Este domingo se puede calificar como El Domingo de la Fe.

“Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería, nos relata Lucas en su evangelio y, “el justo vivirá por su fe” lo escuchamos en la lectura de Habacuc. En Pablo a Timoteo (2ª Lec) lo anima a vivir con fe y amor cristiano.

En nuestro acontecer diario, la fe se emplea condicionalmente. Si bien no la aplicamos a lo divino, sí, y en gran medida a creer en las noticias que nos sirven cuotidianamente. Como seres inteligentes tenemos que filtrar la noticia para que no sea una falsa noticia, (fake news). Hoy día hay muchas noticias y puede que alguna sea verdad.

El asentimiento de la fe, conduce al cristiano a la confianza que dimana de la VERDAD REVELADA, Cristo el Señor, e impulsa a ser servidores de la justica en el mundo

La expresión clásica de: “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”, es un recurso para que la virtud teologal se conserve y, en la medida del asentimiento cristiano, aumente.

Con la confianza que nos da la fe, pidamos a Dios ser imagen suya en el mundo.

XXVII Domingo del tiempo ordinario  –  5 de octubre de 2025

 

Primera lectura

Lectura del Profeta Habacuc: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas,

te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?

 

Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.

 

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo: Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. 

 

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.

 

Reflexión del Evangelio de hoy

 

La petición de los apóstoles en el Evangelio, viene a concordar con parte de los cristianos La poca fe que pueda tenerse, solo el Señor puede aumentarla, no solo “cuantitativamente”, sino, y mejor “cualitativamente”.

La calidad de la fe de todo discípulo del Señor, hará que las obras de misericordia, las bienaventuranzas –practicadas como lo hacía Frassati, el santo dominico terciario, “el hombre de las ocho bienaventuranzas” en palabras de San Juan Pablo II- anima al cristiano a ponerse al servicio del dueño de la mies, sin miedo a los trabajos, violencias y catástrofes, que nos puedan venir, como al profeta Habacuc.

Siervos inútiles somos, que tenemos que implorar al Señor que aumente nuestra y quitar el miedo de dar la cara por Dios, siendo fieles a su voluntad.

A medida que nos adentramos en el cumplimiento de los deberes derivados del seguimiento de Cristo, y vamos descubriendo el proyecto de Dios en nosotros y lo que ello conlleva, tendremos necesidad de aumentar nuestra fe, dándole mayor cabida y superando la fe infantil que pueda haber en nuestro corazón. Asentando así nuestra confianza en el Dios de Jesucristo.

A lo largo del camino de la vida, en los momentos de duda y oscuridad, harán que la súplica Señor: “auméntanos la fe”, abra el corazón y la mente al Espíritu Santo haciéndolas desaparecer.

La falta de verdad y de justicia, hinchan el alma del injusto, pero la del justo vivirá por la fe (1ª Lect.).

La fe alimenta la confianza en la promesa divina, y a pesar del silencio de Dios en el mundo, han de ser causa de su aumento de la presencia del Señor y fidelidad a su voluntad en nuestra vida.

Como don, que es la fe, es necesaria la oración de súplica para mantenerla, y aumentarla.

La falta de fe y confianza en Dios, arrastra nuestro mundo al secularismo que lo invade y Dios pasa a ser innecesario. El grito del profeta Habacuc “¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?” al hacerlo actual da a esperanza de que el Trascendente sea tenido en cuenta en el mundo. La confianza que da la fe en la Palabra de Dios, llena el alma del Espíritu Santo, y nueve al discípulo de Cristo a hacer del mundo morada de Dios entre nosotros. Somos siervos inútiles , al servicio del Señor trabaja en la construcción de la Ciudad de Dios (S: Agustín)

En el encuentro eucarístico con el Señor y los hermanos, viviremos la fe en comunidad, haciéndola crecer por la escucha de la Palabra de Dios y la participación en el Pan del Cielo.

Hemos de preguntarnos, ¿cómo desde nuestra oración, -personal y comunitaria-, pedimos al Señor que la confianza en Él, nos lleve a ser verdaderos siervos suyos para el mundo?

La respuesta estará en proporción directa a la oración y la comunión del Alimento Eucarístico que serán fuerza que anime a transmitir la alegría del Señor en el mundo.

Hector de Los Rios