Pese a la corrupción generalizada y los preocupantes problemas que enfrenta una ciudad como Cali (inseguridad, caos vial, urbano y arquitectónico, mal comportamiento, e irrespeto por los otros) la ciudad no se detiene; cabe preguntarse entonces, que es lo que lo impide, y la respuesta debería ser evidente: la vida en ella no se detiene y su diversidad la favorece, lo que genera su continuidad pese a todo; tanto la de la ciudad física, el artefacto, como la de sus diversos habitantes y sus distintas actividades. Y por supuesto la solución de dichos problemas debería enfocarse a impulsar esos tres aspectos -vida, diversidad, continuidad- antes de pasar a resolverlos puntualmente.

         Fortalecer la seguridad en toda la ciudad, mas no apenas contra la generada por la delincuencia y el narcotráfico, sino también contra los accidentes de tránsito (que causan más muertes) y otras amenazas como terremotos, incendios e inundaciones. Desde luego que hay que aumentar la vigilancia virtual, como también el pie de fuerza de la policía, pero sería más conveniente que fuera mediante la creación de una Policía Municipal a partir de los guardias de tránsito actuales, que pasaría a controlar no apenas el tránsito sino también a vigilar el correcto comportamiento de la gente en la calle, y que los usos del suelo y las construcciones sean los autorizados.

         Agrupar las diversidades culturales que existen en Cali, debidas a la distinta procedencia de sus actuales habitantes, sus diversos niveles socioeconómicos y de educación, sus variadas ocupaciones, y sus diferentes aspiraciones, concretando las varias ciudades dentro de la ciudad en las que espontáneamente se han localizado, y si es necesario crear nuevas; unidas por un eje urbano-regional a lo largo del actual corredor férreo, y otro a los dos lados del Río Cali. Para consolidar esas ciudades dentro de la ciudad, hay que fortalecer sus subcentros con todo el equipamiento urbano requerido que les haga falta, y dotarlas de alcaldías locales, las que se sumarían a las juntas de acción comunal, JAC, ya existentes.

         Dar continuidad a las actividades que se llevan a cabo actualmente en Cali, casi todas enfocadas a los servicios y a las actividades agropecuarias del valle alto del río Cauca, es por supuesto lo primero; pero además es preciso buscar nuevas actividades en función de los rápidos cambios que en el campo laboral se están produciendo, debidos a la generalización de la robótica y a la inteligencia artificial, IA, y orientarlas a las artesanías creativas y el turismo dirigido a la biodiversidad. Y entender que Cali es el centro de la subregión del suroccidente del país, y por eso la importancia de su conexión con Buenaventura; ya que es el puerto de Colombia hacia China y la India.

         Todo lo anterior -seguridad, diversidad, continuidad- es preciso considerarlo partiendo de que la ciudad es el artefacto más sus habitantes y sus actividades; tres aspectos totalmente diferentes, pero estrechamente entrelazados, y del todo dependientes cada uno de los otros dos, por lo que más que una suma hay que ver la ciudad como una multiplicación. Por lo demás, las ciudades, y por lo tanto esos tres aspectos, dependen de la política (que no fue por casualidad surgió con las ciudades) la que actualmente está en crisis en el mundo, los países, las regiones, los departamentos y las ciudades, debido a la polarización, la demagogia y la corrupción.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.