Lisandro Franky Franky Colombia se acerca a una elección presidencial que podría marcar durante décadas su rumbo político, económico e institucional. Para millones de colombianos, dentro y fuera del país, está en juego una definición clara sobre seguridad, libertad, autoridad, confianza institucional y modelo de nación. En ese escenario, los colombianos en el exterior han dejado de ser espectadores y tienen también una gran responsabilidad. Cerca de un millón y medio de ciudadanos están habilitados para votar fuera de Colombia. Ese número no decide por sí solo una elección, pero en una contienda cerrada puede convertirse en una fuerza determinante.
La Florida ocupa un lugar especial en ese mapa. Su importancia no radica únicamente en la cantidad de votos, sino en su capacidad de amplificación a la población colombiana, medios hispanos, redes empresariales, iglesias, organizaciones comunitarias, activistas y líderes de opinión que proyectan sus mensajes hacia Colombia y hacia el mundo. Por eso, la diáspora colombiana en Estados Unidos, especialmente en el sur de la Florida, vive las próximas elecciones como algo más que una jornada democrática. Para muchos, se trata de una oportunidad histórica para influir, desde la distancia, en el rumbo del país que dejaron atrás, pero al que siguen unidos por familia, memoria, patrimonio, afectos y amor de patria. En restaurantes, iglesias, medios locales, grupos de WhatsApp, redes sociales y actos públicos, el sur de la Florida se ha convertido en una extensión emocional y política del debate nacional colombiano. La comunidad colombiana en Estados Unidos no es políticamente uniforme. Hay liberales, conservadores, uribistas, independientes, sectores de izquierda y abstencionistas. Sin embargo, en esta coyuntura se percibe una convergencia fuerte, emocional y política, en amplios sectores de la diáspora alrededor de temas como la seguridad, el rechazo al narcotráfico, la preocupación por la economía, la defensa de la propiedad privada y el temor a que Colombia derive hacia modelos políticos similares a los de Venezuela o Cuba. En ese ambiente ha ganado protagonismo Abelardo de la Espriella. Su candidatura ha encontrado eco en una parte significativa de los colombianos en la Florida por su estilo frontal, su discurso de autoridad y su promesa de enfrentar sin ambigüedades al crimen organizado, al narcotráfico y al petrismo.
Las reuniones de “El Tigre” en Estados Unidos se han caracterizado por una mezcla de fervor patriótico, emotividad y sentido de urgencia. Sus actos en el sur de la Florida han llamado la atención por el tamaño de las convocatorias, la intensidad de sus mensajes y la conexión emocional con compatriotas que demandan orden, seguridad y una defensa abierta de valores como Dios, familia, honestidad, respeto por la ley y amor por Colombia Más que una simple adhesión electoral, alrededor de De la Espriella se ha creado una mística política. Para sus seguidores en el exterior, votar no es únicamente escoger un presidente: es reaccionar frente a un modelo de país que consideran fallido y amenazante. Desde esa perspectiva, el voto adquiere una dimensión patriótica y moral. La relación entre Estados Unidos y Colombia también pesa en esta discusión. Para quienes viven en el exterior, la estabilidad de esa relación es una prioridad. Aunque no existe un endoso formal del gobierno estadounidense a ningún candidato colombiano, sí hay hechos políticos que han elevado el perfil internacional de esta elección.
La congresista republicana María Elvira Salazar, una de las voces más visibles del sur de la Florida en asuntos latinoamericanos, ha expresado públicamente su apoyo a De la Espriella y ha pedido garantías para su seguridad. El congresista Mario Díaz-Balart ha manifestado preocupación por las amenazas contra candidatos de oposición, incluyendo Abelardo de la Espriella, y ha advertido sobre el deterioro del clima democrático en Colombia. El senador Rick Scott, por su parte, envió una carta al secretario de Estado Marco Rubio solicitando atención frente al ambiente de violencia, intimidación y riesgo electoral en Colombia. En esa comunicación pidió información sobre esfuerzos de integridad electoral, observación internacional, acción diplomática y planes de contingencia si la violencia escala antes de las elecciones. Marco Rubio, como secretario de Estado, ha mantenido una línea crítica frente al gobierno Petro en temas como narcotráfico, seguridad y relación bilateral. Sin embargo, hasta ahora la posición formal de Washington no ha sido respaldar a un candidato específico, sino insistir en garantías democráticas, seguridad para los candidatos y protección del proceso electoral. El senador republicano Bernie Moreno de origen colombiano, es una de las caras más visibles de la oposición a Petro en Washington, junto con el congresista Carlos Giménez, y se consideran parte de un esfuerzo republicano para que la derecha vuelva al poder en Colombia. Todo esto confirma que la elección colombiana ya no se mira solamente desde Bogotá. También se observa desde Miami y Washington. Lo que ocurra en Colombia tiene impacto hemisférico. Los colombianos en el exterior ya no miran al país únicamente desde la nostalgia. Hoy lo miran con urgencia. Porque entienden que en esta elección no solo se escogerá un presidente, sino también el rumbo moral, político e institucional de una nación entera, y la posición de otros países, como Estados Unidos, frente a la decisión del pueblo colombiano
El Tigre en USA…