En Cali, el control de brotes y epidemias es una tarea permanente que rara vez ocupa titulares, pero que resulta clave para la salud pública. Detrás de cada alerta sanitaria hay un sistema que vigila, investiga y actúa para evitar que una enfermedad se propague sin control. En los últimos dos años, este programa ha tenido un papel central frente a amenazas conocidas y emergentes, desde dengue y enfermedades respiratorias hasta brotes localizados en instituciones educativas y comunidades vulnerables.

El programa de Control de Brotes y Epidemias hace parte de la estrategia de Vigilancia en Salud Pública que lidera la Secretaría de Salud de Cali, en articulación con la red hospitalaria, laboratorios, EPS, IPS y organismos nacionales como el Instituto Nacional de Salud. Su función principal es detectar oportunamente eventos inusuales, confirmar casos, establecer cadenas de transmisión y aplicar medidas para reducir el impacto en la población.

Entre 2023 y 2025, Cali enfrentó un incremento significativo de casos de dengue, asociado a factores climáticos como el fenómeno de El Niño, que favoreció la proliferación del mosquito Aedes aegypti. En respuesta, las autoridades activaron planes de contingencia que incluyeron intensificación de la vigilancia epidemiológica, fumigaciones focalizadas, eliminación de criaderos y campañas comunitarias en comunas con mayor incidencia. Estas acciones permitieron contener picos críticos y reducir complicaciones graves, especialmente en niños y adultos mayores.

Otra experiencia relevante fue el manejo de brotes de infecciones respiratorias agudas, particularmente durante temporadas de alta circulación viral. En colegios, hogares geriátricos y centros penitenciarios se aplicaron cercos epidemiológicos, seguimiento de contactos y recomendaciones de aislamiento preventivo. El aprendizaje más importante ha sido la rapidez de respuesta: actuar en los primeros días del brote ha marcado la diferencia entre un evento controlado y una expansión mayor.

En los últimos dos años también se registraron alertas por enfermedades transmitidas por alimentos y agua, relacionadas con fallas en la manipulación o en el acceso a servicios básicos en algunos sectores. En estos casos, el programa ha coordinado visitas de inspección, toma de muestras, cierre temporal de establecimientos cuando ha sido necesario y educación sanitaria dirigida a comerciantes y comunidades. Estas intervenciones no solo buscan cortar el brote, sino prevenir que vuelva a ocurrir.

Un componente clave del control de brotes en Cali ha sido el fortalecimiento del sistema de información. La notificación obligatoria de eventos de interés en salud pública, a través del Sivigila, permite identificar patrones y actuar con datos en tiempo real. Además, el trabajo conjunto con universidades y centros de investigación ha aportado análisis más precisos sobre el comportamiento de algunas enfermedades en la ciudad.

Para la ciudadanía, saber cómo pedir ayuda es fundamental. Cualquier persona que presente síntomas inusuales, persistentes o que observe varios casos similares en su entorno puede acudir al servicio de salud más cercano. Los profesionales están obligados a notificar los casos sospechosos a la Secretaría de Salud. También es posible comunicarse directamente con las líneas de atención de la Secretaría de Salud de Cali o acercarse a los Centros de Atención Local Integrada en Salud (CALIS) de cada comuna.

En situaciones comunitarias, como brotes en barrios, instituciones educativas o lugares de trabajo, los líderes comunitarios pueden solicitar acompañamiento técnico mediante derechos de petición o a través de los canales oficiales de la Alcaldía. La participación ciudadana es clave: reportar a tiempo, permitir las visitas de los equipos de salud y seguir las recomendaciones reduce riesgos para todos.

El control de brotes y epidemias no es solo una labor institucional, sino un esfuerzo colectivo. La experiencia reciente en Cali demuestra que la vigilancia constante, la respuesta rápida y la corresponsabilidad de la comunidad son las herramientas más efectivas para proteger la salud pública y evitar que una alerta sanitaria se convierta en una crisis mayor.

Ana Lucia Arango M