Se trata de que sea más segura, económica, funcional, agradable y emocionante, en sus edificios y espacios urbanos públicos como en sus viviendas y demás lugares que se habitan. Condiciones que se interrelacionan, y las que sus ciudadanos deben exigir a las autoridades que eligen, pues al fin y al cabo democracia y ciudad vienen unidas desde la antigüedad; de estas cinco y otras más, ya se ha escrito aquí pero hay que insistir en la educación de mejores ciudadanos.
Segura no sólo ante los engaños, fraudes, robos, atracos, asesinatos y vandalismos; sino también, la ciudad y sus construcciones, ante eventuales incendios, temblores fuertes, huracanes, lluvias intensas e inundaciones. Igualmente, para el uso seguro y fácil para todos, considerando sus disímiles condiciones personales de movilidad, de las calzadas de sus vías, sus andenes y cruces, y ciclovías, y en los demás espacios urbanos públicos como plazas, parques y zonas verdes.
Económica, en tanto que favorezca la creación de empresas que generen empleos formales y menos desigualdad socioeconómica. Que sus servicios públicos de agua, alcantarillado, basuras, electricidad, gas y comunicaciones, sean de acuerdo al avalúo de los predios y su lugar en la ciudad. Que el comercio, de bienes y servicios, ofrezca alternativas en su costo. Y que el uso incorrupto del erario, sea para la planificación, diseño, financiación, ejecución y mantenimiento de las obras públicas.
Funcional, principiando por que la movilidad en ella, caminando, en bicicleta o en automóvil, sea clara, fácil, confortable y expedita, y que su transporte público sea multimodal, integrado, frecuente, rápido y cómodo. Y con la agrupación en cada sector de la ciudad de conjuntos comerciales, educativos, culturales, recreativos y deportivos, a los que se pueda acceder caminando o en bicicleta, y que cuenten con suficientes estacionamientos públicos y no tengan que usar las calles.
Agradable en sus lugares y espacios urbanos públicos, por su arquitectura, mobiliario, vegetación, aves y usuarios. Por sus eventos, espectáculos, exposiciones y gastronomía; y el trato cortés, amable y alegre de autoridades, funcionarios, vendedores, camareros, taxistas, conductores y transeúntes; vecinos inmediatos y del barrio. Sin ruidos, olores, pintadas ni eventos desagradables; limpia y sin publicidad ni redes aéreas. Y que si hay protestas, sean pacíficas y organizadas.
Emocionante por el goce cotidiano de sus calles, avenidas, alamedas, paseos, malecones, plazas, parques y zonas verdes, y por los edificios que los conforman; así como por el paisaje rural más cercano, y por el natural que la rodea, está al lado o la cruza: ríos, lagos y mares, y cerros y montañas; y por supuesto por sus monumentos. Pero también por sus diversas celebraciones, fiestas y acontecimientos, y por sus diferentes actividades culturales, recreacionales y deportivas.
Como ya se dijo, son varias condiciones que siempre se interrelacionan, aunque de diversas maneras, por lo que es preciso analizarlas siempre en su conjunto, antes de planear soluciones individuales, para que unas no vayan a afectar negativamente a las otras y que por lo contrario contribuyan a que ellas sean mejores. Sería una visión amplia de una ciudad emocionante, agradable, funcional, económica y segura, para pasar luego a pertinentes soluciones interdisciplinarias.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.
