Colombia entró en modo campaña presidencial, las dos primeras encuestas apenas delinean un triángulo inicial: Iván Cepeda capturando el voto duro del Pacto Histórico, el “tigre” Abelardo de la Espriella, encarnando la derecha radical, y Sergio Fajardo representando una franja de centro que reaparece en cada transición. Pero el país tiene más de cinco decenas de aspirantes viables, muchos sin estrenar todavía maquinaria ni narrativa. Por eso, más que aventurar predicciones sobre el próximo inquilino de la Casa de Nariño, el ejercicio de este momento es evaluar el estado del gobierno saliente, porque define buena parte del clima electoral.
El balance del gobierno Petro no es simplemente negativo: es la historia de una autoderrota política, construida decisión tras decisión, error tras error, hasta configurar un desenlace que ninguna oposición habría podido manufacturar por sí sola. El propio gobierno se encargó de destruir sus banderas, fracturar su coalición y desdibujar su promesa de cambio. El resultado: 29 grandes derrotas frente a apenas 6 ganancias reales.
- Las 27 pérdidas: el inventario de un fracaso
- La bandera anticorrupción, hecha trizas. El caso UNGRD fue un golpe moral devastador. No solo destruyó su credibilidad ética, sino que instaló la idea de que la corrupción también se expandió bajo el “gobierno del cambio” y tumbó a sus aliados en cámara y senado, puso a pelear a sus hombres de confianza, hoy delatores del desastre.
- La muerte política de la reforma a la salud.Su gran promesa social terminó hundida, dejando al gobierno sin proyecto estructural y sin coalición, a pesar de tener la razón, porque muchas EPS, se robaron la salud, pero al paciente le fue peor.
- La crisis de la Lista Clinton. Una humillación diplomática sin precedentes para un mandatario en ejercicio, cuyo desenlace puede llevar , hasta denuncias penales en USA, de Petro , familiares y amigos políticos.
- Bombardeos con menores muertos, El discurso del “gobierno de la vida” quedó muy comprometido de raíz, incoherencia frente a la actitud de Petro y sus aliados en el pasado gobierno..
- Educación: la gran deuda social. Los más pobres no vieron mejoras. Indicadores estancados, programas fragmentados. Universidsades a ultima hora, sin viabilidad financiera, no es solución. El tema de calidad y Fecoses, etc, queda sin resolver
- Cinco rectificaciones judiciales. Una situación jamás vista en un presidente colombiano, donde evidencia , multiples errores de verborrea.
- Rotación ministerial descontrolada: Interior, Hacienda, Educación, Agricultura, Cultura, Deporte, Justicia, etc, … un gabinete en ruinas, con 4 ministros / ministerio en 4 años.
8–11. Exageradas cisis internas sin resolver ante la opinión publica, nombramientos mediocres y escándalos familiares, Ministros enfrentados, Sarabia, Benedetti, Leiva, la Primera Dama fuera del país y el caso de Nicolás Petro: un desorden inédito.
- Abandono de la informalidad laboral, El sector más necesitado quedó sin soluciones y es lo que desafortunadamente muestra un desempleo tercermundista
, pero no critico, que está en que el 50% de los colombianos no tienen protección social, menos empleo estable.
13–15. Señales económicas erráticas. Caída de la inversión, incertidumbre fiscal, errores estratégicos como renunciar al gas propio.
- El megáfono en Nueva York. El episodio tremendista , que marcó el punto más bajo de su imagen internacional, enfrentamiento directo con el estado mas poderosos del mundo.
- Pérdida de los Juegos Panamericanos Barranquilla 2027. Un fracaso que evidenció improvisación y falta de gestión, para una region, afecta a sus intereses políticos y filiales.
18–20. Crisis institucional y contradicciones éticas El presidente del Senado preso, la vicepresidencia muy cuestionada, criticando a su jefe, incluido el gobierno y la compra billonaria de aviones, muy sospechosa.
21–22. Infraestructura y vivienda paralizadas. Colapso de la VIS y VIP, para los pobres, frenazo en vías 4G y 5G.
23 y 24: Deporte y cultura, un desastre en ministros sin el perfil adecuado, inestabilidad y sin realizaciones respecto al programa de gobierno.
25–26 La “Paz Total”: fracaso político y de seguridad. Aumento de secuestros, extorsión y control territorial de alzados en armas.Aun se está esperando la paz en 1 mes con ELN.
27–28. Aislamiento, contradicciones discursivas y deterioro de la confianza. Gremios, regiones y mercados desconectados del gobierno; la confianza institucional en su punto más bajo en dos décadas.
- El balance político del gobierno Petro está marcado por la urgente necesidad de una profunda reforma política para superar la corrupción estructural y el desorden institucional que limitan la gobernabilidad y la democracia en Colombia. Lo que no logró.
En conjunto, estas 29 pérdidas configuran no un desgaste natural, sino un colapso político autoinfligido.
- Las 6 ganancias: logros reales pero insuficientes
- Entrega de tierras. Un avance social tangible, aunque limitado frente a las promesas originales.
- Primeros pasos en transición energética. Líneas técnicas y marcos conceptuales, aunque sin ejecución sólida.
- Reducción de la pobreza monetaria, que bajó del 41% en 2012 a 31,8, además, 1,1 millones de colombianos salieron de la pobreza extrema.
- Crecimiento económico sostenido, con un crecimiento del PIB alrededor del 2,7% en 2025, destaca un crecimiento del 7,1% en agricultura y del 7% en textiles y confecciones.
- Control efectivo de la inflación, que bajó del 13% en 2022 a cerca del 5% en 21 meses, con una reducción destacada en los alimentos.
- Aumento del salario mínimo real en alrededor del 11%, que ha contribuido a la reactivación del consumo interno y la economía.
Estos 6 logros, aunque importantes, son demasiados pequeños frente al tamaño del proyecto que Petro prometió.
III. Balance final: 29–6
El gobierno Petro termina con más sombras que luces. Sus principales banderas paz, anticorrupción, igualdad, educación, vivienda, empleo, etc, quedaron debilitadas o rotas. Pero, sobre todo, termina atrapado en sus propias incoherencias: un discurso transformador acompañado de decisiones erráticas, improvisación constante y alianzas tóxicas.
La consecuencia política es clara: la narrativa de cambio, que en 2022 parecía invencible, llega a 2026 desgastada, fracturada y sin dueño.
Por eso la campaña presidencial actual empieza sin un heredero natural del petrismo y con un electorado desconfiado, polarizado y fatigado. En este vacío, surgen múltiples aspirantes —más de cincuenta— que pretenden ocupar la centralidad que el gobierno dejó libre.
Colombia entra a una campaña definitoria con un gobierno saliente que deja más preguntas que respuestas y un país que vuelve a buscar rumbo


