Cuando Jaime Aparicio Rodewalt se retiró de las pistas, Colombia creyó que despedía a su más grande atleta. Pero en realidad apenas comenzaba la etapa más trascendental de su vida: la de dirigente, visionario y constructor del deporte moderno colombiano.

Su nombre ya estaba inscrito en la historia desde aquella medalla de oro en los 400 metros con vallas de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946, la dimensión de su legado sería mucho mayor que una hazaña individual. Porque Jaime Aparicio no solo abrió la puerta internacional del deporte colombiano: ayudó a construir el sistema deportivo nacional, encabezando una trilogía de prohombres del deporte, Alberto Galindo Herrera y Jorge Herrera Barona, todos vallecaucanos.

A comienzos de los años sesenta, ya lejos de la competencia activa, regresó a Cali convertido en una figura de enorme prestigio continental. Tenía disciplina europea, espíritu caleño y una comprensión moderna del deporte como herramienta de transformación social. Mientras muchos exdeportistas quedaban atrapados en la nostalgia de sus triunfos, buscaban ser entrenadores , Aparicio entendió que el verdadero desafío consistía en sembrar futuro.

Jaime Aparicio: el hombre que cambió para siempre el deporte colombiano

Cali 1964: el comienzo de una nueva era

El primer gran capítulo de esa nueva vida llegó con el Campeonato Suramericano de Atletismo de 1964 en Cali. Aquella competencia fue mucho más que un torneo: representó la oportunidad de demostrar que la ciudad podía organizar eventos internacionales con eficiencia, pasión y visión. Y lo hizo con el presidente de la Liga Vallecaucana de atletismo , Alberto Galindo Herrera y con el presidente de la Federacion colombiana de atletismo, Humberto Chica Pinzon.

Jaime Aparicio estuvo allí, ayudando a organizar, convocar y consolidar una estructura deportiva que en Colombia todavía era incipiente. No actuaba como una vieja gloria que exigía homenajes; trabajaba como un obrero del deporte. Desde entonces comenzó una relación inseparable con la Liga Vallecaucana de Atletismo y con el desarrollo institucional del deporte regional. Su voz tenía credibilidad internacional; su experiencia olímpica inspiraba respeto; y su carácter sereno generaba confianza.

Aparicio comprendía algo esencial: los grandes atletas no nacen solos. Necesitan escenarios, entrenadores, apoyo estatal, infraestructura y dirigentes honestos. Colombia carecía de casi todo eso. Y él decidió ayudar a construirlo.

El embajador que conquistó los Juegos Panamericanos

En la segunda mitad de los años sesenta surgió el sueño que parecía imposible: llevar los Juegos Panamericanos a Cali. La ciudad todavía era vista como una capital regional alegre y pujante, pero lejana de los grandes circuitos deportivos del continente. Competía frente a urbes con mayores recursos, infraestructura y tradición organizativa. Muchos consideraban la candidatura caleña una aventura romántica, del otro grande, Alberto Galindo Herrera.

Pero había hombres convencidos de que el deporte podía cambiar la historia de la ciudad y del país. Entre ellos, Jaime Aparicio ocupó un lugar central. Se convirtió en uno de los grandes embajadores internacionales de la candidatura de los VI Juegos Panamericanos de 1971. Su prestigio olímpico abría puertas. Su nombre tenía reconocimiento en América. Su palabra era escuchada con respeto por dirigentes deportivos internacionales. Aparicio defendía la candidatura de Cali con pasión y elegancia. No hablaba únicamente de estadios o escenarios deportivos. Hablaba de juventud, de competencia e  integración continental, de modernidad y de esperanza para una nación que necesitaba creer en sí misma. Cuando finalmente obtuvieron la sede en Winipeg 1967, comenzó una revolución urbana, institucional y cultural sin precedentes en Colombia. Y allí, también estuvo el arquitecto….

Jaime Aparicio: el hombre que cambió para siempre el deporte colombiano

La llama que iluminó a Cali

Los Juegos Panamericanos de 1971 transformaron para siempre a Cali y al deporte colombiano. La ciudad se modernizó, surgieron nuevas vías, escenarios deportivos, unidades residenciales y una infraestructura que cambió su rostro urbano. Y en el corazón de aquella fiesta continental estaba Jaime Aparicio.

Fue uno de los líderes deportivos de la organización  técnica como autoridad deportiva y uno de los símbolos morales de los Juegos. Su presencia representaba la continuidad entre la generación pionera del deporte colombiano y el nacimiento de una nueva potencia deportiva regional.

Uno de los momentos más emocionantes ocurrió cuando portó la llama panamericana. Aquella imagen quedó grabada en la memoria de Cali: el hombre que había dado la primera medalla olímpica al país llevando el fuego simbólico de América en la inauguración del evento más importante realizado hasta entonces en Colombia.

