEWALT, gracias a la convocatoria de su esposa, Beatriz Jaramillo de Aparicio, sus hijos, María Mercedes, Ana Isabel, Jaime Ernesto y Luisa Estefanía, quienes nos han convocado a la iglesia del Colegio Berchmans, donde Jaime se educó y formó, en el barrio Centenario.
Las pistas, los estadios y las tribunas del atletismo colombiano, parecen detener el tiempo para despedir a Jaime Aparicio, el hombre que, con disciplina, resultados y humildad, transformó para siempre el destino deportivo de Colombia, al Valle del Cauca como departamento campeon y a Cali como ciudad.
Se marcha el amigo sereno, el caballero respetuoso, el ciudadano ejemplar que nunca necesitó levantar la voz para hacerse grande. Su autoridad nacía de los hechos. Su liderazgo nacía del ejemplo. Y su grandeza nacía precisamente de aquello que nunca perdió: la sencillez.
Jaime Aparicio no construyó su nombre desde el privilegio ni desde la comodidad. Lo hizo en tiempos difíciles, cuando Colombia apenas comenzaba a creer en el deporte, cuando competir y triunfar internacionalmente parecía un sueño lejano. Entrenó con sacrificio, sin grandes ayudas, sin entrenador, impulsado únicamente por la voluntad de superarse y representar dignamente al país.
Entonces llegó Santa Marta 1950, donde con 7 medallas de oro, lideró la consecución de la sede de los Juegos Nacionales de Cali 1954, para recibir en su tierra, de manos del presidente de la Republica la Gran Cruz de Boyacá, delante de 30.000 personas en el Pascual Guerrero, en medio de la inauguracion de la mejor infraestructura deportiva del país.
Y llegó Buenos Aires, 1951.
Aquella medalla de oro panamericana fue una victoria e instante en que Colombia descubrió que también se podía triunfar ante el mundo. Jaime Aparicio abrió una puerta que hasta entonces permanecía cerrada para el deporte nacional. Detrás de él comenzaron a caminar generaciones de atletas, dirigentes y ciudadanos que entendieron que el deporte puede cambiar la historia de una nación.
Pero quizá lo más admirable ocurrió después de las medallas.
Porque Jaime comprendió que el verdadero triunfo no consistía en ganar competencias, sino en construir futuro para otros. Por eso ayudó a levantar instituciones deportivas ( Jundeportes Valle, Coldeportes,etc ) , impulsó escenarios, promovió el mejoramiento técnico de las ligas y apoyó el crecimiento del deporte escolar y universitario, porque allí fue donde se hizo. Creyó siempre que el deporte era una escuela de disciplina, civismo, ejemplo y convivencia.
Y llegó el Campeonato Suramericano de Atletismo Cali 1963, le permitió a su presidente de liga, amigo ( Alberto Galindo H. ) , con la federacion y el Comite Olimpico colombiano, visualizar que podría conseguir el apoyo para la sede panamericana, gesta que ante la muerte de Galindo, hizo en solitario a muchos países, porque era el único conocido en el exterior. Nació Coldeportes con su gran aporte y llegaron los Panamericanos Cali 1971, que transformaron la ciudad, modernizaron su infraestructura y le dieron una identidad global. Gracias a hombres como él, Cali se convirtió en referencia continental, a través del deporte, para bien de la industria , el comercio, la academia y de la juventud.
Pero Jaime nunca se dejó deslumbrar por la gloria.
Siguió siendo el hombre cercano, amable y respetuoso que saludaba con sencillez y hablaba sin arrogancia, aceptando invitaciones deportivas, hasta el final de su existencia. Nunca buscó homenajes ni protagonismos. Prefería trabajar en silencio, convencido de que las obras y los resultados hablan más fuerte que cualquier discurso.
Hoy, al despedirlo, Cali no llora a un deportista triunfador. Despide a uno de los ciudadanos más importantes de su historia. Un hombre que ayudó a construir autoestima colectiva, orgullo regional y con vocación global. Un hombre que convirtió el deporte en esperanza para miles de jóvenes.
Su legado quedó sembrado en Cali, Londres, Santa Marta, Miami, Gainsville, Barranquilla, Buenos Aires, Santiago, Georgia, Lima ,México, Melbourne, Bogotá, Tampa, Medellín, etc, en cada atleta y en cada niño que descubre en el deporte una oportunidad de vida.
Las ciudades tienen fundadores visibles e invisibles. Y Jaime Aparicio fue uno de los grandes constructores de la transformación de Cali. Ayudó a evolucionar un pueblo grande en una ciudad internacional y enseñó que la disciplina puede cambiar el destino de un país.
Por eso su nombre no desaparecerá….Descansa en paz, amigo noble y campeón eterno.
Mientras Cali siga soñando con un gran proyecto de ciudad, mientras el deporte continúe siendo camino de formación y esperanza, mientras educación y deporte avancen unidos como instrumentos de transformación social, mientras un joven sueñe con vestir los colores de Colombia y mientras el Valle del Cauca conserve su grandeza deportiva, allí permanecerá viva la memoria de Jaime Aparicio R.
El deporte colombiano, el atletismo, Cali, el Valle y la nación entera volverán pronto a reunirse para rendir homenaje póstumo al hombre que, con humildad, disciplina y grandeza, cambió para siempre el destino deportivo de un país, de una región y de una ciudad. Porque debe crearse el DIA DE CALI.DEL VALLE DEL CAUCA, DE COLOMBIA DEPORTIVO, JAIME APARICIO.
La ciudad deportiva de América inclina hoy sus banderas ante uno de sus hijos más grandes.


