La polarización literalmente se refiere a la división o separación de opiniones, creencias o actitudes en extremos opuestos dentro de una sociedad, un grupo o una comunidad. Esto puede manifestarse en diferentes ámbitos, como la política, la religión, la cultura o incluso en opiniones sobre temas específicos.
Colombia ha experimentado una profunda polarización política y social en los últimos años, influenciada por diversos factores, que han contribuido a un escenario en el que las opiniones y posturas se han vuelto cada vez más divididas. Este “fenómeno” no es reciente, data de años en nuestra historia nacional.
Desde finales del siglo XIX, Colombia se caracterizó por una fuerte polarización entre dos grandes partidos: el Partido Liberal y el Partido Conservador. Esta división se convirtió en la principal fuerza motriz de la política colombiana y generó un ciclo de conflictos conocidos como las guerras civiles entre liberales y conservadores. Un conflicto que dejó miles de muertos y profundizó las brechas sociales y políticas. Esta confrontación se debió a diferencias profundas en ideologías, valores y propuestas políticas, que llevaron a una serie de conflictos conocidos como las guerras civiles colombianas.
Los Liberales promovían ideas como la separación de Iglesia y Estado, la libertad de prensa, la igualdad civil, la educación laica y la modernización del Estado. Por su parte, Los Conservadores defendían la influencia de la Iglesia Católica en la política y la sociedad, la conservación de las tradiciones, la autoridad y el orden social tradicional.
En cuanto al poder político y social, ambos partidos competían por influir en la estructura del Estado, en la legislación y en las instituciones, lo que generaba tensiones constantes. En temas religiosos y culturales, era una constante lucha por quién controlaba la religión oficial, la educación y la cultura, punto central, dado que los Liberales buscaban reducir la influencia de la Iglesia y promover la educación laica, mientras que los Conservadores defendían sus privilegios y la autoridad eclesiástica.
Así que la polarización y la lucha entre Liberales y Conservadores en Colombia fue el resultado de profundas diferencias ideológicas, políticas, sociales y religiosas que derivaron en conflictos armados prolongados, marcando significativamente la historia del país hasta bien entrado el siglo XX.
En las últimas décadas, las divisiones políticas, se han extendido más allá de la tradicional división liberal-conservadora, la polarización se refleja en la existencia de movimientos y partidos que representan diferentes visiones sobre el futuro del país y su accionar.
Las propuestas de reformas en áreas como la educación, la salud, la seguridad social y la economía, seguirán generando debates intensos, las posturas opuestas sobre cómo gestionar estos asuntos, han contribuido a la polarización política. Los temas tan sensibles relacionados con derechos humanos, igualdad de género, comunidades indígenas, afrocolombianos, y el reconocimiento de diversidad cultural, han sido candentes en algunos casos, profundizando las diferencias entre distintos sectores de la sociedad.
La polarización también se ha visto alimentada en torno a líderes políticos, la influencia de actores externos y la competencia por el poder. Estos factores, combinados, han contribuido a una sociedad colombiana marcada por líneas de división que afectan tanto la política como la cotidiana convivencia social.
Y, ¿Qué decir de la polarización de la justicia en Colombia?
La justicia en Colombia ha sido objeto de debate constante, especialmente cuando se analizan casos en los que las decisiones judiciales parecen estar influenciadas por motivaciones políticas, en lugar de basarse en pruebas y procedimientos legales adecuados. La percepción de una justicia sesgada y la existencia de fallos injustos motivados por persecución política, generan desconfianza en la institucionalidad y afectan notoriamente la estabilidad democrática del país.
No es nuevo, Colombia ha enfrentado décadas de conflicto armado, corrupción y una marcada polarización política, en este escenario, los poderes judiciales han tenido que actuar en un entorno complejo, donde las presiones externas y las agendas políticas a menudo se cruzan con los procesos judiciales, diversos casos indican que en ciertos momentos la justicia ha sido utilizada como herramienta de persecución política, de pago a favores personales marcados por el odio…. todo aquel que piense distinto se convierte en enemigo. Numerosos casos en Colombia han evidenciado, cómo decisiones judiciales han sido motivadas por intereses políticos, afectando a líderes sociales, opositores y personas vinculadas a movimientos críticos con el gobierno.
La persecución a líderes de oposición y figuras representativas, han sido sometidas a procesos judiciales que muchos analistas califican como persecución política, con acusaciones que parecen tener más un fin de silenciar que de impartir justicia, la percepción de una justicia sesgada, los fallos en política y no en derecho, injustos, responden a agendas políticas que ponen en entredicho la confianza en las instituciones judiciales. Esto puede conducir a una mayor polarización social, resistencia a las decisiones judiciales legítimas y un debilitamiento del Estado de Derecho. La justicia debe ser imparcial, basada en pruebas y en el respeto por los derechos humanos, para fortalecer la democracia y garantizar una sociedad justa, fortalecer la independencia judicial, promover la transparencia en los procesos y garantizar que las decisiones se basen en hechos y pruebas verificables. Además, es vital que la comunidad internacional y los organismos de derechos humanos sigan vigilando estos casos con total neutralidad; es necesario y de suma urgencia la reforma a la justicia en Colombia que pueda potenciar un sistema judicial más transparente, eficiente, equitativo y confiable, beneficiando a toda la sociedad.
Una “justicia sesgada” y los fallos injustos motivados por persecución política, representan un desafío serio para Colombia.
Solo a través de un sistema judicial independiente y transparente podrá garantizarse que la justicia sirva verdaderamente a toda la población, sin sesgos ni intereses políticos.
¿Cómo puede ser que un sistema de justicia, diseñado para promover la igualdad y la equidad, a veces perpetúe o incluso agrave las desigualdades existentes en la sociedad, prevaleciendo sesgos políticos?
Habrá que seguir con la lupa puesta…!
Comunicadora y Periodista - [email protected]