Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla están gobernadas por alcaldes con un perfil de derecha que comparte una visión similar en lo económico, social y político. Sin embargo, sus ciudades , tienen características similares: altísimos niveles de desigualdad social, persistencia de necesidades básicas insatisfechas, una deuda histórica con la educación, el empleo, la cultura  y la vivienda, etc. Estas urbes, que deberían liderar la modernización y competitividad del país, permanecen atrapadas en problemas estructurales sin resolver, como la violencia, inseguridad ciudadana, ausencia de infraestructura sostenible. etc.. La falta de un modelo integral de desarrollo urbano ha hecho que las promesas de equidad y progreso queden relegadas, mientras amplios sectores de la población continúan en la informalidad y la exclusión. La percepción ciudadana podrá reflejar cansancio frente a gobiernos que no logran cerrar esas brechas sociales, económicas, como ciudades tercermundistas.

El péndulo político….

En este escenario, resulta lógico que opere la llamada “ley del péndulo”, donde tras un ciclo de gobierno de derecha, las mayorías comiencen a inclinarse hacia la izquierda en busca de alternativas que respondan a sus demandas insatisfechas. Bogotá y Cali se perfilan como los escenarios probables para este giro, pues sus ciudadanos han vivido con intensidad el contubernio alcaldia – concejo, olvidandose de las mayorias ciudadanas, en el gravisimo problema de la creciente desigualdad urbana. En la capital vallecaucana, el eventual sucesor de Alejandro Éder podría surgir del Pacto Histórico, donde ya se mencionan nombres con arraigo popular, como el senador Alexander López y la vicepresidenta Francia Márquez. Ambos representan discurso de avanzada social, inclusión y transformación que conecta con el clamor de los barrios marginados, que se van a enfrentar a Clara Luz Roldan y el chontico Ortiz. Así, el desgaste de la derecha abre espacio a un nuevo ciclo político que podría modificar el mapa electoral de las ciudades.

Hito histórico

El Tren de Cercanías del Valle, con respaldo definitivo del Gobierno Nacional, marca un punto de inflexión en la movilidad sostenible de la región. El proyecto conectará a Cali con Jamundí en un recorrido de 23-24 kilómetros, con 21 estaciones y 18 trenes eléctricos, que movilizarán a más de un millón de pasajeros diarios, reduciendo los tiempos de desplazamiento en un 33 % y disminuyendo las emisiones. Su impacto trasciende lo técnico: representa la oportunidad de corregir la trayectoria de 30 años de fracasos que ha tenido Cali en infraestructura ( 1994 – 2025 ), con Termoemcali, el MIO, las 21 Megaobras,  el Corredor Verde, Mi comunidad es Escuela y los parques del alcalde Ospina. Por eso, blindar tecnica y jurídicamente la ejecución es crucial para garantizar que este hito no termine en otro retroceso. Y todo arrancará en un documento CONPES del mes de octubre del 2025, que sepa interrelacionar la estructuracion economica, financiera, que depende de lo tecnico.

Integración estructural del MIO y plan de salvamento

El éxito del Tren de Cercanías va a depender de integrar obligatoriamente al Sistema de Transporte Masivo de Cali MIO, dentro del convenio de cofinanciación del 2025. El MIO atiende a la mayoría de la población vulnerable estratos 1 a 4 que hoy ha sido lanzada a la moto, al transporte informal por la falta de soluciones. Se propone un plan de salvamento en 3 meses, con rediseño de rutas, integración técnica con el tren, modelo tarifario equilibrado, fuentes extratarifarias y blindaje jurídico ( Se leyó ?, fuentes extra – tarifarias). El cronograma exige resultados: en octubre la firma del convenio, en noviembre la entrega preliminar del plan y en febrero de 2026 la validación definitiva.

La condición es clara: sin un MIO reestructurado y jurídicamente seguro, el Tren dificilmente será sostenible ni transformará la movilidad metropolitana.

