El atletismo colombiano atraviesa un ciclo de retroceso evidente tras una década de crecimiento entre 2009 y 2019. Los resultados internacionales del período 2022-2025 confirman una pérdida de consistencia competitiva y dejan al descubierto debilidades administrativas y estructurales que van más allá del rendimiento en pista. La disminución de puntos, la baja presencia en finales y la fragilidad del recambio generacional coinciden con un equipo gerencia cuestionado y financieramente crítico.
En el Mundial de Oregon 2022, Colombia obtuvo apenas un punto, el registro más bajo desde que el país comenzó a consolidarse como actor relevante en campeonatos globales, epoca dorada con los medallistas en campeonatos mundiales de atletismo, Luis Fernando Lopez oro, Caterine Ibarguen, 2 oros, plata y bronce , Eider Arevalo oro y Antony Zambrano plata, sin olvidar las preseas olimpicas de Caterine, Antony y Sandra Lorena Arenas, en Londres 2912, Rio 2016 y Tokio 2021, mientras en Paris 2024, no hubo medallas.
Este resultado representó una caída abrupta y marcó el quiebre definitivo de la tendencia ascendente construida durante diez años. Más que un mal campeonato ó Juegos Olimpicos, fue una señal de agotamiento del modelo deportivo vigente, a pesar de tener el relevo generacional aportado por los campeonatos mundiales de atletismo sub 18 Cali 2015 y sub 20 Cali 2022 ).
El Mundial de Budapest 2023 mostró una leve recuperación con 7 puntos frente a Oregon 2022, impulsados principalmente por la medalla de plata de Flor Denis Ruiz en lanzamiento de jabalina. Sin embargo, el balance general siguió siendo limitado: pocos atletas en finales y una alta dependencia de rendimientos individuales aislados. En Tokio 2025, Colombia alcanzó 9 puntos, con el bronce de Natalia Linares en salto largo y un quinto lugar en jabalina, resultados que evidencian competitividad parcial, pero insuficiente para hablar de consolidación o progreso.
Comparado con el período 2009-2019, el cuatrienio 2022-2025 confirma una inversión de la curva de rendimiento. Durante la década anterior, Colombia sostuvo un crecimiento en puntos, presencia constante en finales y medallas en pruebas estratégicas como salto triple, marcha y velocidad. Además, existía una base amplia de atletas capaces de competir a alto nivel, lo que permitía continuidad y planificación. Hoy, esa profundidad no existe. Porque? Falta más trabajo del responsable la Federacion, mejor direccion y mayor apoyo a atletas y entrenadores.
Desde el punto de vista deportivo, los principales problemas son claros: menor número de atletas clasificados a finales, ausencia de figuras capaces de sostener resultados en más de un ciclo y un recambio generacional que no termina de consolidarse. La estructura técnica no ha logrado transformar el talento emergente en rendimiento estable, lo que se refleja en la volatilidad de los resultados y en la dependencia de casos puntuales.
No obstante, la caída deportiva no puede separarse del resultado administrativo. Diversos dirigentes de ligas de atletismo con tradición deportiva han señalado deficiencias en la conducción de la Federación Colombiana de Atletismo, particularmente bajo el liderazgo de Félix Marrugo y Orlando Ibarra. Según estas fuentes, la toma de decisiones se ha concentrado en un círculo cerrado, con escasa participación de las regiones y poca transparencia en la gestión de recursos.
La situación financiera agrava el panorama. La Federación enfrenta una crisis económica grande, con deudas acumuladas, sin pagar y falta de información pública clara sobre ingresos, gastos, contratos y convenios. Las solicitudes formales de información en derecho de petición, no se dan: Ejecución de recursos de Mindeportes, el volumen de avales en carreras de calle por más de $1.000 millones, sin conocer su inversión, más los apoyos internacionales de World athletics, ejecución presupuestal, auditorías y planes de saneamiento, que no han recibido respuesta oportuna, lo que obligó a elevarlas incluso mediante accion de tutela ( Juzgado 35 civil municipal – Radicación No 3531693 ) . Este escenario plantea dudas razonables sobre la capacidad administrativa para sostener procesos deportivos de alto nivel.
De cara a la elección del nuevo comité ejecutivo, prevista para finales de marzo de 2026, preocupa la proyección de continuidad del mismo modelo directivo, una rotacion para el mismo manejo, con Orlando Ibarra como presidente y Félix Marrugo con el compromiso político de ser gerente, sin claridad sobre la viabilidad financiera de dicha estructura. Candidatos con apoyos de ligas, sin una revisión profunda de la gestión, el riesgo es prolongar un esquema que ha coincidido con el descenso deportivo y el deterioro económico.
El atletismo colombiano no enfrenta solo una mala racha competitiva, sino un problema de dirección. Recuperar resultados exige algo más que talento individual: requiere planificación técnica, trabajo en equipo, transparencia administrativa y liderazgo abierto. Sin cambios estructurales, el retorno hacia abajo podría convertirse en una tendencia prolongada, para el ciclo 2026 – 2030.

