El sistema de salud en Cali se sostiene sobre un esquema financiero complejo que combina recursos nacionales, aportes locales y la gestión de las Entidades Promotoras de Salud (EPS). Aunque este modelo no es exclusivo de la ciudad, su aplicación en el contexto caleño revela tensiones particulares: alta demanda de servicios, problemas de liquidez en la red hospitalaria y dificultades de acceso para la ciudadanía. Entender cómo se financia la salud local y qué ha pasado en los últimos dos años resulta clave para saber a quién acudir cuando aparecen fallas en la atención.
En términos generales, el financiamiento del sistema de salud en Cali proviene de tres grandes fuentes. La primera son los recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud, principalmente la Unidad de Pago por Capitación (UPC), que el Estado gira a las EPS para garantizar la atención de los afiliados de los regímenes contributivo y subsidiado. La segunda corresponde a los aportes del nivel territorial, en especial los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP), que el municipio destina a salud pública, programas de promoción y prevención, y apoyo a la red hospitalaria pública. La tercera fuente está asociada a cofinanciaciones, convenios y recursos propios de las Empresas Sociales del Estado (ESE), como hospitales y centros de salud.
Durante los últimos dos años, Cali ha vivido un escenario marcado por la presión financiera sobre su red pública. Hospitales como el Universitario del Valle y varias ESE de nivel local han reportado dificultades para sostener su operación debido a retrasos en los pagos por parte de las EPS. Esta situación no es nueva, pero se ha agudizado por el aumento de los costos en insumos médicos, medicamentos y servicios especializados. A esto se suma la carga heredada de la pandemia, que dejó déficits financieros y una demanda acumulada de servicios que aún no se logra absorber por completo.
En respuesta a este panorama, la administración distrital ha impulsado en los últimos dos años planes de saneamiento fiscal y financiero para las ESE, con el acompañamiento del Ministerio de Salud. Estos planes buscan ordenar las deudas, mejorar la facturación y fortalecer la gestión administrativa de los hospitales públicos. También se han priorizado recursos para programas de salud pública, como vacunación, atención materno-infantil, salud mental y control de enfermedades crónicas, áreas que dependen en gran medida del financiamiento local.
Otra experiencia relevante ha sido el fortalecimiento de la atención primaria en salud en barrios y comunas con mayores niveles de vulnerabilidad. A través de equipos extramurales y centros de atención básica, el Distrito ha tratado de reducir la presión sobre los hospitales de alta complejidad. Sin embargo, estos esfuerzos siguen dependiendo de una financiación estable y oportuna, que no siempre se logra cuando existen retrasos en los giros nacionales o incumplimientos de las EPS.
Para la ciudadanía, el funcionamiento financiero del sistema suele ser invisible hasta que aparece un problema: una cita que no se asigna, un procedimiento negado o un medicamento que no llega. En estos casos, es importante saber que existen rutas claras para pedir ayuda. El primer paso siempre debe ser acudir a la EPS, dejando constancia escrita de la solicitud. Si no hay respuesta o esta es negativa sin justificación, el usuario puede acudir a la Superintendencia Nacional de Salud, que tiene canales presenciales y virtuales para recibir quejas y reclamos.
A nivel local, la Secretaría de Salud de Cali cumple un papel clave como autoridad sanitaria. Aunque no reemplaza a las EPS, sí puede orientar a los ciudadanos, verificar fallas en la prestación del servicio y activar procesos de inspección, vigilancia y control. Además, la Personería de Cali y la Defensoría del Pueblo ofrecen acompañamiento jurídico gratuito, especialmente en casos donde se vulnera el derecho fundamental a la salud.
En los últimos dos años, también se ha mantenido el uso de la acción de tutela como mecanismo efectivo cuando las demás vías no funcionan. Si bien no debería ser la regla, en la práctica sigue siendo una herramienta frecuente para garantizar tratamientos, cirugías o medicamentos urgentes.
El financiamiento del sistema de salud en Cali, más que un tema técnico, tiene efectos directos en la vida cotidiana de sus habitantes. La experiencia reciente muestra avances en gestión y control, pero también evidencia que los problemas estructurales persisten. Para el ciudadano, conocer cómo se mueve el dinero de la salud y a qué instituciones acudir puede marcar la diferencia entre una espera indefinida y una atención oportuna.