La versión número 68 de la Feria de Cali ya no tendrá como escenario principal la Calle 25 entre carreras 4 y 11B, como lo había anunciado la Alcaldía Distrital, sino que sus desfiles principales volverán a la Autopista Suroriental, donde se ha realizado durante los últimos años
La Feria de Cali, evento cultural y ritual colectivo que da el pulso de la ciudad. Por eso cualquier cambio en su estructura genera tensiones, expectativas y, como ocurrió este año, rectificaciones. Después de semanas de problemas e incertidumbre, la administración distrital confirmó que los desfiles centrales regresan a la Autopista Suroriental, su escenario tradicional durante 17 años, pese a que inicialmente se había anunciado su traslado a la Calle 25, contiguo al barrio Obrero, como lo queria el alcalde,
El anuncio inicial de llevar el corazón de la Feria a la Calle 25 buscaba simbolizar la recuperación del espacio público y la descentralización cultural bajo el lema “Feria Pa’ Todos”. Pero la propuesta nació sin suficiente maduración urbanística ni ambiental. Grupos ciudadanos y organizaciones ambientales advirtieron los riesgos de intervenir la franja arbórea del corredor, y cuestionaron que se ensayara un cambio tan profundo sin los tiempos de diseño, consenso y mitigación necesarios. La decisión de la Alcaldía y Corfecali de revertir parcialmente el plan , es una buena decision, pero confirma que la improvisación, en una ciudad tan frágil en materia de movilidad y sostenibilidad, siempre pasa factura.
Con los ajustes anunciados, entre el 25 y el 28 de diciembre la Autopista Suroriental entre carreras 56 y 39 volverá a ser el eje de los 4 grandes desfiles: el Salsódromo, ‘Fiestas de mi Pueblo’, Autos Clásicos y Antiguos, y el tradicional Carnaval de Cali Viejo. Es un retorno a la experiencia conocida, que ofrece capacidad logística, visibilidad internacional y un corredor ya probado para recibir cientos de miles de asistentes.
Pero el giro también abre espacio para un componente valioso: el renacer del “Agüelulo” en el barrio Obrero y la activación cultural de la Calle 25 entre carreras 10 y 15. Allí, sin graderías intrusivas, se realizará la “Calle de la Feria” con conciertos al aire libre los días 29 y 30, recuperando la esencia histórica de la rumba caleña y devolviendo protagonismo a un sector emblemático de la salsa.
Este equilibrio tradición en la Autopista y experimentación controlada en el Obrero podría ser una ruta sensata. Cali necesita innovar, sí, pero no a costa de decisiones apresuradas que pongan en riesgo su movilidad, su arbolado o la seguridad de los asistentes. Una mejora cultural que todos soñamos exige planificación seria, concertación y estudios técnicos.
La Calle 25 podrá ser, en el futuro, el nuevo escenario de la Feria. Pero debe lograrse con tiempo, consenso y diseño urbano. Improvisar no es una opción para una fiesta que representa la identidad caleña ante Colombia y el mundo
