Es indudable que el Presidente Petro está empeñado en anarquizar el país destruyendo la democracia y faltando deliberadamente al cumplimiento, no es raro, a su juramento al asumir el cargo de Presidente de cumplir la Constitución y las leyes del País. El no acepta que un sistema democrático tenga los tres elementos de sus pesos y contra pesos que garantizan el equilibrio del gobierno del país y su marcha armónica: lo legislativo, lo ejecutivo y lo judicial. Ese equilibrio es la esencia de la democracia y para el autoritario Presidente Petro es una molestia que él no dicte las leyes, antes le enfurece que sea el Congreso, a quien constitucionalmente le corresponde hacerlo y que es además un cuerpo colegiado en donde están representadas todas las regiones del país y todas las tendencias ideológicas, lo cual le permite estudiar y aprobar leyes que respaldan la mayoría del país. El guerrillero Presidente sigue pensando que la mejor manera para imponer una reforma o una ley es que se cumpla su voluntad por ser el gran jefe, y si no es así, amenaza con una revolución.

Es un pésimo ejemplo para el país que el Presidente irrespete a los miembros del Congreso y del poder judicial por no aprobar sus propuestas o declararlas contrarias a la ley y convocar por ello a protestas públicas para presionar que se aprueben. Eso no solo es anarquía, es convocar a los ciudadanos a no respetar las normas y los procedimientos para cambiarlas o en otras palabras el pretende ser el amo y señor del país. Todo indica que quiere ser un dictador al estilo del venezolano o de cualquiera de los otros sátrapas del mundo, lo cual es totalmente contrario a una democracia.

La paz total es otro rotundo fracaso y lo único cierto que se ha logrado con las supuestas negociaciones de paz es el incremento del negocio de la coca y el predominio creciente de los narcos guerrilleros en muchas regiones del país y son las comunidades y la fuerza pública las que pagan los platos rotos.

Y lo último de nuestro Presidente es amenazar con la suspensión de las obras de una región porque sus gobernantes no le rinden pleitesía o no están de acuerdo con sus actuaciones o con sus reformas.

En otras palabras, si los colombianos no nos unimos para detener el actuar del Presidente Petro y que respete el orden constitucional del país, bien pronto nos podríamos convertir en otra Venezuela, uno de los países con mayores recursos del mundo y hoy en una profunda crisis social y económica que tiene a sus ciudadanos huyendo de su patria. Cuidémonos y actuemos antes que sea tarde y sin olvidar que al que madruga Dios le ayuda.

Nicolas Ramos Gómez

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP