La salud ambiental es uno de los ejes menos visibles, pero más determinantes de la calidad de vida urbana. En Cali, este campo articula acciones sobre agua potable, calidad del aire y control de vectores, con impactos directos en enfermedades respiratorias, gastrointestinales y transmitidas por insectos. Durante los últimos dos años, la ciudad ha mantenido y ajustado varios programas que permiten observar avances, pero también retos persistentes.

En el componente de agua, la prioridad ha sido garantizar la potabilidad y la vigilancia de las fuentes de abastecimiento. La Secretaría de Salud Pública, en coordinación con Emcali y la autoridad ambiental, ha reforzado el monitoreo del Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA) tanto en la red urbana como en zonas rurales y corregimientos. En barrios con redes antiguas o problemas de presión, se han realizado muestreos adicionales y jornadas de información a la comunidad sobre almacenamiento seguro del agua. En el último par de años, estas acciones han permitido identificar puntos críticos y reducir eventos asociados a consumo de agua no apta, aunque persisten dificultades en sectores con conexiones informales o infraestructura deteriorada.

La vigilancia del aire ha sido otro frente clave. Cali cuenta con estaciones de monitoreo que miden contaminantes como material particulado (PM10 y PM2.5) y gases asociados al tráfico y la actividad industrial. En 2023 y 2024, los reportes mostraron episodios recurrentes de mala calidad del aire en corredores viales de alto flujo y en zonas cercanas a actividades industriales. Como respuesta, la ciudad fortaleció los boletines públicos de calidad del aire y las alertas preventivas, especialmente dirigidas a población sensible como niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias. Estas experiencias han evidenciado la necesidad de articular la salud ambiental con la movilidad y el ordenamiento territorial.

El control de vectores ha sido uno de los programas con mayor contacto directo con la comunidad. Enfermedades como dengue, zika y chikunguña continúan representando un riesgo en temporadas de lluvia. En los últimos dos años, las brigadas de salud han intensificado visitas casa a casa en comunas priorizadas, realizando inspección de depósitos de agua, aplicación focal de larvicidas y educación comunitaria. Además, se han desarrollado campañas en instituciones educativas y espacios comunitarios para promover la eliminación de criaderos. Estas acciones han permitido contener brotes localizados, aunque la sostenibilidad depende en gran medida de la participación ciudadana.

Un aprendizaje relevante de este periodo ha sido la importancia de la información oportuna. Las autoridades han avanzado en la publicación de datos y en la articulación con líderes comunitarios, lo que ha facilitado respuestas más rápidas ante quejas por olores, vertimientos, proliferación de mosquitos o posibles riesgos sanitarios. Sin embargo, la percepción ciudadana sigue señalando demoras en la atención de algunos casos, especialmente en zonas periféricas.

Para quienes necesitan solicitar apoyo o reportar una situación de salud ambiental en Cali, el primer paso es identificar el tipo de problema. En casos relacionados con agua potable, saneamiento básico o vectores, se puede acudir a la Secretaría de Salud Pública municipal a través de sus canales de atención al ciudadano, tanto presenciales como virtuales. Las quejas por calidad del aire, emisiones o vertimientos también pueden dirigirse a la autoridad ambiental, adjuntando ubicación, descripción clara del hecho y, de ser posible, evidencia fotográfica.

Otra vía es el uso de las líneas de atención de la Alcaldía de Cali y los puntos de atención en los Centros de Salud, donde orientan sobre el trámite correspondiente. En situaciones que representen un riesgo inmediato para la salud, como brotes de enfermedades o contaminación evidente del agua, se recomienda reportar de forma inmediata para activar visitas técnicas.

La experiencia reciente muestra que la salud ambiental en Cali no depende solo de programas institucionales. El control de vectores, el uso responsable del agua y la reducción de fuentes contaminantes requieren corresponsabilidad. La ciudad ha avanzado en diagnóstico y respuesta, pero los retos estructurales siguen presentes. Entender cómo funcionan estos programas y cómo acceder a ellos es un paso clave para que la salud ambiental deje de ser un tema técnico y se convierta en un asunto cotidiano para los ciudadanos.

Ana Lucia Arango M