La década de 1950 marcó el surgimiento de la primera gran generación del atletismo del Valle del Cauca, una etapa en la que el departamento comenzó a consolidarse como potencia deportiva en Colombia. En ese proceso sobresalieron dos figuras que simbolizan el inicio de esa historia: Jaime Aparicio Rodewaldt y Germán Lozano.
Aparicio se convirtió en el referente internacional del atletismo colombiano. Su mayor logro fue la medalla de oro en los 400 metros con vallas en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires 1951, un triunfo histórico que proyectó al deporte colombiano en el continente. Su carrera también lo llevó a competir en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 y en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, consolidándolo como el atleta colombiano más destacado de su tiempo.
En paralelo, el fondista Germán Lozano alcanzó reconocimiento internacional al convertirse en el primer colombiano en participar en la tradicional carrera de San Silvestre en Brasil en 1958, una competencia emblemática del atletismo latinoamericano.
Pero el éxito del Valle no se explicó únicamente por estas dos figuras. Alrededor de ellos se formó un grupo de atletas que dominó los Juegos Nacionales de Colombia durante esa década y consolidó el prestigio deportivo de la región.
Uno de los más sobresalientes fue Leonel Pedroza, especialista en velocidad y mediofondo, quien se convirtió en una de las grandes figuras de los Juegos Nacionales de Santa Marta 1950 al obtener seis medallas de oro, contribuyendo decisivamente al triunfo del Valle en esas justas.
También destacó el vallista Guillermo Zapata, considerado uno de los mejores especialistas colombianos de los 110 metros con vallas en los años cincuenta. Su presencia en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 reflejó el crecimiento competitivo del atletismo vallecaucano en el escenario internacional.
En las pruebas de velocidad y relevos sobresalió Alfonso Muñoz Gómez, integrante del equipo colombiano del relevo 4×400 metros en Melbourne 1956, atleta formado en Cali que representó al país en ese ciclo olímpico.
El salto largo tuvo como figura a Alberto Lemos, quien brilló en los Juegos Nacionales de Cali 1954 con registros cercanos a 7,48 metros, una marca notable para el atletismo colombiano de la época.
En las pruebas de resistencia sobresalió Rafael Granados, dominador de competencias de fondo en los campeonatos nacionales de los años cincuenta. Por su parte, Diego Fernández destacó en el triple salto, superando los 14 metros, mientras que Alejandrina Correa se convirtió en una de las principales figuras femeninas del atletismo colombiano al ganar pruebas de velocidad en los Juegos Nacionales de Colombia 1954.
En conjunto, esta generación: Aparicio, Lozano, Pedroza, Zapata, Muñoz, Lemos, Granados, Fernández y Correa, sentó las bases del atletismo vallecaucano moderno. Sus triunfos en competencias nacionales e internacionales consolidaron al Valle del Cauca como el principal semillero atlético del país y prepararon el camino para el desarrollo deportivo que décadas después convertiría a Cali en uno de los centros deportivos más importantes de América Latina.