El vacío histórico de planeación

Colombia y sus ciudades enfrentan un desorden urbano estructural que se ha consolidado durante décadas, producto de la ausencia de una planeación económica, social y ambiental de largo plazo. La falta de un marco constitucional que obligue a la continuidad de proyectos estratégicos convierte a los planes de ordenamiento territorial en documentos frágiles, sujetos a los intereses políticos de turno. El caso de Cali, es el ejemplo, de POTs, al vaiven de intereses cortoplacistas. El resultado es un crecimiento urbano desordenado, periferias expandidas sin servicios básicos, transporte masivo insuficiente y un espacio público deteriorado. A ello se suman problemas como la corrupción estructural, la inseguridad y la deficiente educación, que fragmentan la inversión y reducen la confianza ciudadana.

Así, mientras el mundo avanza hacia urbes sostenibles y competitivas, Colombia y sus ciudades siguen atrapadas en la improvisación y la desarticulación institucional.

Tokio y Cali: Contrapuestos

Tokio, con más de 14 millones de habitantesen lo urbano, representa la cúspide del orden, la disciplina y la sostenibilidad. Su envejecida población, donde más del 23% supera los 65 años, ha impulsado la creación de sistemas de transporte accesibles, infraestructura inclusiva y servicios de salud avanzados. La limpieza de sus calles refleja una cultura ciudadana ejemplar, donde el reciclaje alcanza cifras superiores al 80%. En materia de seguridad, Tokio se ubica entre las urbes más seguras del planeta, con apenas un centenar de homicidios al año. El silencio y la regulación del espacio público contribuyen a una convivencia ordenada, reforzando la confianza social. Tokio es, así, un laboratorio global de cómo la disciplina colectiva y la institucionalidad sólida pueden sostener una vida urbana eficiente, armónica y sostenible en pleno siglo XXI.

Retos de informalidad y desigualdad

Cali, con cerca de 2,5 millones de habitantes, enfrenta realidades muy distintas. Su población es jovenes apenas el 11% supera los 60 años, lo que plantea urgencias en empleo, educación y prevención de violencia. La ciudad arrastra problemas de ocupación informal del espacio público, suciedad y un sistema de reciclaje sostenido más por los recicladores informales que por políticas estables. En seguridad, aunque las tasas de homicidios han disminuido, siguen siendo altísimas, con cerca de 1.000 casos anuales, reflejo de la desigualdad, el narcotráfico y las economías ilegales. El ruido cotidiano, visto culturalmente como expresión social, contrasta con el silencio regulado de Tokio. Cali busca superar déficits históricos en planeación, cohesion social, vias vehiculares  y peatonales. El contraste revela una deuda estructural: mientras Tokio consolida estándares del futuro urbano, Cali sigue luchando por resolver sus problemas más básicos de equidad, sostenibilidad y justicia social.

Un pacto nacional de planeación urbana

La única salida a este rezago es un pacto constitucional que garantice planeación de largo plazo, técnica y vinculante. Los alcaldes de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena deben liderar un acuerdo nacional urbano que deje atrás el statu quo, derrotando la politiquería y la corrupción que frenan el desarrollo. Más allá de ideologías, corresponde comprometerse con proyectos estratégicos que aseguren viabilidad económica, social y ambiental por décadas, no solo por periodos electorales. La ciudadanía debe exigir continuidad, transparencia y resultados reales, rebelándose frente a gobernantes ineficientes. Sin este viraje histórico, Colombia seguirá condenada a la desigualdad y el atraso urbano, muy lejos de convertirse en una nación desarrollada y competitiva hacia el 2050.

Los alcaldes, Galán, Fico, Eder y Char , tienen la palabra, convocar sectores ciudadanos, politicos, gremiales y empresariales, a resolver el largo plazo.

Alianza por la seguridad de Cali

El concejal de Cali, Juan Felipe Murgueitio, anunció una inversion de $35.000 millones en videovigilancia , gracias a un informe politico de un sistema vidovigilancia en el Concejo, la alcaldia y la    secretaria de Seguridad de la ciudad a cargo de Jairo Garcia,para  fortalecer la tecnologia y los proyectos destinados a la protección ciudadana. Esta unión busca integrar esfuerzos políticos e institucionales para enfrentar de manera más eficaz los altos índices de violencia, la delincuencia organizada y la inseguridad en los barrios. Con una agenda de atender lo importante y urgente, se están diseñando programas preventivos, planes de intervención en zonas críticas y proyectos de tecnología aplicada a la seguridad. El objetivo común es brindar confianza a la comunidad caleña y consolidar una ciudad más segura y resiliente.

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 Fundación histórica en Tokio

Tokio fue el escenario donde el deporte universitario latinoamericano dio un salto histórico, con enfoque en nuevos novedosos proyectos. El 16 de septiembre de 2025, en una asamblea sin precedentes, bajo el liderazgo del colombiano Ramiro Varela y el chileno, Juan Luis Carter, se constituyó la Federación de Atletismo Universitario de Latinoamérica y el Caribe (FAULAC). Participaron 18 países y 234 entrenadores, profesores y dirigentes deportivos, consolidando la primera federación internacional deportiva con sede en Colombia. Lo que antes parecía un sueño disperso, hoy se convirtió en una institución continentak para enfocarse en lo nacional, regional y urbano, capaz de proyectar al deporte desde las aulas escolares y universitarias hasta los escenarios globales. Democráticamente, se aprobaron estatutos y estructuras de gobierno, con especialistas en deporte que entienden que la unión entre educación y atletismo es la clave para transformar el futuro de cientos de miles de jóvenes de la región.

Sede en Cali y liderazgo en libro global

La asamblea fundacional no solo adoptó los estatutos y la estructura de la Federación de atletismo de Latinoamérica FAULAC, también definió su rumbo. Cali, reconocida por su tradición deportiva y por haber organizado dos campeonatos mundiales de atletismo (sub-18 en 2015 y sub-20 en 2022), fue designada como sede oficial. Allí se coordinarán los proyectos estratégicos y planes de integración continental. El Comité Ejecutivo quedó presidido por el colombiano Lino Ramiro Varela Marmolejo, acompañado por Manuel Bravo Calderón (Ecuador) como vicepresidente, Juan Luis Carter Beltrán (Chile) como secretario general y vocales, Calixto Sierra de Honduras, Marcos Melazzi de Uruguay, Elena Mantilla del Perú y Rubia Margarita Quintanillo de Venezuela. El revisor fiscal , Ing economico de Arica Chile, Bernardo Espinoza, un equipo que refleja el espíritu de integración regional que inspira a FAULAC.

Además, Jon Ridgeon, CEO de World Athletics, y Mike Sands, miembro del Consejo de WA, recibieron de las directivas el libro que sustenta académica y científicamente el proyecto “Formar entrenadores: Experiencias, desafios y proyecciones del atletismo latinoamericano”. Esta dirección colectiva refleja el espíritu de cooperación regional que inspira a FAULAC.

Proyección y misión continental

Más que una federación, FAULAC nace como un puente entre universidades, profesores, entrenadores y estudiantes, con la misión de llevar el atletismo universitario a competencias de talla mundial como los Juegos Universitarios de la FISU y los certámenes de World Athletics. Desde Cali se pondrá en marcha el primer plan piloto: la Milla Urbana, un evento que busca articular la escuela, la universidad y la comunidad, sembrando una cultura deportiva basada en valores como inclusión, disciplina y equidad de género. La estrategia apunta a consolidar un modelo sostenible que no dependa de recursos estatales, sino de la creación de un mercado deportivo competitivo.

Así, Latinoamérica abre un capítulo inédito: tener una federación universitaria de atletismo que promete desde lo escolar, transformar el deporte en industria y en motor educativo.

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