Era mucho más que un protocolo……………….Era la unión entre pasado y futuro…….Aparicio entendía profundamente lo que significaban aquellos Juegos: no eran solo competencias deportivas, sino una oportunidad histórica para cambiar la mentalidad nacional y lo logró , a través del deporte

Antes y después de Jaime Aparicio

Con los Juegos Panamericanos nació una nueva estructura deportiva en Colombia. El país entendió que el deporte requería planeación, recursos públicos, institucionalidad y visión de largo plazo, para unise y lo lograron con políticos, empresarios y los dirigentes deportivos. Apareció Coldeportes por ley y compromiso panamericano, entidad que marcaría el desarrollo del deporte colombiano durante décadas, por ello, participó en la escogencia de sus 2  primeros directores, Adolfo Carvajal Q 1968 – 1970  y Humberto Zuluaga M 1970 – 1974, ambos vallecaucanos, soldados de la causa panamericana

No fue casualidad.

Los Panamericanos demostraron que Colombia sí podía organizar, invertir y competir internacionalmente. Y detrás de esa transformación estuvieron hombres como Jaime Aparicio, que durante años habían insistido en la necesidad de construir una política deportiva seria.

Por eso muchos consideran que la historia del deporte colombiano puede dividirse en dos etapas: antes y después de Jaime Aparicio, antes y después de Coldeportes, antes y después de los Panamericanos

Alli, el país comenzó a creer que podía ser protagonista deportivo. Su legado no fue únicamente una medalla olímpica. Fue haber ayudado a cambiar la mentalidad deportiva de una nación.

El arquitecto de edificios y de vidas

Paralelamente a su labor deportiva, Jaime Aparicio retomó su profesión de arquitecto. Y también allí dejó huella. Trabajó con dedicación en Comfandi, institución fundamental en el desarrollo social y urbano de Cali y el Valle del Cauca. Posteriormente, junto a su esposa, Beatriz Jaramillo, emprendió proyectos empresariales y creó una firma constructora dedicada al desarrollo de edificios y obras urbanas.

Aparicio llevaba a la arquitectura los mismos principios que aplicaba al deporte: disciplina, orden, estética y sentido humano.

Jaime Aparicio: el hombre que cambió para siempre el deporte colombiano

Construía espacios para vivir…

Quienes lo conocieron recuerdan su elegancia natural, su educación impecable y su capacidad para conversar de deporte, urbanismo, historia, ciencia o cultura con la misma serenidad. Nunca necesitó estridencias para hacerse respetar.

La astronomía, los hijos, nietos y la serenidad

Con el paso de los años apareció otra de sus grandes pasiones: la astronomía. Jaime Aparicio observaba el cielo con la misma curiosidad con que décadas antes había mirado las pistas olímpicas. Le fascinaba el universo, las estrellas y el misterio del tiempo. Tal vez porque comprendía que la vida humana, como el deporte, es apenas un instante fugaz dentro de algo mucho más grande.

También llegaron los nietos, que iluminaron su madurez con nuevas alegrías. En ellos encontró la continuidad afectiva de una vida marcada por la disciplina y el servicio. Lejos de los homenajes públicos, disfrutó la tranquilidad familiar, las conversaciones pausadas y la satisfacción íntima de haber cumplido una misión histórica.

Porque Jaime Aparicio no vivió únicamente para ganar carreras…….Vivió para abrir caminos.

El adiós de un símbolo eterno

El 7 de mayo de 2026, Colombia despidió a uno de los hombres más importantes de su historia deportiva, quien por su obra, transformó el país a través del deporte y a Cali, como ciudad.

Con su partida no desaparece solamente un medallista olímpico. Se despide un símbolo nacional, un pionero, un dirigente visionario y un ciudadano ejemplar que ayudó a transformar a Cali y al país.

Su vida unió deporte, civismo, arquitectura, familia y cultura en una misma trayectoria de grandeza serena…………………Las pistas olímpicas y los triunfos  lo hicieron inmortal………Pero fueron su liderazgo, su visión y su servicio los que lo convirtieron en leyenda.

Cada atleta colombiano que hoy sueña con una medalla internacional, cada pista construida, cada política deportiva nacional y cada gran evento atlético realizado en Colombia llevan, de alguna manera, la huella silenciosa de Jaime Aparicio R., sin que el se lo propusiera y sin que a veces, no lo reconozcan …………Porque hubo un tiempo en que el deporte colombiano parecía imposible.,,,,Hasta que apareció Jaime Aparicio.

*Amigo de Don Ramis, mi padre. Vivencia desde 1963, hace 63 años, el directivo del Primer campeonato suramericano de atletismo en Cali, donde Jaime Aparicio atendió  a las figuras de  Venezuela: Hortensio Fusil, Arquímedes Herrera y Héctor Thomas.; Argentina: Osvaldo Suárez y Juan Carlos Dyrzka.; Brasil: José Telles da Conceição y Erika Lopes da Silva.; Colombia: Álvaro Mejía Flórez, Pedro Grajales, José Gregorio Neira y Harvey Borrero. Aquel campeonato fue decisivo porque mostró, por primera vez, una fiesta deportiva, que sirvió para que Alberto Galindo Herrera y Jaime Aparicio R. soñaran en la gesta panamericana.

Ramiro Varela Marmolejo