El pasado 21 de agosto, en una avenida congestionada de personas, ocurrió un nuevo acto de barbarie: hacen estallar un carro con pólvora causando la muerte a 6 personas, 72 heridos, daños materiales en 80 bienes inmuebles cercanos a la Base Aérea, entonces “se explica se disculpa el acto” como una agresión contra ese cuerpo militar y volvemos a la rutina de dolor: enterrar vidas, truncar ilusiones, dolor en las familias y arreglar bienes materiales para que la vida siga con el título deshonroso de ser la ciudad más violenta del país.

Es urgente pensar como cuerpo social agredido: quienes vivimos en Cali, NO merecemos ese desprecio por la vida:

  • Cali, desde siempre ha recibido a millones de personas que huyen de la violencia, que padecen en sus territorios,
  • Cali, alberga a numerosas personas que provienen de la costa pacífica, porque no tienen empleo y los adopta con esfuerzo, van prosperando y logran vivir,
  • Cali, con su tecnología médica atiende pacientes del suroccidente de Colombia,
  • Cali, educa a muchos jóvenes que vienen de otros dptos.,
  • Cali, ha sufrido secuestros y asesinatos colectivos,

Entonces debemos exigir a las autoridades nacionales, protección permanente, somos una comunidad sufrida y como capital del suroccidente del país no se nos valora apropiadamente.

No podemos permitir que Cali, esté a merced de los violentos, debemos de contar con estrategias de seguridad especiales a favor de todos. Debemos exigir que se privilegie la civilización, donde no exista espacio para los actores de violencia.

Todos los caleños requerimos respuestas integrales y permanentes, de parte de las autoridades nacionales e incluso de la comunidad internacional para así lograr la protección de todos y la aplicación exigente de la ley.

Me atrevo a sugerir lo siguientes:

  • Evaluar la trascendencia de Cali, su ubicación geográfica – política – social,
  • Necesitamos replantear la forma como las instituciones jurídicas y políticas enfrentan la violencia, hoy vivimos en incertidumbre total,
  • Evaluar los hechos violentos que sufrimos desde hace años,
  • Investigar y sancionar a los autores de esos delitos,
  • Permanente comunicación de los gobiernos con la sociedad civil,
  • Contar con medidas de prevención de la violencia y programas de educación para valorar la vida,
  • Buscar y fomentar la cooperación internacional para abordar la violencia, de ser necesario la asistencia técnica y financiera de organismos internacionales expertos en el tema,
  • Debemos incorporar los derechos de las futuras generaciones con una visión colectiva e interdisciplinaria más allá de lo jurídico.

Finalizo:

¿Qué huella política interdisciplinaria dejaremos con las decisiones que hoy tomemos o desistamos de realizar?,

No aguantamos más tragedias.

Jorge Enrique González Rojas