La democracia necesita contrapesos. El resultado de las elecciones legislativas de Estados Unidos, que deja el Congreso en manos del Partido Demócrata mientras la Presidencia continúa bajo el liderazgo republicano de Donald Trump, representa un hecho relevante para la democracia internacional.
Estados Unidos, primera potencia mundial, tendrá un gobierno y un Congreso de distintas orientaciones políticas. Esta distribución del poder fortalece el principio democrático de separación de poderes y establece mayores controles sobre las decisiones del Ejecutivo.
La democracia no consiste en concentrar el poder, sino en distribuirlo entre instituciones que representen distintas posiciones políticas y respondan ante los ciudadanos.
Las decisiones de guerra requieren consenso
El escenario internacional exige mayor responsabilidad de las potencias. La guerra entre Rusia y Ucrania, el enfrentamiento entre Irán, Estados Unidos e Israel y las amenazas de China sobre Taiwán y otros países de Asia plantean riesgos para la seguridad y la economía mundial.
Las decisiones sobre intervenciones militares, financiación de conflictos, suministro de armamento y negociaciones diplomáticas no deben quedar sujetas exclusivamente a la voluntad de un presidente.
El Congreso estadounidense tiene responsabilidades constitucionales en materia presupuestal, supervisión del Ejecutivo y autorización del uso de la fuerza militar. Su participación puede ampliar el debate político y exigir mayor justificación de las decisiones que comprometen vidas humanas y recursos públicos.
La guerra debe ser el último recurso. La diplomacia, la negociación y los acuerdos internacionales deben ocupar el primer lugar.
Un nuevo equilibrio para la política internacional
La coexistencia de un presidente republicano y un Congreso demócrata puede favorecer la discusión de la política exterior estadounidense. También puede generar diferencias entre los poderes, pero precisamente para eso existen las instituciones democráticas: para debatir, controlar y establecer límites.
Las relaciones entre las grandes potencias necesitan reglas, y mecanismos de solución de controversias.
El liderazgo mundial también se mide por la paz
Estados Unidos tiene una responsabilidad directa en la estabilidad internacional. Su liderazgo no depende solamente de su economía, capacidad militar y tecnología, sino también de su disposición para construir acuerdos y respetar las instituciones.
Que el gobierno republicano de Trump tenga que compartir el poder legislativo con una mayoría demócrata constituye una oportunidad para fortalecer los controles democráticos y promover decisiones internacionales más consensuadas.
La política internacional necesita consenso. Y la humanidad necesita que sus principales potencias entiendan que la paz es una responsabilidad compartida.